La voz del viento: Mikeas Sánchez

La voz del viento: Mikeas Sánchez
Mikeas Sánchez. Cortesía de la autora a través de la UNAM

La Gualdra 358 / Entrevistas / Poesía

 

 

Mikeas Sánchez (Ajway, Chiapas, 1980), es originaria de Ajway, Chiapas. Poeta de la lengua zoque, escritora, productora de radio, traductora y docente. Heredó la sensibilidad poética de su abuelo Simón Sánchez, chamán, músico y danzante; de él aprendió el ritmo y la musicalidad de los rezos tradicionales. Es maestra en Didáctica de la Lengua y la Literatura por la Universidad Autónoma de Barcelona. Sus poemas han aparecido en Bengal Lights, World Literature Today, The Bitter Oleander, y The Drunken Boat. En 2014 fue nominada al Pushcart Prize, premio literario para las mejores publicaciones en Estados Unidos. Mikeas Sánchez es una poeta necesaria para la literatura mexicana por la gran connotación cultural, lingüística y creativa en su poesía.

 

Armando Salgado: La frontera es un sitio que transgrede espacios, ideas, formas de convivencia e incluso el lenguaje. ¿Qué concepción tienes sobre la frontera sur de México?, ¿de qué manera tu propuesta poética transgrede esas fronteras al visibilizar la cosmovisión de los pueblos indígenas, en particular la cultura zoque?

Mikeas Sánchez: Estamos hablando de más de 500 años de marginalidad, de llevar a cuestas la frontera más dolorosa: la frontera lingüística, una frontera invisible, pero que sin duda marcó la vida de muchas generaciones. Te hablo de esta frontera porque es la frontera que me toca atravesar a través de la poesía. Lo curioso es que no podría atravesarla desde mi lengua materna sino desde el castellano. Escribo en zoque desde hace más de 13 años como una forma de resistencia a la imposición del español en el sistema educativo, porque no ha existido, ni existe todavía un programa de alfabetización que garantice la lectoescritura. Atravesar la frontera, romper la barrera lingüística no necesariamente debe darse desde las lenguas originarias, porque si bien es verdad que hay infinidad de historias espantosas alrededor de la desaparición de las lenguas en el mundo, también hay incontables estrategias creativas que utilizaron nuestros antepasados para preservar la filosofía, la poesía, los conocimientos medicinales, espirituales y agrícolas de los pueblos antiguos. Retomando esa capacidad de camuflaje de nuestros ancestros, en pleno siglo XXI, los sobrevivientes de ese exterminio nos vemos obligados a seguir siendo creativos ya desde la literatura, la pintura, la música, la tecnología e incluso la academia. Los pueblos originarios somos muy intrépidos, siempre estamos transitando entre la modernidad y lo antiguo, supongo que después de tantas generaciones hemos adquirido la habilidad de adaptarnos a los cambios.

 

AS: Las experiencias personales suelen incidir en la escritura de poesía. ¿Hay en particular alguna historia que te hayan contado tus abuelos o algún hecho histórico de tu comunidad que sea muy importante para ti?

