¿Las Herramientas Legislativas están de regreso?

¿Las Herramientas Legislativas están de regreso?

La Legislatura anterior discutió y resolvió cancelar las llamadas ‘Herramientas Legislativas’ con el objetivo de hacer más austero y quitar a los legisladores un oneroso recurso manejado de forma arbitraria. Ese concepto de gasto se destinaba realmente a prácticas clientelares que están fuera de su función legislativa. Sin embargo, el recurso estaba presupuestado para todo el año, es decir, hasta diciembre. Lo que aprobaron fue cambiarlo de capítulo de gasto: pasarlo de servicios generales (3000) que podían usarlo en apoyos muy diversos, como compra de zapatos, tinacos, apoyo hospitalario y un largo etcétera; a capítulo 4000, que tiene como finalidad (según el catálogo de gastos), en el apartado de gasto 4120, que norma específicamente al Poder Legislativo, dice a la letra: “Asignaciones presupuestarias destinadas al Poder Legislativo, con el objeto de financiar gastos inherentes a sus atribuciones”. Lo cual significa que, con el cambio de capítulo de gasto, se evitará el uso del mismo en prácticas clientelares, pero no se elimina el monto, ya que se puede usar en “gastos inherentes a sus atribuciones”.
La Legislatura 62 debió cambiar la etiqueta del recurso que restaba de septiembre a diciembre, pero no lo hicieron. Así las cosas, la Legislatura 63 da la instrucción a la Secretaría de Finanzas de programar el recurso para su ejercicio pero bajo capítulos 1000 y 3000, lo cual implica gastos personales. Es una situación muy incierta: ¿cómo se van a ejercer esos recursos, y quiénes lo harán? Hay varias posibilidades. Una de ellas es que se usen como originalmente se había pensado, en actividades de apoyo al trabajo legislativo como organización de eventos o contratación de estudios para elaborar iniciativas de ley o el fortalecimiento de su función de la rendición de cuentas de los otros poderes. Ahora bien, esto lo puede hacer cada diputado (si lo reparten en 30 partes) o lo pueden manejar los coordinadores de fracción. En caso de que fuera de esta última forma, significaría un enorme retroceso, porque es el formato que tenían esos fondos antes de ser bautizados de “herramientas legislativas” y ser repartidos a todos los legisladores. Un formato que centralizaba el control de los recursos en los coordinadores de fracción y, con ello, regresar a los viejos estilos de dominio y mando político sobre los diputados. Los caciques de regreso.
No está mal que usaran el recurso en “gastos inherentes a sus atribuciones”. Lo que ocurre es que no hay nada claro. ¿Qué actividades estarán bajo ese concepto? Aún así, no se justifican los montos actuales que están programados. Para apoyar sus actividades legislativas y de revisión de cuentas, no requieren montos tan elevados. A este año le restan 28 millones, pero ¿se volverán a programar los 70 millones anuales para el 2019? ¿Se van a programar de acuerdo a proyectos de las agendas legislativas de cada diputado? No sabemos. Dejado así de abierto y ambiguo se abre un amplio margen de maniobra para el uso discrecional. Hay algunos diputados que tienen propuesta de usar ese recurso creando dispositivos institucionales para elevar la calidad de su acción legislativa, lo cual suena bien, pero esas propuestas no se han siquiera discutido. Los diputados deberán justificar y resolver todas las dudas aquí expuestas. Porque muchos de ellos, claro está, quieren de regreso las Herramientas, aun cuando sea con otro nombre.

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