Realidad de utilería: el caso de la UAZ y sus falsificaciones

Realidad de utilería: el caso de la UAZ y sus falsificaciones

Fraudes, trampas, falsificaciones, promesas incumplidas, engaños institucionales, y otros fantasmas del tipo, recorren el territorio. Como una hidra de muchas cabezas, los diversos tentáculos de la planta tienen un cerebro: es la inautenticidad. Observamos a policías, jóvenes, autoridades, políticos y gente del pueblo comportándose de esta forma. Es una peste que se contagia y devasta a las instituciones. Los políticos que no cumplen su palabra o autoridades que incumplen sus compromisos hunden la base de la convivencia: la confianza y credibilidad. Pero en la población encontramos la misma conducta. Jóvenes estudiantes que se ensartan en las redes de corrupción y pagan por tener documentos que acreditan estudios y saberes que no cursaron. Parece que vivimos en un teatro donde la realidad es (en realidad) utilería. Paredes que son hielo seco y martillos hechos de cartón. En un país donde la realidad es utilería, tenderemos bienestar que son sólo cifras o desarrollo que únicamente es propaganda. Medicina contra el cáncer que es agua destilada. ¿Qué le pasa a la utilería? Se destruye al acabar la función: en cuanto pasa la exhibición de las paredes falsas, la realidad cobra factura y los efectos reales de no tener los saberes o de consumir agua en lugar de medicina se hace sentir. La realidad llega como lápida y nos aplasta como insectos jugando a ser humanos.
Ahora en la UAZ se sabe que hay falsificación de documentos que certifican saberes. Hizo crisis en el área de ciencias de la salud. Ahora se puso de manifiesto por propios profesores de Odontología la denuncia de prácticas de corrupción a partir de la falsificación de documentos de acreditación. El año pasado supimos de la venta de lugares a Medicina por parte de la responsable de Departamento Escolar, que el propio director de dicha escuela detectó y detuvo. ¿Y qué ocurrió con la responsable de esa grave irregularidad? Sólo le pidieron que regresara el dinero cobrado. Y ya: siguió en su trabajo como si nada hubiera pasado. Feliz. En el presente caso de falsificación de documentos las autoridades habían hecho mutis, pero profesores exigieron se actuara en consecuencia. Sin la presión de esos docentes que, incluso amenazaron con tomar las instalaciones, el caso hubiera pasado impune. Ahora irán a un Tribunal que tiene problemas de integración y con enormes huecos normativos. Se ha insistido que se cubran las brechas normativas y no se hace nada al respecto. Es una lástima que ocurra esto en una institución que está en una crisis financiera y requiere credibilidad para lograr sus gestiones.
Ahora la Universidad se ve en medio de un escándalo de fraude. Lo estuvo en la Estafa Maestra y ahora en la falsificación de documentos. Lo que queda de manifiesto es la debilidad normativa de la institución para protegerse de este tipo de actos, y eso se sabe hace años pero no se ha remediado. Le corresponde a las autoridades actuar, pero se ven entumidos. La hidra de la inautenticidad tiene fuertes tentáculos en la máxima casa de estudios. Y no vemos acciones para secar la planta del mal de la institución.

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