La historia del Heavy Metal

La historia del Heavy Metal

Por la secuencia con que se narran los sucesos más importantes en la historia del heavy metal, ayuda, y se agradece, que el autor sea historiador. Aunque no se trata del clásico recuento de fechas tan cercano a los latosos ejercicios escolares. Esos donde lo bellamente memorable se vuelve tedioso e innecesario. También ayuda para el libro que el autor pertenezca a una banda de heavy metal. Si consideramos lo antes expuesto podemos concluir que el punto de vista que nos ofrece La historia del heavy metal (Blackie Books 2017) es el de un recalcitrante fanático. Buen punto para el libro.
¿Adivinan? De heavy metal. Es de lo que trata este libro. Por obvio que lo parezca desde el título conviene explicarlo. Como uno de cocina que lo mismo puede ser china, japonesa, tailandesa o mexicana. Cambien tipos de comida por grupos de heavy metal. También por fechas y países. Agreguen que La historia del heavy metal tiene un tono narrativo ameno (pese a la traducción castellana), tal y como no lo tienen muchos de los libros de cocina. Agreguen los ingredientes: más de cincuentas bandas en las distintas ramificaciones en que un buen metalero sabe se divide el heavy metal. Resten algunos de los chistes del autor por malos. Pertenecen a ese humor inglés que pasa de los pastelazos a lo anodino.
La historia del heavy metal es un libro especializado. Tan cercano a uno de cocina. Se nos habla de una de las tribus urbanas más persistente y cerrada: la de los metaleros de largas melenas y guitarras de aire, la de quienes toman la escoba como su primera Gibson y no se pierden ningún concierto por costoso que sea el boleto, porque van a estar ahí, a un lado, frente al escenario, moviendo la cabeza cual salero, o metiendo codo, rodillas y antebrazos en el mosh pit mientras procura no se rompa su playera original de Mastodon, Kiss o Motorhead. Pero también la del oficinista que escucha Megadeth o Metallica en su hora de comida: abre el tupper, se decepciona, su mujer le puso lo mismo del día anterior, apestoso pescado de oferta, ¡no importa!, en sus audífonos suena uno de los tantos solos de guitarra de “Hangar 18”, ¡vamos, amigo!: es Dave Mustain, no es que sea feliz, pero al menos el sabor del pescado cambia, sobre todo si al sacarse la primera espina de la boca se entera de la historia de Black Sabbath en un libro buenísimo que se llama La historia del heavy metal, el cual compró por recomendación de una amiga, fanática de Arch Enemy.
Sabemos que el heavy metal provoca fenómenos sociales que en el libro bien podrían apreciarse desde otro enfoque. No obstante, al menos para mi suerte de gustoso del heavy metal y de todas sus variantes, con excepción de una que otra, por ejemplo del black metal, el joven autor, Andrew O´Neill, escribe para contarse una historia (y este es uno de los puntos más importantes) y, posteriormente, para contárnosla, para hacernos participe de una de sus grandes pasiones sin aburrirnos, por lo que evita la sociología, y cuando parece que el libro se va a ir por esos rumbos, se detiene, mete freno, deja tan sólo unos cuantos datos y echa en reversa para continuar con su historia.
Para los metaleros de corazón está escrito este libro. Se los aseguro. Lo van a disfrutar mucho, y si es con música de fondo, mucho mejor. Estas son las bandas que a mí me acompañaron durante la lectura: Pantera, Godsmack, Downset, Black Sabbath, Korn, Sepultura, Sleep, Bison B.C., Jimi Hendrix, Saint Vitus, Metallica (sus tres primeros discos), Megadeth (sus primeros discos, también), Led Zeppelin, Long Distance Calling, Lost Society, Over Trash, entre otras. Por mucho que se digan conocedores del heavy metal estoy seguro que La historia del heavy metal les aportará un extra. Como se trata de un libro especializado en heavy metal ahórrense su compra si no tienen la curiosidad infantil y hermosa del melómano que se interesa por todos los géneros literarios y que recién comienza sus primeros pasos.
La historia del heavy metal es un libro cuyo proceso de lectura se centra en ese diálogo incesante que algunas obras sostienen con los lectores. Un face to face. De aquí que este libro lo que menos acepta es a un lector pasivo. Quien llegue a La historia del heavy metal se tiene que adentrar en cada uno de los episodios de la historia, descargar las canciones (al inicio el autor nos sugiere el suyo), recurrir a uno que otro video, revivir los momentos tan especiales que nos señala el autor incluso si se está o no de acuerdo con él. De aquí la importancia del diálogo entre lector y autor. La historia del heavy metal es un libro de dos y de oídos, de muchos oídos, primordialmente: un libro que deja música conforme pasas las páginas. Bello fenómeno. Leer con música de fondo: otro bello fenómeno.
Ahora bien, quien guste del heavy metal es probable que no quede conforme con La historia del heavy metal. Entre los metaleros, las infantiles guerritas por ver quién sabe más de bandas y de subgéneros metaleros es cosa de todos los días. Lo sé de sobra: si algo caracteriza al metalero de corazón es una férrea intolerancia y un sentirse el crítico más especializado. Afortunadamente, Andrew no es así (basta ver cómo finaliza el libro). Por lo que los metaleros difícilmente quedarán conforme con la historia que aquí se nos cuenta. Dirán que faltan bandas. Dirán que los hechos no son tal y como nos los cuenta Andrew. Piénsenlo por un momento antes de desechar la lectura: fue a Andrew a quien se le ocurrió contar la historia del heavy metal desde su particular punto de vista, escribió el libro y posteriormente lo publicó. Véanlo así, por favor; de lo contrario, escriban su historia, compártanla, compórtense como esos niños que lloran al salir de la juguetería porque entre tantos y tantos juguetes no encontraron a la banda de heavy metal cuya historia tanto deseaban encontrar. ■

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