Feminicidio, Estado de Emergencia Nacional

Feminicidio, Estado de Emergencia Nacional

El pasado jueves, en el municipio zacatecano de Jerez, fue localizado el cuerpo de una mujer en avanzado estado de descomposición, su nombre Paloma Jacaranda González Román. Mujer joven con un futuro brillante que a alguien le pareció insignificante y decidió terminar con su vida. Ella estudiaba Derecho en la Universidad Autónoma de Zacatecas y trabajaba como asistente de preescolar 2, del Cendi Emiliano Zapata de nuestra organización.
El asesinato de mujeres en México cobró notoriedad internacional en 1993, cuando comenzaron a denunciarse públicamente los casos de mujeres asesinadas en la fronteriza Ciudad Juárez, al norte de México. Tuvieron que pasar casi 20 años para que el país incluyera en su Código Penal el delito de feminicidio.
Hoy, todo México se ha convertido en un gigantesco Ciudad Juárez.
Según el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, Siete mexicanas son asesinadas cada día, esto quiere decir que cada 3 horas una mujer es asesinada en nuestro país y solo un 25% de los casos son investigados como feminicidios y en la mayoría de los casos queda impune el crimen.
Misterios públicos y policías no tienen una preparación de género, o peor aún, la ignoran y las víctimas son culpadas por haber sido violentadas. Se fugó con el novio; sólo recibió unas cachetadas; son problemas de parejas; ella se lo buscó y otras frases encubridoras y cómplices son hechas día a día por las autoridades.
Los números de crímenes contra las mujeres siguen en aumento en todo el país, principalmente en el Estado de México, Nuevo León, Chihuahua y la Ciudad de México; este año las cifras oscuras crecen desmedidamente 15% más con relación a 2017. Además, el crimen organizado contribuyó a elevar los feminicidios en varias zonas de México.
En lo que se refiere a presuntas víctimas mujeres de homicidio doloso (casos de mujeres que son asesinadas, sin que se considere el caso como un feminicidio), en 2015 fueron 1,755; en 2016, aumentó a 2,210, y el año pasado llegó a 2,585 carpetas por casos donde las víctimas fueron mujeres. El aumento es de 72%.
La expresión más brutal de la violencia es aquella que pone en riesgo la vida de las personas y que en muchos casos tiene la intención de terminar con su vida, y esta violencia extrema, tiene características diferentes si la víctima es una mujer o un hombre.
México se ha convertido en un lugar sumamente peligroso para las mujeres por el aumento de la violencia hacia ellas, y todas, senadoras, estudiantes, trabajadoras, amas de casa, niñas, jóvenes, adultas tienen un miedo real y racional a sus parejas, a los hombres de sus entornos cercanos y a caminar por las calles y caminos de todo el país. Todas saben que el hecho de ser mujeres las hace vulnerables a la violencia sexual, física y psicológica que se ejerce sistemáticamente por un sistema machista que las hostiga sin parar.
Las mujeres en México, con razón, viven con miedo, y por ello se tienen que vestir para no llamar la atención, o no estar en la calle de noche, o no caminar solas.
¿Qué mujer se sabe segura sola en el transporte público, en la calle, en su trabajo e incluso (desgraciadamente) en su propia casa en presencia de un hombre?
La violencia de género no sólo se debe a rasgos singulares y patológicos de una serie de individuos, sino que tiene rasgos estructurales de una forma cultural y enferma de definir las identidades y las relaciones entre los hombres y las mujeres.
Según el INEGI de los 46.5 millones de mujeres de 15 años y más que hay en México, 66.1% (30.7 millones) ha enfrentado violencia de cualquier tipo y de cualquier agresor, alguna vez en su vida. 43.9% ha enfrentado agresiones del esposo o pareja actual o la última a lo largo de su relación y 53.1% sufrió violencia por parte de algún agresor distinto a la pareja.
Es particularmente relevante la violencia sexual que han enfrentado las mujeres jóvenes entre 18 y 29 años, en estos grupos, la mitad de ellas ha sido agredida sexualmente.
Asimismo, las niñas de 15 a 17 años presentan niveles altos de violencia sexual, emocional y física, quienes a su corta edad ya han sido víctimas de abusos de diversa índole.
Ante esta terrible realidad, estamos llamados a establecer medidas de que respondan a esta Emergencia Nacional, atravesando por medidas transversales que vayan desde la Procuraduría General de la República (PGR) para fortalecer a la Fiscalía Especial para los Delitos de Violencia Contra las Mujeres y Trata de Personas, así como a las Procuradurías de justicia de todos los Estados de la República para fortalecer fiscalías estatales encargadas de delitos contra las mujeres y en su caso para constituirlas. Tenemos que fortalecer la capacitación y sensibilización de los agentes del ministerio público y policías para asuntos de género.
Tenemos que garantizar el derecho a la justicia a cada mujer.
Hay que educar a niños y niñas en el respeto a las mujeres, esto incluye a la Secretaría de Educación Pública a revisar con enfoque de género todos los programas de estudio.
Y en esta lógica los medios de comunicación tienen que hacer una revisión responsable de sus contenidos, con el fin de evitar la cosificación y sexualización de las mujeres, de la misma forma, eviten reproducir roles femeninos que lleven a la violencia para con ellas.
Todos tenemos que involucrarnos y comprometernos con un cambio para caminar con las mujeres para conquistar la igualdad y la garantía de los derechos sobre sus cuerpos y su vida, su trabajo su salud sexual, reproductiva, física y psicológica.
#NiUnaMás

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