Resistencia subjetiva al delito: la pregunta por la incorporación de los jóvenes al crimen

Resistencia subjetiva al delito: la pregunta por la incorporación de los jóvenes al crimen

En el horror de ver cómo los jóvenes se incorporan en las células del crimen organizado, y siendo personas ordinarias realizan actos brutales de barbarie, es que me asalta la pregunta por el origen de ese comportamiento: ¿cómo es posible que jóvenes de vida ordinaria se recluten en esas organizaciones?

La capacidad operativa de las organizaciones criminales pasa por las capacidades de reclutar nuevos elementos y renovar su nómina. Organizaciones con altos riesgos tienen dificultades especiales para incorporar nuevos elementos en sus filas. Según documenta Viridiana Ríos, hay 468 mil personas dedicadas al narco en México, y más del 60 por ciento son jóvenes. Así las cosas, es muy importante tener una hipótesis sobre los móviles de la incorporación. Se ha hecho la pregunta desde una perspectiva que no ayuda mucho a imaginar estrategias que puedan prevenir o inhibir dicha afiliación. Se pregunta por los motivos de integración al crimen organizado, y se responde en el sentido de su necesidad o ventaja económica al hacerlo. Eso lleva a pensar en la necesidad de estrategias económicas. No es inútil, pero es insuficiente. Debemos ampliar la pregunta: dado que se trata de actividades de la esfera del mal, que hacen sufrir a miles de víctimas y sus familias, ¿cómo es que no hay resistencia a incorporarse a esa esfera del mal? Esa pregunta nos permite indagar las condiciones subjetivas que hacen posible la incursión en actividades cada vez más brutales y bestializantes.

Busqué en varias escuelas teóricas una hipótesis que me sirviera, pero donde mejor encontré frutos que ayudan a imaginar formas de resistencia subjetiva a integrarse en las esferas del mal es Hannah Arendt. La pensadora alemana meditó el problema en un contexto distinto, pero sin duda puede servir para emprender nuestras propias indagaciones. Ella fue a presenciar el juicio de un sujeto que administraba un campo de concentración que mató a miles de judíos en manos de los nazis. Eichmann. El libro donde reporta el tema es impresionante, pero ahora me sirvo de otro, donde describe menos y medita más el asunto, y que escribía justo cuando le llegó la muerte frente a la máquina de escribir: “la vida del espíritu”.

Lo primero que le llama la atención cuando ve a este sujeto, es que era un burócrata ordinario. Pero como los actos de este hombre implicaron el asesinato de miles de personas, creía que se iba a encontrar con la imagen de un malvado monstruo: inteligente y/o loco. Pero no: era un hombrecillo ordinario. Pues bien, no se encontró con un móvil de maldad sentada en firmes convicciones ideológicas que llegaran al fanatismo, sino que dice: “fue la ausencia de pensamiento lo que llamó mi atención”. Ausencia de convicciones, imposibilidad de asumir responsabilidad personal, incapacidad de elaborar un juicio propio e incapacidad de considerar el punto de vista de los demás. Cuando se refiere a ‘pensamiento’ no lo dice en el sentido de ‘razonamiento’, de corte utilitario, como racionalidad instrumental o calculadora; sino que se refiere a lo que llama ‘pensamiento reflexivo’.

“Re-flexionar”, es ‘volver sobre sí-mismo’. El ser humano es una relación que se relaciona consigo misma. Hay una interna distancia del yo con el sí mismo que hace posible el diálogo y deliberación interna. Pensar es un ejercicio de recuperar el sí-mismo. Es donde una escuela del pensamiento antiguo sentaba las bases de la libertad: la auto-posesión de sí. Ser libre es ser dueño de sí, y ello pasa por un diálogo o discernimiento interno. Es justo esta capacidad de pensar reflexivo lo que hace posible decir “eso es bueno” o “esto es malo”. Hacer juicios sobre actos propios. Pues bien, la cosa es que es perfectamente verificable que se puede eludir la relación consigo mismo. Se puede vivir sin pensamiento reflexivo. Justo es lo que ocurrió con Eichmann: la ausencia de pensamiento explica su trabajo eficiente y eficaz que tiene por objeto el exterminio de judíos.

Si analizamos las narraciones en algunas entrevistas a profundidad de los jóvenes encarcelados por delincuencia organizada, sobre cómo se incorporaron a esas organizaciones, observamos que las reflexiones de Arendt son pertinentes. La decisión parece una pelotita que cae en una cama de clavos vertical y la mueve el azar. Es decir, la decisión no depende del pensamiento reflexivo, sino de las circunstancias. Me lleva a recordar al personaje de El Benny de la película El Infierno: las circunstancias lo llevaron al crimen y terminó ejecutando acciones que jamás pensó hacer. En ese sentido, la ausencia de pensamiento lleva a los jóvenes a la nómina delincuencial. Si esto es así, ¿qué se puede hacer para inhibir la participación de los jóvenes en dichas organizaciones? Pues estimular el ejercicio del pensamiento reflexivo. Si los adolescentes y jóvenes en general se ponen a construir su proyecto de vida, necesariamente tienen que pasar por fuertes ejercicios de discernimiento o diálogo consigo mismo. Las definiciones elaboradas en ejercicios de discernimiento son producto del pensamiento reflexivo. Por ello, uno de los ejes de acción en una estrategia de prevención del delito, debe ser lograr que los jóvenes se formen en la construcción de su proyecto de vida a partir de ejercicios de discernimiento. Es justo lo que llamo ‘resistencia subjetiva al delito’. Contra lo que hace la escuela, debemos llevar a los jóvenes a pensar. ν

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