Educación ¿y futuro?

Educación ¿y futuro?

Ni duda cabe, la historia recién iniciada con el triunfo en las urnas de Andrés Manuel López Obrador, (AMLO), propiciará, sin duda, “aterrizar” y asumir, de manera generalizada en México, el añejo anhelo prodemocrático, nada viejo, sino actual, muy actual porque parece ser el momento adecuado para que se abran cien flores y florezcan cien escuelas, pero, de ninguna manera para darles en la (M…) torre sino todo lo contrario: para propiciar, encender y atizar, el debate político y cultural que libere y a la vez oriente a los mexicanos para contener y superar, en forma política y democrática, cualquier intento con carácter provocador o “golpista” de cualquier tipo, no sólo social, sino también político, económico y cultural, única forma viable para darse a construir, en paz, a lo que se quiere sea hoy México como novedad democrática y republicana, mediante todo tipo de acciones que impulsen la reflexión y la renovación nacional, no sólo lema o asunto de AMLO, Presidente, sino como tarea y quehacer político – democrático – alternativo y cotidiano de cada quien, cualesquiera sea su condición y posición social, económica, política y cultural o desde lo que considere ser su trinchera de vida.
La documentación, reflexión y debate de un proceso como ese son necesarios para saber si uno aprende, no lo anterior, sino DE lo anterior, a partir de lo que son: esbozos, ideas, sueños, aportes, etc., toda una cultura a decantar como novedad, mediante encuentros y reuniones de todo tipo, en las cuales algo se debería de condensar como resolutivo a convertir luego en proyecto o en programa de trabajo político y académico, lo cual exige no andarse por las ramas, si no son las del árbol de la ciencia y de la comprensión, por las que debemos luchar para mantenerlas siempre en libertad y en expansión, a pesar de los múltiples obstáculos de todo tipo, no sólo académicos y filosóficos o tan concretos como lo económico y lo político para confrontar y reclamar, primero en comprensión, luego en debate, al mismo CMHN, engendro empresarial que aún adeuda el zafarrancho cometido en Chiapas contra un magisterio cultural y políticamente consciente de su ser educador y enriquecedor de la cultura de quienes más necesitan aprender y aprovecharla como bien público para ponerla al servicio de su propio desarrollo, en una confluencia: como bien público, por su riqueza cultural y cómo bien privado, por el uso hasta crítico que de esos bienes se debería hacer.
La educación con sentido democrático ofrece y busca compartir bienes que no entran a trueque como las mercancías por ser bienes culturales, que se busca compartir según la norma, debido a los niveles de complejidad requeridos para poder asegurar su acceso, a todos los que concurran en la búsqueda de obtener o incrementar el aprendizaje necesario para hacer (o rehacer) sus vidas con éxito y les vaya bien o mejor, en donde estén, ellos y sus trabajos, cada uno, sea Escuela, Universidad, Estado, Mercado, Empresa, Banco, Iglesia, etc.
Semejante complejidad y diversidad generadas hoy, en todo eso y más, hacen necesario prepararse para interactuar en ese medio ambiente que conlleva luchar por la cultura, en especial, por la educación, elevada a bien público, generado, organizado y administrado, tanto por el Estado como por particulares que disponen de recursos económicos suficientes para impartirla privadamente, es decir, cobrar – pagar por educar y aunque ese ejercicio educativo sea privado, al Estado obliga supervisarlo, sean LENGUAJES, COMUNICACIÓN, MATEMÁTICAS, MUNDO NATURAL, MUNDO SOCIAL, etc.
La presencia del mercado y de la Patria es obvia en la educación y al revés. Por la educación pública, básica, no se cobra al acudir a educarse y luego, según el nivel de estudios, se llega a solicitar alguna contribución, hasta en la universitaria. La educación privada es complemento para cubrir la demanda o la escasa ¿y deliberada? oferta pública, se asocia a la segmentación de clases sociales y hoy, en su devenir, constituye uno de los mercados, ¿qué ofrece de diverso? Educación como producto diferenciado, según nivel, ramas del conocimiento, ideología, ubicación escolar, infraestructura, prestigio académico y/o social, seguridad, etc.
La educación privada antes era sólo complemento; hoy, con la masificación, ofrece hasta productos diferenciados con el argumento de que la educación pública, como servicio a prestar por el Estado, no podía atender a todos y por eso los privados invertían en educación para completar atender la demanda, ¿y así proteger la identidad clasista, según eso, sin ilusiones de ganancias? Por supuesto que no, pues para obtenerlas, orientaban, prestigiaban, ¿vendían, venden?, alguna ideología política, cívica, religiosa o seglar, da igual, porque ésta se cobra como marca, hasta con los calcetines de los uniformes. De hecho, hoy la educación privada se ofrece e incluye desde Jardín de Niños hasta posgrados, a quien pueda pagarla, sean escuelas, institutos o universidades, algunas hasta han labrado prestigio académico, por cierto.
¿Hay un escenario abigarrado? ¿Qué panorama educativo se dibujará con el triunfo de MORENA y de López Obrador? A ese nivel, hay ejemplos mundiales para incursionar y aprender a aprender cómo construir o poner en marcha en México una educación, una cultura y una política, en permanente renovación democrática con la mayor publiseidad posible. Para esto hay diversidad de actores y organizaciones de maestros y maestras, universitarios o no, quienes desarrollan su trabajo educativo desde una y mediante una comunicación y renovación cultural permanente. ■

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