MS: En 1982 hizo erupción el Tzitzunhkotzäjk o volcán Chichonal, dejó soterrados a varios pueblos zoques y cerca de 2000 muertos. Ajway, mi pueblo natal fue uno de los más afectados. Fueron años muy difíciles porque mis padres tuvieron que reinstalarse y comenzar de nuevo, pero también fueron años de mucho aprendizaje, de solidaridad, de hermandad y de fortaleza espiritual. Las condiciones materiales eran precarias, sin embargo, recuerdo esos años de mi infancia con profunda alegría, porque estábamos sobrados de diversión, juegos, salud y amistades entrañables. Vivíamos bajo el hechizo de las historias alrededor del fuego, esas historias que también fueron alimento y medicina incluso después de muchos años. Ciertamente la erupción del Tzitzunhkotzäjk separó familias, muchas de ellas no volvieron a sus poblados de origen, se dispersaron hacía otros municipios de Chiapas o bien se reubicaron en Tabasco, Campeche, Veracruz, Guadalajara y Estados Unidos. No lo había reflexionado antes, pero ahora estoy convencida que ese retorno a las tierras devastadas por el Volcán Chichonal, fue un acto de resistencia y amor a la tierra, eran nuestros ancestros los que nos pedían volver. Los zoques creemos en los sueños; los individuales y los colectivos. Por muchos años varios de mis primos y yo teníamos un sueño recurrente, la Dueña del Volcán, la energía femenina que cuida el Tzitzunhkotzäjk nos enseñaba a hacer divertidas figuras con lodo, maleza y palitos de madera. Cuando nos reuníamos por las tardes, después de cumplir con la escuela y las obligaciones en la casa, relatábamos nuestros sueños y nos sorprendía descubrir lo similares que eran. Pi’okpatzyuwe, la dueña del Volcán Chichonal no nos daba miedo, incluso soñar con ella era de lo más normal porque varias de las historias alrededor del fuego eran sobre ella, de cómo un día había bajado entre los mortales y había invitado a su fiesta, la fiesta del fuego, de cómo aquellos 2000 muertos en la erupción vivían en la fiesta eterna. Recién hizo erupción el volcán de Fuego en Guatemala y ese acontecimiento me trajo muchos recuerdos que creía olvidados. Apenas terminé de escribir mi último libro y hay varios poemas que remiten a esa memoria colectiva de la erupción del Tzitzunhkotzäjk.

 

AS: ¿Por qué elegiste escribir poesía y no otros géneros?, ¿cuáles han sido tus referentes literarios?

MS: Vengo de una familia de cantores, rezanderos, danzantes y curanderos, en un contexto occidental, se diría que tengo la vena artística, pero desde el pensamiento zoque no existe el yo como tal, enmarcado desde lo individual, sino desde lo colectivo, es decir que mi habilidad, mi potencial está al servicio de la comunidad. No elegí la poesía, en principio quise ser cuentista, pero no resultó. Tengo dos referentes en mi escritura; la primera proviene de la literatura de tradición oral, conformado básicamente por las historias alrededor del fuego que aprendí de mi madre y de mis abuelos. La segunda son propiamente los libros. Desde que aprendí a leer, a los seis años, quedé fascinada con las narraciones escritas, eran como las recreaciones de las historias alrededor del fuego, pero en solitario. Eso fue algo que me quedó muy claro, las lecturas generalmente se gozan desde lo individual, en cambio en las historias alrededor del fuego, las narraciones se viven, se nutren de los sonidos del momento, crean un recuerdo palpable porque tienen el elemento afectivo del que las narra, por lo tanto, cobran sentido desde la colectividad. Sin embargo, son innumerables los autores que han logrado suplir la ausencia de las historias alrededor del fuego. Primeramente, El fistol del diablo de Manuel Payno, la primera novela que leí a los 11 años, con la complicidad del bibliotecario que me permitía llevar libros a mi casa. No tuve una guía apropiada, antes bien me dejaba llevar por las historias que lograban atraparme. Así hasta que llegué a bachillerato y mi profesor de literatura puso a mi alcance toda su colección de literatura griega y más o menos me hizo una lista de los libros que él consideraba debía conocer. Las novelas que más recuerdo por una u otra razón son: El Decamerón de Boccaccio, Cumbres borrascosas de Emily Brontë, Madame Bovary de Flaubert, Las partículas elementales de Michel Houellebecq y 2666 de Roberto Bolaño. En lo que respecta a poesía hay tres libros que me han impresionado mucho; El Paraíso perdido de John Milton, Canto a mí mismo de Walt Whitman y La tierra santa de Alda Merini.

Hay una crisis en el arte, un vacío en las producciones contemporáneas, las lenguas originarias nos obligan a mirar nuestras raíces, esas raíces que despreciaron nuestros primeros artistas mexicanos al pretender imitar el arte europeo. Me parece que hay un tremendo potencial en las producciones de artistas de origen indígena, producciones por lo menos dignas de ser estudiadas y difundidas.

 

AS: Originaria es un proyecto michoacano que propuso una gira de mujeres poetas en lenguas indígenas por distintos puntos. Acabas de participar recientemente, ¿podrías contarnos más sobre esta gira?

