Vialidad: ¿aplauso o trompetilla?

Vialidad: ¿aplauso o trompetilla?

La capital del estado de Zacatecas, que goza del mismo nombre tiende a la transformación modernizadora. Hace un par de meses se anunció que se contrataría a un número indefinido de agentes viales que ayudarían a aportar orden y concierto al tráfico citadino; su supuso también que con este aporte el caos y desorden podrían disminuir desterrando los malos hábitos de conductores de autobuses de todo tipo, autos, motocicletas y bicicletas y también a enseñar a la ciudadanía a mejorar sus hábitos peatonales en el deambular cotidiano en los ires, venires y devenires de ese hormiguero que es la ciudad en su funcionamiento urbano con las tareas propias de todo mundo en los ámbitos de la burocracia, el andamiaje laboral, el funcionamiento escolar, el flujo del turismo, la orientación a la ciudadanía que visita este enclave desde los municipios y sus comunidades.
Se pensó que de una vez por todas el gobierno estatal o municipal, cualquiera de los casos que sea, tomaría al burel por los cuernos y lo sacaría de la barranca. Porque ya es hora de que los ciudadanos que viven y conviven en este enclave histórico Patrimonio de la Humanidad no sigan comportándose como si aún se viviera en el siglo diecinueve o en el cercano fin de milenio.
Es evidente que se necesita que se adquiera civilidad vial, que los viandantes respeten las indicaciones de circulación peatonal y se respete el flujo de los demás, que los automovilistas estacionen sus autos en los lugares indicados, que los autobuses de alto tonelaje no hagan de su presencia paquidérmica la ley del monte. En fin, se esperaban todas las cosas buenas que le hacen falta a esta histórica y heroica ciudad en materia de vialidad.
Se esperaba una campaña de orientación a la ciudadanía sobre la normativa que pronto habrá que contemplar para convivir más armoniosamente tanto los locales como los visitantes de cualquier parte. A fin de cuenta estos principios no son sino una forma básica de convivencia cívica y civilizada que dará una imagen de cultura a los ojos no tan solo de los propios, sino de los extraños.
Esta circunstancia, al ser aplicada correctamente, sirve para prolongar la luna de miel de la ciudadanía con sus nuevas autoridades electas después de la jornada del pasado mes de julio con su gobierno del partido de color serio y también, en caso de tratarse de tránsito estatal, mejorar la imagen del gobernador ante las continuas críticas de los ciudadanos. De algo deben servir todos los que conforman su cuerpo de asesores.
Después de todos los supuestos anteriores, los ciudadanos que pertenecen a la manada de los pobres venaditos que habitan estas serranías están más que dispuestos a ovacionar a las autoridades viales y a sus superiores que los coordinan y confían en ellos para mejorar esta falta de civilidad que se presenta en casi todos los enclaves de nuestro país y todos aquellos que forman parte del mal llamado tercer mundo. Aplausos cerrados ante esta iniciativa… pero, pero…
Hasta donde se ha visto, estos nuevos reclutas de tránsito (estatal o municipal, para el caso es lo mismo) solo están preocupados por infraccionar a los automovilistas que tienen la mala pata, o mala rueda de estacionarse en lugares donde, aunque esté prohibido, tradicionalmente nunca se ha infraccionado, como en la Avenida Hidalgo, la Villalpando, Tacuba y otras muchas más. Ellos argumentan que los señalamientos están ahí, la bronca es que es que han estado ahí por décadas y no ha habido tos, y ahora de la noche a la mañana se rompen los usos y costumbres y la infracciones están a la orden del día. No obstante, el tráfico vehicular sigue igual de caótico. Para que la norma o la ley sean efectivas y perduren, hay que aplicarlas todos los días y parejo, sin mirar a quién, de otra manera no lo son. Parecen ocurrencias para incrementar las arcas públicas.
Otra circunstancia que hace pensar que esto es plan con maña, es que de pronto, en los reducidos espacios que quedan para el estacionamiento de autos de los que no tienen los medios para hacerlo en los privados, son las muy atractivas vallas blancas que de pronto aparecen en los espacios donde tradicional y legalmente se puede, disminuyendo sustancialmente las posibilidades para dejar los vehículos en la calle. ¿Será solamente un descuido o de plano es una agresión de mala leche contra los ya de por sí muy pobres bolsillos de los ciudadanos?
Desde esta columna se les sugiere a los responsables de este asunto que se pongan las pilas y hagan de este programa un evento didáctico. Muchos ciudadanos no están en desacuerdo de cumplir con los reglamentos, pero hay formas de inducirlos a las buenas costumbres. Cuando se aprende por la buena, se hace con gusto y es para siempre. Cuando es a la “malagueña”, solo dura el tiempo que se presenta la amenaza y crea resentimientos y ánimos de revancha y contraataque. Y no es con ánimo de fastidiar. Quien parece que si tiene ese ánimo talante es la “autoridad”. Así que al tiempo. Como se ha expresado en esta columna en ediciones anteriores, los funcionarios no deben echar en saco roto su propia capacitación. No se trata nada más de detentar y roer el hueso, hay que hacerlo con corrección.
Así que, aún es tiempo de que decidan, ¿se quedan con el aplauso o los resentimientos de la ciudadanía? ■

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