El Éxodo Bíblico del Pueblo Hondureño y el Poder Faraónico del Estado-Mafia

El Éxodo Bíblico del Pueblo Hondureño y el Poder Faraónico del Estado-Mafia

Observamos en la prensa y las redes sociales imágenes de una caravana de hondureños que viajan en masa hacia México y Estados Unidos. Los cuadros son extraordinarios. La viva imagen del éxodo bíblico: un pueblo que sale de una situación inhumana y busca un lugar para vivir con dignidad. ¿En qué consiste el “Egipto” de los hondureños? ¿Por qué se ven forzados a salir de su tierra y arriesgar a sus hijos pequeños a los peligros de una camino difícil, muy largo e incierto? Respondamos, en primer término, esta última pregunta. Después expondremos cómo se explica dicha depresión social que provoca el éxodo.
Honduras tiene un poco más de 9 millones de habitantes, y según cifras del Banco Mundial el 60 % de la población está viviendo en pobreza y el 25 % en pobreza extrema. Con índices de crecimiento económico de 4.8% en 2017 y (se prevé) de 3.6 % este año. Si tiene en promedio 4% de crecimiento anual de la economía, ¿cómo explicar la depresión tan alta que padece? Pues por la desigualdad. El crecimiento es importante, pero la riqueza que se genera año con año se acapara por un dura oligarquía económica de 10 poderosas familias, una clase política corrompida y el crimen organizado. El estado inquietante de desigualdad cultiva los niveles más altos de violencia de América Latina. Si en México estamos alarmados por los 24 homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes, en Honduras han mantenido un promedio de 60, aun cuando han llegado en San Pedro Sula a 80 asesinatos por cada 100 mil habitantes. En 2017 se registraron 43 de estos homicidios. Todos los números de la oscilación de la violencia son altísimos.
El Estado podía conducirse para controlar y atender la situación de la que hablamos, pero justo la estructura política es parte del problema y no de la solución. Un Estado Ocupado. En 2009 hubo un golpe de Estado para expulsar a Zelaya, que convocaba a la población a una consulta universal para organizar una Asamblea Nacional Constituyente. La Oligarquía se vio amenazada por eso, y argumentando que Zelaya se quería reelegir, y por ello organizaron el golpe de estado. Pero el año pasado apoyaron la reelección del actual presidente aun cuando viola expresamente la constitución de ese país. De hecho, la reelección de Juan Orlando Hernández fue muy irregular: primero su postulación cuando está expresamente prohibido en la constitución y a lo cual recibió la validación de la Corte Suprema (así de plano); luego el conteo de la votación que llevaba ventaja del opositor de izquierda Salvador Nasralla, pero en determinado momento se suspendió el conteo porque se cayó el sistema (¿les suena familiar?) y con ello, declaran ganador a Orlando. Un golpe de Estado en el 2009 y un fraude en 2017 para mantener en el poder a un grupo político que ocupa el Estado para ventaja de la oligarquía económica y el crimen organizado, que ahora mismo, actúan bajo intereses comunes.
El Centro Internacional para el Desarrollo de Canadá (IDRC), elaboró un Informe titulado “Élites y Crimen Organizado en Honduras”, conocido como InSight Crime. En este informe afirman que la corrupción es el sistema operativo del gobierno hondureño. Expresan que “Honduras ofrece un ejemplo perfecto de redes transnacionales cleptocráticas entrecruzadas o integradas”. Empresas trasnacionales en convenio con grupos políticos nacionales y mafias del narco, controlan al Estado. Las élites y el narco tienen al Estado capturado, y con ello, se enriquecen y generan la reproducción de la desigualdad y pobreza, además de crear un ambiente político tóxico y una violencia sin control. El informe afirma: “la última década más o menos, los círculos de las élites de los sectores público y privado han ido estableciendo estrechas conexiones con las redes declaradamente criminales que manejan el negocio de los estupefacientes además de otros tipos de contrabando, como la trata de personas”.
Los mecanismos precisos de cómo manejan al Estado, se deja ver en los análisis del Instituto centroamericano de estudios fiscales. Con el aumento de impuestos, disminución de gasto social (sólo el 16 % de los hondureños tiene seguridad social), y una deuda mediante la cual algunos bancos se apropian de la renta pública.
Así, el empobrecimiento y la violencia causado por las élites-piratas que tienen ocupado al Estado, hace que la población no vea cómo pueda mejorar su situación en ese país: si los encargados de la protección social y de la seguridad, las cámaras y la corte suprema, son parte del problema, ¿cómo apelar a ellos? La ausencia de toda esperanza los forza a salir de ahí: mediante un cálculo racional concluyen que es más el riesgo dentro del país, que en una travesía peligrosa.
La salida en caravana ha despertado el contraste de actitudes. El miedo que provoca alarma que pide se les detenga, y la solidaridad que ofrece la mano. El éxodo sirve para varias cosas: para mostrar aquellos ‘poderes faraónicos’ que oprimen y violentan a los pueblos latinoamericanos, y para tejer la solidaridad que despierta el espíritu de Pueblo. Fue el éxodo bíblico el evento que formó la conciencia de pueblo de esa nación que peyorativamente eran llamados “hebreos” (que originalmente significa ‘vago’). Estamos ante dos pasiones políticas: el miedo que paraliza y la esperanza que moviliza y resuelve. Y dos poderes: el faraónico que oprime y el que forma pueblo y libera. Hace pocos días canonizaron a Monseñor Romero: con ello se ha reconocido la dimensión sagrada de las luchas por la liberación en América Latina. La Caravana es un signo vivo, de sudor, dolor y lágrimas, pero que despierta el espíritu de pueblo en nuestra América.

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