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El próximo gobierno continuará promoviendo la participación de la cúpula empresarial en los sectores estratégicos

El próximo gobierno continuará promoviendo la participación de la cúpula empresarial en los sectores estratégicos

Las nuevas autoridades económicas seguirán buscando la ‘disciplina’ fiscal y la reducción de la deuda, a través de los ajustes presupuestales que terminan reduciendo demanda y la actividad económica y la generación de empleo, así como impulsando las asociaciones pública-privadas que amplían la participación del sector privado en los sectores estratégicos de la economía. El 18 de octubre en el 50 Foro Nacional de la Industria Química, Abel Hibert Sánchez asesor económico en el equipo de transición del presidente electo, dijo que se trabajará con un superávit primario (la diferencia entre ingreso y gasto público antes de pago de la deuda) equivalente a 0.9 por ciento del PIB para reducir la deuda pública. Dijo que la reducción de la deuda será “una buena noticia para los mercados”. El mismo economista el 3 de octubre en el Foro Energías Limpias en México, dijo que “se analiza buscar recursos para Pemex mediante el mercado bursátil y aseguró que el próximo gobierno mantendrá las asociaciones con compañías privadas”. Es decir, seguirá la privatización de Pemex y la CFE, lo que lleva a que el sector privado se apropie de la renta petrolera. Pemex no tiene porqué colocarse en el mercado de capitales para obtener recursos, si continuar con las asociaciones públicas-privadas, perfectamente el gobierno puede invertir en Pemex y en la CFE sin emitir deuda, pues dichas empresas son altamente rentables y estarían generando los recursos en menos de un año para reembolsar la inversión realizada en dichas industrias. Pero con los economistas del nuevo gobierno, continuará la misma posición ideológica de los que han predominado con el PRI y el PAN, de seguir favoreciendo la privatización de Pemex y la CFE, y de reducir la participación del Estado en tales sectores estratégicos.
Los economistas que salen, como los que ingresarán, no entienden que la política fiscal no hay que juzgarla por el déficit fiscal, ni por el monto de la deuda, sino por el impacto que tiene en la esfera productiva, en la generación de empleo, y en la distribución del ingreso. Ellos están más preocupados por ser bien vistos por los mercados internacionales, a costa de seguir marginando las demandas de crecimiento, empleo y bienestar de la población y de no recuperar los sectores estratégicos para la nación, que fueron demandas en la campaña presidencial. Al parecer los economistas del nuevo gobierno no se han dado cuenta que la gente votó el 1 de julio por cambio de todo, incluyendo la política económica para que ésta se dirija a impulsar el desarrollo industrial, agrícola, el empleo, los salarios, mejorar la distribución del ingreso, como frenar el proceso de privatización y extranjerización de la economía. Se preocupan por que el presupuesto de 2019 elimine la ‘incertidumbre’ al capital financiero, en vez que el presupuesto se dirija a encarar los rezagos de inversión en Pemex, en la CFE, en la infraestructura, en desarrollo tecnológico, en el sector agrícola, en el sector industrial y para reducir el desempleo y subempleo. De seguir actuando como los gobiernos del PRI y del PAN, el desencanto de los votantes aflorará rápidamente.
La política de austeridad fiscal atenta contra las condiciones endógenas de acumulación y crecimiento, atenta sobre la competitividad e incrementa las presiones sobre el sector externo, y lleva a la economía a depender del comportamiento de las variables externas, lo que nos coloca en un contexto de alta vulnerabilidad.
Con tal política fiscal continuará reduciéndose el tamaño y participación del gobierno en la economía, y continuarán ampliando la de la cúpula empresarial en los sectores estratégicos de la economía. Ello lleva a que el gobierno vea reducido los ingresos derivados de Pemex y la CFE, lo que afectará sus finanzas, lo que limitará más su capacidad de gasto.
Son tantos los problemas que enfrenta la economía, que demanda de mayor injerencia y participación del Estado para su solución, por lo que el gobierno no puede priorizar el superávit primario y la reducción de la deuda. Se requiere de expansión del gasto público para dinamizar el mercado interno y contrarrestar la caída del consumo e inversión privada y la eventual disminución de exportaciones ante las cláusulas impuestas por el gobierno de Estados Unidos en el nuevo acuerdo comercial, a fin de garantizar niveles de acumulación que permitan retomar el crecimiento de la economía, como para encarar los rezagos productivos y aumentar la capacidad productiva que satisfaga la mayor demanda, así como para garantizar el crecimiento de los ingresos de empresas e individuos que les permita hacer frente a sus obligaciones financieras, como para incrementar la inversión y el consumo.
Esperemos que el Congreso defina un Presupuesto de Ingresos y Egresos de la Federación que responda a los retos que enfrenta la economía nacional para encaminarnos a la Cuarta Transformación que recupere los sectores estratégicos para la Nación e impulse una dinámica industrial y agrícola y generadora de empleos bien remunerados y mejore la distribución del ingreso y la riqueza. ■

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