Entre aviones y aves

Entre aviones y aves

La semana que acaba de concluir hubo mucho ruido sobre la consulta popular que se realizó a través de la sugerencia de un partido y su candidato ganador a la Presidencia de la República sobre la pertinencia de seguir con el megaproyecto que significa la construcción y consecuente operación del Nuevo Aeropuerto Internacional en la Ciudad de México (NAIM). Resulta sorprendente el escozor que ha causado en diferentes foros de opinión que se encargan de las tendencias que más afectan a la nación, la económica, la política y la social. Por todas partes ha habido ríos de tinta, opiniones de argumentistas y los siempre apantallantes de los miembros del cuarto poder, que hoy día lo dejamos así, con minúsculas.

El asunto detrás de este proyecto atañe a los principios que se han defendido en esta columna, lo ambiental, lo educativo y lo legal, en ese orden. En el triángulo que tiene que ver con la supervivencia de la especie humana y las otras que aún tienen la suerte de no estar extintas, siempre prevalece lo económico sobre lo social y al final, lo ambiental. En estos escritos, siempre habrá un argumento en sentido opuesto: si no prevalece el interés prioritario hacia la defensa del ambiente, lo social y lo económico muy pronto dejarán de ser temas de interés prioritario, puesto que difícilmente, en menos de dos siglos, habrá posibilidades de que sigan habiendo eventos históricos que enmarquen los hechos de los humanos, si es que estos siguen vivos sobre la faz de lo que quede de la tierra.

En este sentido, la construcción de dicho aeropuerto es un atentado a las todavía numerosas formas de vida que milagrosamente aún sobreviven en el espacio geográfico, en especial, las aves migratorias, algunas formas reducidas de la vida lacustre y la flora. Además, las reservas de agua que prevalecen, son un vestigio de la otrora exuberante riqueza ambiental que caracterizaba al Valle de México. Siempre se hace alarde al criticar a los colonizadores europeos de su torpeza histórica al atentar contra los asentamientos de los pobladores originarios cuando destruyeron paulatinamente sus formas de vida y culturales construyendo la megalópolis sobre las ruinas de los pueblos vencidos y desecando el entorno lacustre para seguir alimentando al gran bodrio de ciudad. Se asesinó casi toda la vida natural y solo queda levantar el acta de defunción definitiva con la desaparición del Lago de Texcoco y todo lo que esto lleva implícito.

En lo que se refiere a lo social, es una buena idea que la ciudadanía tenga en cuenta que este es un proyecto iniciado por autoridades que han estado jugándole al enmascarado, por una parte proponiendo proyectos insensatos e insensibles, donde los únicos beneficiarios son ellos mismos y sus protegidos. Por eso, es necesario que el que quiera opinar lo haga desde cualquier trinchera, en este caso desde la consulta pública ciudadana, y qué mejor que sea antes de que el próximo gobierno federal entre en funciones. Y se hace énfasis en la opinión federalista, desde los más recónditos lugares del país hasta la monstruosa megalópolis central.
En el aspecto legal, independientemente de los mega intereses que ahí se mueven, parece ser evidente que ha habido muchas acciones que van desde los despojos de tierras a los originarios y los grandes negocios de bienes raíces derivados de ellos; la opacidad evidente en la licitaciones, si es que se hicieron, para primero, autorizar el proyecto como tal y segundo, para emitir las concesiones correspondientes. Parece ser que hay un muy profundo mar de fondo y que las aguas no son tan claras. Además no existen evidencias de que se hayan hecho estudios de impacto ambiental serios.
La opinión de quien esto escribe, es que, en lugar de que este malhadado proyecto, el NAIM, se lleve a cabo en las inmediaciones de México City, se fragmente y se realice en forma de proyectos alternativos en los destinos más importantes de la República Mexicana, descongestionando así el tráfico aéreo en el Aeropuerto Internacional Benito Juárez de la Capital de la República. Si se va a descentralizar el gobierno, ¿por qué no el tráfico aéreo del gran monstruo? Todo es cuestión de usar la cordura y el tacto.

Hay mucho que comentar sobre este asunto y no bastan las ochocientas y tantas palabras de esta ponencia, pero si se quiere recuperar lo invertido en el NAIM, aún hacen falta muchísimas escuelas de los diferentes niveles en el Valle de México lo mismo que centros culturales y centros de salud equipados. Ahí va a sobrar espacio. Si quieren hacer negocios con bienes raíces, pueden realizar proyectos de vivienda digna, orientada sosteniblemente, regresando la vida natural a eso que hoy se sufre en la Ciudad de México y sus zonas conurbadas, todo es cuestión de que, como decía Pepita Gomiz, se pongan el gorrito de pensar.
Y no tienen necesidad de preguntar a lagente. En este momento ya no hay lugar para pensar en negocios, se debe pensar en la educación, la cultura, la convivencia civilizada y la supervivencia de las especies.
Y si lo quiere saber, yo no me hago… prefiero el Lago. En prosa y en verso.

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