La inexistente corrupción

La inexistente corrupción

¿Qué es la corrupción? Difícil pregunta, propongamos una definición (ya disponible en la literatura): corrupción es el uso de la posición jerárquica para obtener un beneficio personal o de grupo. Si un diputado gestiona 10 millones y se queda con 3 es un caso claro de corrupción, cuando un gobernador afirma que construirá un puente de 500 millones, pero sólo usa 100, y dispendia la diferencia de manera discrecional, vemos la corrupción tal cual, si un presidente de la república decide apoyar a su partido para que gane elecciones tenemos el caso paradigmático que impulsó la transición a la democracia. Sin embargo, si consideramos estos ejemplos como los únicos posibles estaremos errando el tiro: la corrupción aparece dondequiera que exista una jerarquía: en la empresa privada, en las relaciones de género o las organizaciones deportivas. Durante mucho tiempo los universitarios, y los ciudadanos, han sido conscientes de la existencia de corrupción en la UAZ. Tráfico de lugares en la Unidad de Medicina es el ejemplo claro, pero también hay condicionamiento de horas clase a cambio de votos u otorgamiento de becas por relaciones familiares. Un analista agudo de la circunstancia de la universidad, Marco Torres Inguanzo, cree que el origen del problema yace en la falta de pluralidad de la política universitaria, lo que ha conllevado que un único grupo (que no identifica, véase La Jornada Zacatecas 14/03/17) tenga el control de la administración central y el SPAUAZ, pero como “para permanecer en la virtud el hombre necesita la mirada del otro” prolifera la corrupción. La corrupción es síntoma de la “anomia institucional”. Pronto el panorama cambió, sin que la administración central haya hecho algo o la vida política se enriqueciera, ya que ahora se nos dice que: “…los casos de corrupción en la UAZ son pocos y acotados. En general la vida universitaria es limpia”, aún más: “Sabemos que todos los casos fraudulentos (insisto: todos) están en la FCA” (La Jornada Zacatecas, 10/08/18). Dura es la realidad, sin embargo, y apenas escritas estas palabras aparece un caso de corrupción: la compra de certificados de Toefl en varias unidades universitarias (La Jornada Zacatecas, 11/10/18, 12/10/18, 15/10/2018). Las autoridades se deslindan, prometen investigar, pero cabe aquí la duda, quizá nunca sabremos más del caso ni quiénes, cómo y organizados de qué manera operaban en la universidad. Volvamos a Torres Inguanzo, en otro artículo en La Jornada Zacatecas (07/03/17) escribe que: “La Corrupción actúa por redes y con una enorme estructura de operación para dar garantía a sus “clientes””, con esto se debe estar de acuerdo y, al menos, Paula Rey (18/10/18) lo está porque acepta que en Gobierno del Estado existen redes de corrupción. No essorprendente que, en aras de la gestión de recursos, la UAZ no acepte que en ella operan redes de corrupción en todos los ámbitos: laboral, administrativo, financiero actuando con total libertad e impunidad. Incluso cuando es evidente la acción de esas redes se tiende un cerco de silencio para que los clientes y operarios de las redes no salgan perjudicados. En el caso de la estafa maestra incluso el SPAUAZ, en un posicionamiento que apareció el miércoles pasado en la prensa local, sostiene que “son solo unas cuantas personas las responsables de esto,…,por lo que bajo ningún motivo permitiremos que a los más de 3,500 académicos se nos llegue tan siquiera a referir como “cómplices””, así que para el gremio sindical no hay redes de corrupción, y lo enuncia sin que haya mediado una investigación de parte de la UAZ o cualquier otra instancia o  existan indicios claros de quiénes son los responsables. Y es el SPAUAZ el protagonista del otro caso escandaloso de corrupción: de espaldas a sus agremiados el líder sindical, Crescenciano Sánchez Pérez, firmó lesivas modificaciones al contrato colectivo de trabajo sin que hasta la fecha se sepa porqué lo hizo, en complicidad con quién o exista alguna sanción directa porque en este asunto hay un directo responsable contra el que no se quiere actuar, lo que indica que la red de corrupción que lo protege está instalada en el sindicato y, quizá, manipula al actual líder gremial. Sin embargo, el punto es el siguiente: si estamos convencidos que existe la corrupción en la universidad, ¿por qué no dar el siguiente paso y tratar de remediar el asunto? Torres Inguanzo, al igual que Paula Rey, proponía la formación de una comisión anticorrupción, el rector lo secundó e informó (desde julio, véase La Jornada Zacatecas 11/07/18) que faltaba aprobación del Consejo Universitario, pero nada más se sabe del asunto (o los que esto escriben no lo saben). Mantenemos escepticismo fundado respecto a esta propuesta, pero ofreceremos una idea de cómo debería ser tratado el asunto. Se debe formar una comisión bilateral que se allegue toda la información financiera de la universidad que contemple ingresos ordinarios, extraordinarios y propios para poder determinar el uso que se les ha dado. Ya se sabe que el ordinario se agota en sueldos y prestaciones, pero del resto no se tiene ninguna información porque, creemos, es la red de corrupción, instalada en las unidades, las que impide el acceso. Se debe seguir la pista del dinero. ■

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