MS: Originaria es un proyecto autogestivo muy valioso porque busca llevar poesía a los lugares donde generalmente no se organizan este tipo de eventos y además tiene como objetivo difundir las lenguas que se hablan en México. Partiendo de la frase, Nadie valora lo que desconoce, Originaria está apostando por pequeñas publicaciones o plaquettes; con los fondos recaudados en la venta de esas publicaciones se busca seguir financiando una segunda etapa de giras en Michoacán. En esta primera etapa de las giras han participado Yasnaya Aguilar, Rubí Tsanda Huerta, Nadia López y yo. Lograr un público cautivo no es nada fácil, pero las organizadoras de Originaria le están apostando a eso. Todos los materiales impresos llevan en su portada el trabajo de reconocidas artistas del país y su costo es sumamente accesible.

 

AS: Has publicado varios libros de poesía. Compártenos algunos detalles sobre ellos.

MS: Un reconocido poeta me dijo recientemente que mi mejor libro es Y sabrás un día, el primer libro que publiqué en 2006 y con el que obtuve un premio de poesía, curiosamente es el libro que menos me gusta porque lo encuentro demasiado críptico y la traducción al zoque es terrible. Cuestión de gustos y en eso se rompen géneros. A muchos lectores les ha cautivado Desde mi médula, mi libro más difundido, (con más de 30 000 ejemplares distribuidos en escuelas secundarias) su corte erótico gusta mucho a los jóvenes, aún cuando el tema central es la maternidad. A mi parecer Mokaya/Mojk’jäyä refleja en mayor medida la filosofía de los zoques, es un libro con un lenguaje sencillo, pero profundo, sin tantas metáforas, es el libro que se consigue más fácilmente, bajo el sello de Pluralia Ediciones. Originalmente mis libros son bilingües (zoque y español), aunque también pueden encontrarse traducciones al inglés, catalán, euskera, francés, italiano, maya y alemán.

 

AS: Hay quienes expresan que en las comunidades indígenas está la salvación de nuestro planeta. ¿Qué actividades consideras que hacen falta para difundir la vida de los pueblos indígenas?, ¿qué obras literarias abordan estas necesidades?

MS: Es muy simple, sentido común y ya. Los pueblos ancestrales se relacionan con profundo respeto hacia la naturaleza, cosa contraria al pensamiento occidental, donde la naturaleza queda subordinada a los designios del hombre. El indígena respeta los ríos, habla con los árboles, pide permiso a la tierra y a las montañas. No es algo que se pueda enseñar fácilmente porque es una filosofía de vida y vivimos en un sistema educativo que reproduce el pensamiento occidental, la supremacía de las tarjetas de crédito y la tecnología. Necesitamos reorientar la educación de los niños porque ellos entienden mejor que nadie que los daños al medio ambiente son irreversibles y sabemos que irreversible significa fin, muerte y destrucción del planeta. No hay una fórmula mágica porque si la hubiera ya la habrían descubierto y aprovechado los empresarios capitalistas, que de todo quieren obtener ganancias económicas. Lo que sí es cierto es que los pueblos originarios están siendo amenazados porque son un obstáculo para la realización de diversos proyectos extractivistas en México y el mundo. Las historias de persecución y despojo son muy similares tanto en África como en América Latina. Los pueblos indígenas están dando un tremendo ejemplo al mundo, un ejemplo de defensa del planeta, pero tristemente no hay una participación activa de la sociedad civil, como si el planeta fuese habitado únicamente por pueblos nativos. Lo cierto es que las frutas y vegetales provienen del trabajo agrícola, la carne y sus derivados de la ganadería, actividades éstas donde el agua juega un papel muy importante. Lamentablemente el agua también es el recurso más codiciado por las compañías mineras y petroleras, estamos hablando entonces que la defensa de la tierra es una lucha que a todos compete. Todos estamos en riesgo porque sin agua el planeta muere y con ella los humanos también desapareceremos.

 

AS: Como mujer, ¿qué piensas que hace falta a las personas para vivir en armonía y en continua paz?

MS: Vivimos en un mundo que nos empuja al estrés, a la insatisfacción constante. Cada mañana cuando me levanto me hago esta pregunta: ¿cuánto me resta de vida?, eso me lleva a reflexionar que el rango de longevidad es de 70 años, estoy pasadita de la media. Así que organizo más actividades con mis padres, preparo más seguido el platillo favorito de mi hija, veo más películas con mi compañero, disfruto muchísimo a mis gatos, trabajo sí, pero en lo que me gusta, aunque eso signifique ganar menos dinero. Una amiga ya fallecida me decía una frase muy sabia: “Las personas felices son bondadosas”, entonces cuando me pongo amargada, recuerdo siempre eso.

