La urgencia y condiciones de la conciliación magisterial

La urgencia y condiciones de la conciliación magisterial

El foro de educación que presenciamos ayer en Zacatecas fue una patente manifestación del enfrentamiento activo y actuante entre corrientes políticas magisteriales. El estado que guarda el enfrentamiento se ha convertido en causa de inoperancia de las transformaciones que requiere es sistema educativo nacional, actualmente en los bajos fondos de la calidad. Por ello, si queremos que mejore la educación en este país, es esencial que se diluya o se haga manejable el conflicto entre las corrientes. Pero no es una cosa sencilla: los motivos son hondos y fuertes.
La CNTE se crea en 1979, en auge del régimen autoritario. El objetivo que dio origen a la coordinadora fue la democratización del propio sindicato, el SNTE. Los líderes de este sindicato han sido impuestos por los cacicazgos en turno en el PRI, y mantienen a los agremiados en una relación instrumental y de ominoso control político. Así las cosas, ya son décadas de enfrentamiento, tiempo en el cual se han acumulado agravios y ofensas. Pero ahora que la fuente del control (el PRI) está en la lona, se abre la posibilidad de pensar en procesos de reconciliación o, al menos, de normalizar una sana competencia interna que permita manejar el conflicto. La pregunta es, ¿qué se requiere para lograr la pacificación interna del sindicato de maestros?
Hay dos condiciones de política interna del SNTE: el reconocimiento de la CNTE como interlocutor válido y la democratización de la elección de sus liderazgos. El reconocimiento es esencial para lograr acuerdos con esa parte organizada de profesores, como ejemplo cercano está el caso de ayer en el foro: pasa únicamente a hablar el representante oficial del sindicato y los disidentes se sintieron excluidos. Si hubieran hablado los representantes de ambas corrientes no se hubiera generado el caos que observamos. Es decir, el ninguneo de la parte disidente es fuente de caos y conflicto. Si se les reconoce dejarán de manifestar su inconformidad con gritos o toma de calles o instalaciones. La segunda condición interna: la elección de sus líderes sindicales con voto universal, directo y secreto es una petición democrática elemental. Actualmente los eligen por congreso de delegados que, claro está, es un proceso dirigido y manipulado.
Pero también hay condiciones no-internas. Al menos son tres temas que pesan de manera especial en el ánimo de los profesores: la orientación de la reforma educativa, la política con las normales, especialmente las rurales; y la seguridad en el empleo. Si se emprende una reforma con la participación de todos los profesores, sin simulación, es muy probable que el ánimo de los maestros se sume alrededor de un nuevo proyecto educativo. La formación de los profesores en las normales debe cambiar de trato y atención: la marginación en la que las han tenido ha sido una fuente constante de irritación y conflicto. Además, que es una de las claves para mejorar la calidad de la educación. Y claro está: la seguridad en el empleo. Este último fue la causa de tanto malestar al publicarse la Ley del Servicio Profesional Docente. Garantizar seguridad en el empleo es una manera de mejorar el ambiente magisterial. Si el nuevo gobierno hace gestiones para que estas condiciones se cumplan, es muy probable que disminuyan los conflictos intra-sindicales y de los combates de los profesores con la autoridad educativa; y con ello, se tengan las bases de una verdadera reforma educativa integral con expectativas de éxito.

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