Cultura y turismo, una perspectiva integral

Cultura y turismo, una perspectiva integral

A pocos días de que concluya la segunda convocatoria de nuevos productos turísticos impulsada por la Secretaría de Turismo, es pertinente reflexionar sobre la vinculación y el trabajo en equipo con las instituciones de cultura y viceversa, que para muchos en hondura, el común denominador ha sido la distancia debido quizá al aislamiento y a ese afán por protagonizar; sí por supuesto, sólo juntas cuando son convocadas a la unidad en “momentos estratégicos” para sumar esfuerzos e invertir en calidad.
A nivel de la República es un secreto a voces, que cultura y turismo transitan por rumbos separados, y que su necesario enlace solamente se discute en los seminarios y foros donde se refuerza su figura de matrimonio, y se apuesta con utopía por la diversidad creativa en la que muchos países han fincado su desarrollo y su prosperidad, que no es el caso de México, donde el narcisismo y la falta de perfiles adecuados echan por tierra toda posibilidad de trazar un trabajo compartido y eficiente.
En el siglo pasado, en sendas áreas hubo una irrupción prometedora por la institucionalización de la práctica formal y los recursos específicos que se destinaron para su promoción, y se abordaron cuestiones fundamentales sobre el uso y disfrute del patrimonio cultural, y se estableció una agenda conjunta sobre la importancia del turismo cultural y la tipología que lo sustenta.
Sin embargo, hasta ahora, ha faltado cooperación interinstitucional –habida cuenta de la ausencia de planeación- que deja a la deriva la necesidad de un eje articulador que permita la elaboración de políticas públicas que impulsen un desarrollo sustentable para cultura y el turismo de México.
Zacatecas no es la excepción, forma parte de esta misma historia vertical, donde la realidad se vive muy distinta a lo deseable, ya que por muchos años –gobierno tras gobierno- se ha manifestado el anhelo de convertirla en la capital del turismo cultural, es decir, ponerla a la cabeza de un gran proyecto internacional, de movilidad y riqueza, de bienestar colectivo para sus habitantes y justicia que honre su historia y su abolengo.
Hay certeza en tal aspiración, pero se está lejos de conseguirla, debido a que no son suficientes ni completas las acciones que a su favor se han emprendido por las autoridades estatales y municipales, y la creciente participación de grupos y cámaras que se han ceñido a campañas de promoción, que han llevado diferentes nombres hasta llegar a esta última de “Zacatecas deslumbrante”, la cual se ha nutrido de los programas institucionales del organismo rector de la cultura y algunos municipios de la Entidad, y lo ha hecho con cierta movilidad y audacia, para descentralizar las políticas públicas, sin embargo, se advierten insuficientes y precarias, no van al fondo de aquello que se quiere transformar.
Históricamente el Estado ha dependido de la minería, la migración y de una fracasada idea de la maquila, frente a un campo agónico que ha corroído la vida de sus comunidades, en cambio, su cultura y su patrimonio se han fortalecido y se han convertido en el sostén fundamental del turismo, y sin que esto sea una panacea, se ha abierto un filón de emprendimiento que debe ser aprovechado.
Fructificar con sustentabilidad la riqueza de su patrimonio cultural y natural hará posible disminuir el rezago y la pobreza de los municipios y sus comunidades -hoy rehenes de la inseguridad-; promoverá asimismo para la Capital, un plan de gestión – que no de manejo- del Centro Histórico, que incluya el papel preponderante de sus museos, edificios y casonas circundantes, bajo una revisión exhaustiva de su infraestructura cultural y su problemática habitacional.
En los coloquios sobre turismo cultural, se dice que es una tragedia tener edificios bellos nomás para verlos, sin que en ellos pulse la vida de la comunidad, que es lamentable que no haya una cartografía ni una señalética correctamente bilingüe que establezca una red comunicativa de la ciudad, y entre otros detalles, que los servicios de hotelería, gastronomía y demás, carezcan de calidad completa.
En 1987, el inicio de la llamada Semana Cultural (que en rigor fue una propuesta gubernamental para el esparcimiento de las familias), fue motivo de azoro por los resultados obtenidos. Pasado el estupor, flameó la chispa de un destino distinto que se plantaba en el futuro, fue un reencuentro con la monumentalidad de Zacatecas y su diversidad creativa.
Desde entonces hay una creciente actividad, nuevos festivales, encuentros, seminarios y congresos; grupos y artistas, académicos y promotores, productores y prestadores han venido tejiendo su memoria, su historia y su identidad, sin importar que gobierno o autoridad le ha invertido más, por lo que la cultura y el turismo son el resultado de un quehacer colaborativo.
La segunda convocatoria de proyectos para nuevos productos turísticos para el Estado con un premio único de cien mil pesos como capital semilla, y financiamiento del INADEM, es una idea aceptable, pero sus bases son complicadas para algunos; el monto para un solo ganador, no muy atractivo para quien no tiene metodología en la elaboración de proyectos.
En marzo de 2001 se creó por decreto el Consejo Estatal de Turismo que en estricta justicia sentó las bases de la estructura que lo llevaría a ser secretaría, nace el primer producto: la Agenda Cultural y durante tres años consecutivos, invierte más de cinco millones de pesos para realizar actividades artísticas los fines de semana en museos, espacios públicos, barrios y se promueve asimismo, la movilidad y el intercambio a través de la cultura popular en los municipios de Nochistlán, Juchipila, Pinos, Villa de Cos, Fresnillo, Jerez y Guadalupe. El titular de este consejo, nada pidió a cambio, porque carecía de protagonismo, sólo había integridad y compromiso con Zacatecas.
Este texto está dedicado a Jaime Guerrero González, por su visión, sensibilidad y generosidad.
Ánimo y fortaleza para todos. ■

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