 

 

Poemas de Mikeas Sánchez

JUJTZYE TÄ WÄBÄ TZAMAPÄNH’AJÄ
Simón, äj’ atzpä’jara sutu’ wäbä tzamapänh’ajä,
kyomujsu castilla’ore
teserike mumubä dä’ nhkomis’ ñäyiram.
Ejtzu’ masanh’däjkis wynanh’omo
teserike’ mpyäkinh’dyzyoku’ sijkpa’ te’ näyäyokiuy.
Äj’ atzpä’jarais ñä’ ijtayuna’ tzabas’Mää’is pyä’mi,
nhkyojama kak’dena’.
Äj’ atzpä’jara kedgäkätäbyabä’pänhdena
teis’ muspana’ tya’ tzoka tyziame’jinhdam.
Te’ sutu’ wäbä’ tzamapänh’ajä,
myuspäjku jujtzye yajk’ yosa’ te’ käjtztäjkuy’,
teserike’ nhyenhtuyu’ te’ nhkirawais’ñoaram.
Äj’ axpä’jara musobyabä’ pänh’dena,
teis’ muspana’ ñä’ tzapiaä pyeka’nhkiomiram.
Äj’ axpä’jara sutu’ wäbä tzamapänh’ajä,
tese’ ja’ myuskubyakä jujtzye’ tzyäkä.

CÓMO SER UN BUEN SALVAJE
Mi abuelo Simón quiso ser un buen salvaje,
aprendió castilla
y el nombre de todos los santos.
Danzó frente al templo
y recibió el bautismo con una sonrisa.
Mi abuelo tenía la fuerza del Rayo Rojo
y su nagual era un tigre.
Mi abuelo era un poeta
que curaba con las palabras.
Pero él quiso ser un buen salvaje,
aprendió a usar la cuchara,
y admiró la electricidad.
Mi abuelo era un chamán poderoso
que conocía el lenguaje de los dioses.
Pero él quiso ser un buen salvaje,
aunque nunca lo consiguió.

JUJCHERE’
Te’ yajkuyis’nhkyowinastam, tä’ näjmatyamba:
Mij’ nhkajkabyatzi sone’ruminh’jinh
te’ tzujtzibä’ mij’ dzajp,
mij’ dzäjkpujtabyatzi saxapyä’ maa’räjk
uka’ dyaj täjkäbya mij’ nhkotzojk’omoram.
Tumä’millon tzujtzirambä’ruminh
wäkä’ jambä’ä jujche kasäyajpa mij’ uneram
poyapajk oñdyujomo.
Mokayas’tam mij’ nhkosijktatymbatzi’ mij’ dzame’,
mochirambä’uneis myuxajpabände,
jujche te’ tuminh yatzyäyubä wakas’tinhajpa,
dä’ nhkätpak te’ Tzuan’.
Mokayas’tam mij’ nhkämetztambatzi’ mijtam’,
yajkuyis’ nhkyowina’ram.
¿mij’ banku’omorambä’ tuminh’jinh
mujspa’a yajk’ wyrujatyamä
Tzusnäbajkis’xasa’ajkuy?
¿Sonebä’ mij’ nduminh’jinhdam maka’a nhkä’rejtame
wäkä’ nimojktamä te’ tzajp puspä’ukam?

¿CUÁNTO VALE?
Los amos de la barbarie, nos dicen:
Te ofrezco una cuenta millonaria
a cambio de tu cielo azul,
te construyo un hermoso supermercado
a cambio de tus montañas.
Un millón de dólares
por la sonrisa de tus hijos
que corren bajo la lluvia.
Los Mokayas nos reímos de su ignorancia,
hasta los niños más pequeños
saben que la fortuna se convierte en boñiga
cruzando la línea del Tzuan .
Los Mokayas les preguntamos a ustedes,
amos de la decadencia.
¿Una cuenta millonaria
será suficiente para devolverle
la alegría a nuestros muertos?
¿Con cuánto dinero alcanzará
para limpiar el alma de la tristeza?

 

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