¿Construirnos para lo que nos espera?

¿Construirnos para lo que nos espera?

En política, en democracia, lo relevante es el pulso, el observar, el criticar, ¿hasta con sorna? ¿O como hacer eso con cada vez más sentido democrático? Algo pasa al capital y no al de Carlos Marx, sino al de los grandes capitalistas mexicanos, ávidos por incrementar sus ganancias y qué mejor manera de lograr hacerlo en masa, en miles de millones y, además, mediante obra pública otorgada a ellos, nada menos que por la mismísima y nueva Presidencia de la República y no por la de Peña Nieto, que ya terminó y llega AMLO, quien la obtuvo como candidato de MORENA y por esta vez, esos grandes capitalistas, se supone, ya no podrán disfrutar como lo hacían; para ejemplo, la decisión misma de construir el Nuevo Aeropuerto Internacional de México, ya no se procesó mediante una decisión presidencial, al revés: fue el mismo Presidente, Andrés Manuel López Obrador, quién antes de ordenar construirlo, impulsó consultar primero a los posibles afectados por el proyecto que ya estaba en marcha en Texcoco, de construir dos pistas en la base de Santa Lucía y rehabilitar los aeropuertos de la CDMX y de Toluca para que fuera su decisión, la de ellos, los residentes, la que prevaleciera y no la del Presidente de la República.

Ante esos hechos y resultados, ¿qué hizo AMLO? ¡Ups! Nada sencillo entre nosotros, pensar en los demás y en el futuro inmediato de su ejercicio presidencial que de ese modo, bien inicia, al decir que “su futuro gobierno acatará el resultado de la consulta” sobre el Nuevo Aeropuerto y con base en los resultados cancelar, el proyecto que está en marcha en Texcoco para mejor construir dos pistas en la base de Santa Lucía y rehabilitar, por supuesto, los aeropuertos de la CDMX y de Toluca. Sin sufrimiento, como en las elecciones, sencillo fue para AMLO, ojalá lúdico, promover y aceptar el funcionamiento democrático, desde antes de estar en pleno despliegue de su función presidencial. En tal retruécano, hay que reconocer, ¿prudencia o prospectiva a Peña Nieto? Lo cierto, para el pueblo de México y sus gobernantes ojalá sirva esa lección de política democrática, ¿a la que tanta falta hace su divulgación, arraigo y proliferación?

¿Cuál es el problema de lo político? ¿No hay sensibilidad e inteligencia democrática, para poder pensar en los demás y no sólo en uno mismo, v. gr., antes de iniciar a demoler las casas y las vidas de otros? Por supuesto, la autoridad tiene acceso a distintas formas de encontrar obediencia en la ciudadanía y población, para hacerse obedecer, aunque el anterior caso demuestra que si la fuente del poder ¿público? y de la autoridad en México es el voto de la ciudadanía, se debería suponer que a ella, a la ciudadanía, se debería sujetar el mandato Ejecutivo a cualquier nivel, sea federal, estatal, municipal o comunitario y no al revés. Su inversión lo vuelve artificial, cuando se es autoritario y veces hasta eso basta, el ser autoritario, para encontrar obediencia en la ciudadanía, la que de esa forma ni siquiera estará en condiciones de hacer o emitir cualquier exigencia democrática hecha al nivel social y político que sea.

Por supuesto, ésta no es una apología de AMLO, Presidente electo de México, no la necesita, aquí sólo se trata de destacar la significación democrática y hasta de humildad, también democrática, con las cuales debería desempeñarse toda Autoridad que se precie de ser pública en nuestro país, regiones, estados, municipios y delegaciones, etc. El domingo anterior, AMLO sostuvo que, con el plan de ampliar la base de Santa Lucía, se resolverá ‘en poco tiempo’ el problema de la saturación en el actual aeropuerto capitalino. Incluso, aseguró que esa solución quedará firme en tres años. En el aviso, estuvo presente José María Riobóo, el contratista más cercano a López Obrador, quien realizó el proyecto de las pistas en la base de Santa Lucía.

¿De qué se trata? Sencillo, de promover – de invertir, convertir, con el ejemplo, la democracia formal y autoritaria, en una cultura y democracia, políticas con capacidad para sujetar, por sí mismos, a los actores políticos, hasta en su vida cotidiana y cuyo comportamiento se sujete y oriente por una cultura política – democrática en la cual, los otros, es decir, todos los demás, sean sujetos del actuar y no sólo objetos cívico – políticos para mítines o elecciones, en las cuales, se supone, votan en y con libertad, cívica, política y consciente.

Los incrementos en democracia, en política y en libertad, serán notorios y efectivos hasta en la economía porque generarán una cultura con capacidad para trascender a los mercados o hasta sujetarlos en sus aspectos más positivos, por la misma proclividad democrática de los electorados, que son personas con recursos culturales y miras diferentes, pero con posibilidades de autolimitación y confrontación a los excesos mercantiles o políticos. ■

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