La desvergüenza de las agencias calificadoras

La desvergüenza de las agencias calificadoras

La semana pasada irrumpió en el escenario político y económico de México un factor que había tardado en manifestar su presencia ominosa. El viernes pasado, la agencia calificadora Fitch Ratings modificó la perspectiva de las notas crediticias de Pemex de “estable” a “negativa”. No sólo eso, mediante un comunicado, la calificadora con sede en Nueva York, advirtió la probabilidad de que la calificación de la “empresa productiva del Estado” se reduzca a “CCC” desde la “BBB” que mantiene actualmente. Recordemos que las calificaciones ‘AAA’ se asignan a los emisores u obligaciones con la más baja expectativa de riesgo de incumplimiento en relación con otros emisores u obligaciones en el mismo país.
En un comunicado, la agencia señaló que “Futuros cambios potenciales en la estrategia comercial de Pemex podrían acelerar el debilitamiento de la estructura de capital de la compañía”. La declaración ocurre un día después de que otra calificadora, Moody’s, dijera que la calidad crediticia de Pemex estaba en riesgo por planes del gobierno de AMLO de acabar con las exportaciones de petróleo crudo y propiciar un modelo centrado en la refinación.
Fitch adelantó que continuará monitoreando la evolución de la estrategia de Pemex y si ésta le otorga un nivel de inversión de capital sostenible que le permita restituir sus reservas y estabilizar su producción, manteniendo un flujo libre de efectivo de neutral a positivo. De no ocurrir lo anterior la consecuencia podría ser el incremento en las tasas de interés a pagar por la deuda de la empresa productiva del Estado.
Después de que la agencia Fitch Ratings cambió a negativa la perspectiva de calificación de Pemex, el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador afirmó: “Es un punto de vista muy respetable el de esa calificadora. Lo cierto es que la reforma energética que ellos avalaron ha resultado un rotundo fracaso. Ojalá y también asuman su responsabilidad, porque ellos la respaldaron y ahora resulta que se está cayendo la producción petrolera, que con los contratos no se ha extraído un solo barril de petróleo en cuatro años”. Agregó que los contratos generados a partir de la reforma no han dado resultado porque no se ha producido petróleo, por lo que el nuevo Gobierno Federal habrá de invertir de forma adicional ante la caída en la producción petrolera. Si tienen los contratos sin activar, lo que vamos a hacer para evitar una crisis mayor es intervenir. Por eso vamos a destinar 75 mil millones de pesos adicionales para extraer petróleo y rescatar a Pemex, explicó el mandatario electo en rueda de prensa antier en Chihuahua. Agregó que antes de licitar nuevos campos petroleros se apoyará la perforación y explotación de petróleo crudo a través de Pemex, toda vez que con la reforma energética decayó la producción.
Ante la intensión manifiesta de las citadas agencias calificadoras de acotar la soberanía de México sobre su política energética, vale la pena recordar su responsabilidad como factor que provocó la gran crisis económica de 2008. De acuerdo con la opinión de Joseph Stiglitz, premio nobel en economía, publicada en su libro CAÍDA LIBRE. EL LIBRE MERCADO Y EL HUNDIMIENTO DE LA ECONOMÍA GLOBAL, durante la hegemonía del neoliberalismo el sistema bancario de Estados Unidos y en muchos países no se centró en prestar dinero a las pequeñas y medianas empresas que son la base de la creación de empleo en cualquier economía, sino que por el contrario se concentró en la especulación financiera, especialmente en el mercado hipotecario. Afirma que, así como en la edad media los alquimistas intentaban transformar los metales en oro, la alquimia moderna inventada por los banqueros logró la transformación de las hipotecas de alto riesgo en productos con calificación AAA, de una solvencia suficiente como para ser adquiridos por los fondos de pensiones. Y que las agencias calificadoras bendijeron lo que habían hecho los bancos. Hoy existen muchos testimonios de que vendieron sus calificaciones y, con ello, contribuyeron a la ruina de millones de personas.
Hoy es evidente que las empresas hipotecarias no habrían podido cometer esos crímenes sin la ayuda y complicidad de los bancos y de las agencias calificadoras, que deberían haber puesto límites al crecimiento de esos activos tóxicos, en vez de darles su sello de aprobación, lo que animó a otros a comprarlos, en especial diversos fondos de pensiones manejados de manera inescrupulosa. En resumidas cuentas, hoy también es evidente que los mercados financieros estadounidenses no cumplieron con sus esenciales funciones en el sistema económico: gestionar el riesgo, asignar el capital y movilizar los ahorros, manteniendo al mismo tiempo unos bajos costos de transacción.  En lugar de ello incrementaron exponencialmente los riesgos, asignaron mal el capital y fomentaron el endeudamiento excesivo, al mismo tiempo que impusieron elevados costos de transacción dando como resultado que, en 2007, los mercados financieros inflados concentraban el 41% de los beneficios del sector empresarial. Era más productivo especular que producir bienes.
Pero el colmo ha sido que han sido los ciudadanos del mundo los obligados a pagar las quiebras de miles de bancos y aseguradoras, de manera que los verdaderos responsables siguen actuando como si nada hubiera pasado. Hay que tener muy presente el papel de las “respetables” agencias calificadoras, y lo que significó y significa todavía hoy el Fobaproa para las finanzas nacionales y el bienestar de los mexicanos. ■

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