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El voto de las mujeres y su actual derecho de ciudadanía

El voto de las mujeres y su actual derecho de ciudadanía

El reconocimiento de los derechos de ciudadanía para las mujeres va rápido y lento. Rápido si tomamos ‘la cuenta larga’, y comparamos lo avances que han tenido dicho reconocimiento desde 1950 a la fecha. En los últimos 70 años observamos mayores reconocimientos a los derechos de las mujeres que en el transcurso de los 20 siglos de civilización occidental. El alcance no sólo de derechos políticos, sino civiles y sociales, ha sido mayor en estos 70 años que en ese largo periodo civilizatorio. Así, tomando la cuenta larga, el avance es muy rápido. La tasa de cambios de los últimos 14 lustros es mucho más alta que en toda la era anterior. El tiempo ha transcurrido muy rápido respecto a la cuenta histórica. Pero respecto a ‘la cuenta corta’, el reconocimiento de todos los derechos de ciudadanía es lento. Una vez conquistado el derecho al voto el 17 de octubre de 1953 (día en que se publicó en el Diario Oficial de la Federación un decreto en el que se anunciaba que las mujeres tendrían derecho a votar y ser votadas para puestos de elección popular), los otros derechos de ciudadanía (inclusión en el derecho a tener derechos) ha ido lento. La lentitud es porque los referentes son otros: se han ampliado los derechos de ciudadanía, que pasaron de los civiles y políticos a los sociales y culturales. Y esa amplitud no ha sido pareja en términos de género.
Ahora se ha logrado un mecanismo para impulsar (forzar) la inclusión de las mujeres en los espacios de representación política: la discriminación positiva, como el caso de las cuotas de género. Pero mientras no cambiemos el sentido común que provoque la modificación de las dinámicas al interior del hogar, la mujer seguirá padeciendo de pobreza de tiempo, y en consecuencia, aun cuando legalmente tenga la oportunidad de incluirse en la política, la vida empresarial, la academia o el deporte, seguirá quedándose rezagada por motivo de que renuncia a esos derechos para atender las tareas domésticas. Esto es, ahora mismo, el reto es resolver el problema de la pobreza de tiempo, que tiene una fenomenal desigualdad de género. Algunas mujeres ‘compran’ tiempo al contratar a otras mujeres para que las liberen de las tareas domésticas, pero las que no lo pueden hacer (que son la mayoría) están atoradas en el ejercicio de sus derechos. Toda la política pública tiene la exigencia de generar el enfoque de género como eje transversal de diseño y evaluación de los programas de desarrollo. La transversalidad implica el objetivo de nivelar el acceso a derechos de las mujeres en todos los ámbitos de la vida social. La transversalidad es la exigencia de hacer efectivo el derecho a tener derechos. El voto femenino fue un logro que hay que celebrar, pero están pendientes muchos beneficios más para conseguir la igualdad de género en este país. Pero las mujeres deben tener clara una cosa: sus logros serán producto de sus luchas, de la misma manera en que consiguieron el voto.

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