La consulta del Aeropuerto: ¿el inicio de la democracia participativa?

La consulta del Aeropuerto: ¿el inicio de la democracia participativa?

La democracia participativa es una tarea aún pendiente en nuestro país. La certeza de que las capacidades directivas del Estado son insuficientes para actos de gobierno efectivos (que logren los resultados esperados), empuja a los equipos gobernantes a tomar en cuenta a la sociedad civil para emprender proyectos de ciertos programas de gobierno. Es decir, vemos cada vez más a grupos ciudadanos colaborando en formar guarderías infantiles, en comités de obra civil, en consejos rurales o interviniendo en procesos educativos. Aun es escasa la participación, pero todo apunta a su incremento. En todo el ciclo de política pública que va desde las determinaciones de agenda, la definición de problemas públicos, el diseño de programas, la implementación de los mismos, la evaluación y exigencias presupuestales deberemos impulsar la intervención ciudadana en cada una de las etapas del ciclo.
Una de las formas esenciales de intervención ciudadana es participar en las decisiones de gobierno. ¿Qué hacer ante la inseguridad, el hambre, el desgaste ambiental, la movilidad urbana, la calidad educativa o los derechos incumplidos de los pueblos originarios? En todos lo temas pueden intervenir, preferentemente, los afectados de dichas decisiones. En la producción de alimentos deben participar los campesinos; en las políticas de calidad educativa, maestros y padres de familia. Pero hay temas que no implican a ningún sector social preferente, sino que son de absoluto interés universal, como la movilidad urbana o los proyectos hídricos para el uso doméstico. Emprender formas de participación es una manera de educar o hacer ciudadanía. A ser ciudadano se aprende ejerciendo la ciudadanía. La escuela es la dinámica social misma. La posibilidad de participar nos obliga o conduce a informarnos y los debates que surgen afinan nuestras razones y apoyan la creación de nuestra opinión propia sobre un tema en particular. Por eso es importante que se coloque sobre los ciudadanos la responsabilidad de ciertas decisiones de gobierno: son procesos intensos de educación ciudadana.
Ahora que se anunció la consulta sobre la construcción del nuevo aeropuerto de la ciudad de México, la presencia del tema en medios aumentó como una bomba, la discusión en las redes satura los mensajes y la atención de una cantidad importante de ciudadanos fue captada, cuando en otras circunstancias hubiera sido un tema intrascendente. En centros de trabajo, cafés, bares, mesas familiares o parques se discute sobre el tema. Observamos un ejercicio deliberativo apreciable. Desafortunadamente no en toda la sociedad, sino en ciertos sectores, pero la tendencia aun así es interesante. Con este antecedente se abre la posibilidad de exigir al gobierno la realización de consultas en temas de interés general. Por ejemplo, las universidades pueden organizarse para emprender una consulta sobre el destino de la educación superior. Un tema que poco ha interesado al gobierno entrante puede colocarse en la agenda de gobierno con el empuje de una consulta ciudadana. Los formatos de las consultas son variados y los usos diversos. El debate del actual ejercicio ha sido intenso, se discute no sólo sobre la elección de las opciones de aeropuerto, sino sobre la propia discusión, en torno al ejercicio mismo de consulta. Ojalá y se exprese la mayor cantidad posible de ciudadanos y se respete la opinión de los mismos. Pero no creamos que eso será el fin del tema: los intereses perdedores seguirán litigando en medios. La discusión continuará hasta verificar los efectos de la decisión tomada. Habrá monitoreo del resultado de la consulta y será puesta a prueba. Lo importante es que la participación llegue para crecer.

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