La esperanza de la educación (tercera parte)

La esperanza de la educación (tercera parte)

Se ha venido hablando sobre los recursos con que se cuenta para sacar al país de la ruina económica, social y moral, en que se encuentra hoy, dado que inminentemente viene el cambio de gobierno federal, tras la incursión de las aplastantes mayorías de las bancadas morenas en las diversas cámaras de senadores, diputados y representantes de todo el país. Esperemos que este cambio de percepción, posturas y planteamientos se conduzca con prudencia y elegancia para que las miras vean ampliados sus horizontes.
Desde aquí se ha insistido mucho sobre el hecho de que en un país, cualquiera que sean los recursos con que cuente, si no son explotados inteligentemente, jamás verán reflejada esta riqueza en la calidad de vida de sus habitantes, si no se apuesta por el único recurso capaz de darle un valor agregado a los recursos naturales, la educación; es decir, la manera en que una sociedad elige los conocimientos ineludibles para que sus ciudadanos aprendan lo necesario y más, para ejecutar las tareas individuales y colectivas que fortalezcan su proyecto de desarrollo en el fluir de una conducta social armónica y funcional, capaz de superar sus contradicciones sin alterar las relaciones sociales.
Hace unas entregas se sugería que los nuevos representantes sociales debieran forzosamente instruirse en dos vertientes, al menos: sobre el compromiso laboral adquirido y sobre formas mínimas de comportamiento que reflejen los valores universales propios y de sus partidos y así ejercer con dignidad su cometido. Esto viene a colación porque, al menos en instancias anteriores, los diputados y senadores solo se preocupaban por seguir líneas que otorgaban sus líderes de bancada y se preocupaban en demasía por ver mejoradas sus prestaciones y lo que cínicamente denominaban “dietas” o algo así.
Otra situación lamentable fue que no tenían, aparentemente, la más mínima noción de civilidad y patriotismo al aprobar impuestos, leyes y reformas estructurales que siempre dejaban la sensación de atentar contra el patrimonio nacional y de sus pobladores. Y ni que decir de los gobernadores y sus secretarios y directores de diferentes carteras, se comportaban como una auténtica banda de rufianes en contra de pobladores y propietarios ya sea en forma directa o en la aplicación facciosa y malintencionada de programas destinados al beneficio colectivo y social. Hay innumerables ejemplos de malos ejercicios de poder que, únicamente demuestran que los multicitados eran buenos nada más para ejecutar transas y sinvergûenzadas y su falta de educación siempre se vio reflejada en acciones que denotaban su falta de claridad en acciones de altura visión de futuro.
Otra situación notoria es que los puestos de elección popular y de asignación directa muchas veces fueron ejercidos por personajes sin grados académicos o una educación autodidacta notoria. También hubo mucha “chamba” para juniores, esposas y cuchi cuchíes de los caciques y patriarcas.
Y qué decir de las instituciones encargadas de la instrucción pública. La educación estuvo secuestrada por malos funcionarios tanto federales como estatales y por los sindicatos que están más preocupados por sus beneficios que por la aplicación de planes y programas con el consiguiente deterioro de la educación de los ciudadanos de este país. Hoy día, además de la falta de oportunidades para jóvenes en el ámbito laboral, cuando la hay, es bajo condiciones francamente desventajosas provocando el éxodo permanente hacia Estados Unidos y otros países en busca de mejores condiciones de vida que no se encuentran ya en el país. No es casual tampoco que, ante estas circunstancias, la violencia y la actividad criminal vayan en aumento constante.
En fin, la tarea no es fácil, pero es la única que puede ayudar a sacar al país del atolladero en que se encuentra. De nada sirve la riqueza de recursos si no se tiene la capacidad para explotarlos con atingencia y sobre todo con respeto a la naturaleza. Si se apuesta por la masificación de la enseñanza y el aprendizaje, habrá innumerables beneficios y solución de problemas graves que aparecerán por añadidura. Por otra parte, si la población está más instruida y consciente de sus derechos, se puede esperar que ya los malandrines dejen de abusar de su poder y hacer del país parte de su peculio en lo que se refiere a vidas y haciendas.
Si, como se afirmó al principio de esta serie de entregas, se apuesta por la protección ambiental, el estado de derecho efectivo y sobre todo, en el fortalecimiento de la educación y la aplicación de fórmulas que hagan de la búsqueda y desarrollo del conocimiento, cada vez se estará más cerca de lograr la edificación de país que muchos en la historia del país han soñado.
¿Podremos ver al fin realizado este sueño? El tiempo nos dará la respuesta.

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