Una consulta que nunca pretendió serlo

Una consulta que nunca pretendió serlo

“Imagínense al Estado Mexicano, un estado democrático de Derecho, supeditado a mercados financieros. ¿Quién manda? ¿No es el pueblo? ¿No son los ciudadanos? ¿No es eso la democracia? Ese es el cambio”.
En 32 palabras Andrés Manuel López Obrador concentró el quid de la consulta para la construcción del nuevo aeropuerto internacional. Concluido el mensaje formal para el que citó el día de ayer, fue en la ronda de preguntas y respuestas cuando el presidente electo expresó su verdadero sentir.

“Se acabó el predominio de una minoría, y la vinculación con poder económico y poder político. La toma. El que el gobierno esté secuestrado al servicio de un grupo”. ¿A qué grupo en específico se refería? A quienes han usufructuado de la nueva terminal aérea: Carlos Hank González (Banorte), Carlos Slim Helú (Operadora CICSA), Jerónimo e Hipólito Gerard Rivero (PRODEMEX), Olegario Vázquez Aldir (Grupo Ángeles y Grupo Higa) y Bernardo Quintana Isaac (Grupo ICA).

En la retórica de Andrés Manuel, el Estado Mexicano debía emanciparse de los vínculos políticos y económicos que heredan del sexenio de Enrique Peña Nieto. No es un frente de lucha contra el capital, sino contra una parte de éste que se mostró desconfiado e inyectó la percepción electoral, en dos ocasiones, del “peligro” que representaba López Obrador para México.

No han perdido del todo la primera batalla. Los empresarios lograron traer de vuelta al Andrés Manuel intolerante, y mostraron la fragilidad conque conduce los hilos institucionales hacia su voluntad. La consulta en ningún momento respetó las disposiciones constitucionales, y el mensaje fue entendido hacia afuera como ese “peligro” del que los industriales siempre han hablado.

Sin reglas, sin claridad, sin certeza, ni legalidad, la consulta se desplazó como una ficha en el tablero del tabasqueño. La participación minoritaria únicamente legitimó un golpe político que debía asestarse antes de tomar el control constitucional del país.
En cadena, los mercados reaccionaron con algo de nerviosismo hacia un conflicto que indirectamente les competía y que prendía alertas del talante autoritario en el presidente electo. Esa cualidad de incertidumbre contagió el futuro de las inversiones, tal como lo retrató la postura del Consejo Coordinador Empresarial horas después.

En la infección de desconfianza bursátil, el proyecto del Tren Maya fue puesto en duda por la camada empresarial mexicana. La obra “faraónica” que coronará el sexenio de la presidencia honesta y amorosa hoy no ofrece certeza de cumplimiento de contratos y planes transexenales, de acuerdo con el grupo minoritario predominante, como lo denominó Andrés Manuel.

Pese a que Andrés Manuel ha calificado como exagerada la reacción de su contraparte, el tabasqueño sabe que se acerca el segundo asalto entre las fuerzas en conflicto. Una vez instalado en Palacio Nacional tendrá que hacer efectiva la cancelación del proyecto, la cual traerá una cascada de juicios internacionales donde el poder económico desplegará su potencial de lucha.
“La disputa por la nación” revive el episodio de enfrentamiento entre los expresidentes Ernesto Zedillo Ponce de León y Carlos Salinas de Gortari. El primero tiene intereses apostados en el gabinete del presidente electo (Olga María del Carmen Sánchez Cordero y Esteban Moctezuma Barragán), y el segundo una fuerte influencia en los accionistas del aeropuerto de Texcoco.

La consulta popular reviste la lucha por la hegemonía en el México de la Regeneración Nacional. Es previsible una rotación de élites donde “lo antiguo, lo viejo, lo anacrónico” -como lo llamó López Obrador- será reemplazado por eso nuevo que “ya viene”. En el transcurso del primer año de gobierno constataremos quienes aglutinarán ese nuevo bloque hegemónico.
Pese a que López Obrador ha intentado convencer de que éste es un manotazo del poder político al poder económico, en realidad estamos en la antesala de un reacomodamiento de fuerzas. El tabasqueño no está interesado en reñir con el capital, de lo contrario le hubiera plantado cara a la renegociación del Tratado de Libre Comercio, como lo pretendió en las campañas de 2006 y 2012.

Lo mismo que con la compra del negocio de administración de activos de Citibanamex por parte de BlackRock, uno de los cuatro gestores de fondos más importantes a nivel mundial, con 160 mil millones de pesos de inversión en la Bolsa Mexicana de Valores. Hace unos días Larry Fink, presidente del conglomerado, estuvo en México para reafirmar el “compromiso con el país y con el futuro gobierno” según publicó Enrique Quintana en su columna Coordenadas del diario El Financiero.

De ahí que en su afrenta no impere la crítica al libre mercado, como combatía el López Obrador de hace seis y doce años. La lucha actual es por el poderío político económico en manos de la Regeneración Nacional. Una nueva clase política dispuesta a utilizar, a conveniencia, la democracia deliberativa, pues sus fines justifican todos los medios. ■

Twitter: @GabrielConV

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