Entre porros, polis y rectores

Entre porros, polis y rectores

1)
Allá en la penumbra, quienes manejan los hilos del porrismo saben que su negocio no puede ser desterrado de los espacios universitarios y politécnicos nomás porque sí. Entienden que su trabajo es necesario para los dirigentes educativos que desean mantener su posición actual o escalar otros puestos más altos del poder. El control, las amenazas y la represión contra los estudiantes es insustituible para silenciar las voces de protesta, y para mover los recursos humanos y financieros institucionales de acuerdo a su propio tablero e intereses personales. Es simple: sin porros no hay “gobernabilidad” interna.
El porrismo es parte del esquema general de represión que se aplica en las instituciones educativas y sitios fabriles contra los estudiantes y trabajadores. Es herramienta de disuasión y violencia para infundir miedo en la base social que estudia o trabaja. Es armapreciada de los funcionarios gubernamentales de todas las categorías, cuando la inquietud y las huelgas amenazan con rebasar el marco local y aparecepeligrosamente la tendencia a coordinarse con otros movimientos semejantes, hasta poner en crisis al edificio del poder.
2)
¿Cuándo apareció el porrismo? Los primeros gobiernos posrevolucionarios fueron pioneros de este método quirúrgico de represión; los porros actuales tienen similitud con los grupos de golpeadores de Luis N. Morones, dirigente de la CROM y principal cabeza represiva contra los sindicatos que resistían a su dirigencia. Desde sus inicios, fue un apoyo invaluable para fortalecer el esquema corporativode control social del Estado mexicano posrevolucionario.
Sin embargo, fue con Plutarco Elías Calles al convertirse en caudillo-presidente, cuando se manifestaron con frecuencia los grupos organizados, capaces de reprimir de forma sistemática a los estudiantes y trabajadores, entre ellos “Los Gorilas”, primera tribu dedicada a golpear ajóvenes en las escuelas. El narrador zacatecano Mauricio Magdaleno, militante vasconcelista, narró en su novela Las palabras perdidas algunas escenas dela represión artera e imperturbable contra los estudiantes capitalinos que apoyaban la candidatura presidencial de José Vasconcelos, hasta lograr el asesinato en público de Germán del Campo, agitador y líder de esos jóvenes.
El porrismo no es un fenómeno heredado del 68. Desde antes, con Miguel Alemán se organizaron los grupos universitarios de Animación Deportiva con un fin aparentemente deportivo, agrupadospor el famoso porro José Luis Rodríguez “Palillo”, estructurados con jugadores de futbol americano y aficionados en grupos compactos de golpeadores. “Palillo” recibió financiamiento y apoyo diligente de Miguel Alemán, Ruiz Cortines y Adolfo López Mateos.
En los años sesenta,se reanimó al MURO (Movimiento Universitario de Renovada Orientación), de extrema derecha y compuesta por porros bien preparados.Con Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría se ensayó el método de utilizar con frecuenciaa grupos paramilitares, entrenados por soldados mexicanos capacitados por la CIA y el ejército norteamericano, para detener la protesta de masas de ciudadanos y estudiantes. El sexenio echeverrista fue tolerante frente a las actividades del GUIA (Grupo Universitario Iberoamericano) en la UNAM, de las pandillas de Animación Deportiva y del Grupo “Pancho Villa”, temiblecuadrillade la Facultad de Derecho.
Nada hizo Luis Echeverría por esclarecer el origen de los “Halcones” y los hechos sangrientos del 10 de junio de 1971.Tampoco se interesó en investigar a los patrocinadores de los “guardias blancas”, famosos genízaros paramilitares que irrumpieron en los pisos 3 y 6 del edificio Chihuahua, la tarde de la masacre del 68 en Tlatelolco.
En general, se estableció una pinza: paramilitares para los movimientos campesinos y sociales, y porros tradicionales para la insurgencia estudiantil que se rebelaba intramuros.
Esta enumeraciónrevela sucintamente el modus operandi de las administraciones federales posteriores; ahora se observa un crecimiento del número de grupos de porrosy vendedores de droga en la UNAM, el Politécnico y muchas instituciones de educación media y superior (DGETI´s, CONALEPs, etc), en tanto que los grupos paramilitares fueron repartidosalternadamentepor el país, para reprimir la insurgencia campesina y popular.
Con desaparecer nomás porque sí el porrismo,mediante una declaración en la prensa o un congreso estudiantil, se desea soslayarla complejidad oficial de su raíz. Esa decisión podría crear problemas delicados, porque impediría mantener el cordón sanitario básico en torno a los conflictos contra el gobierno y las autoridades educativas; se tendría queatraerpor costumbre al ejército y los granaderos. ¿Existe la suficiente fuerza de decisión para que los funcionarios educativos del gobierno desaparezcanun recurso ilegítimo, creador de violencia y rapacidad, que ha sido útil durante muchas décadas? ¿Serán capaces de desmantelar un subterfugio valioso para el esquema represivo y de control social del gobierno federal?
3)
El Morena ha sido discreto al opinar acerca de la demostración violenta que escenificaron los porrosextraídos de diversos planteles, para golpear a los alumnos del Colegio de Ciencias y Humanidadesde Azcapotzalco que se manifestaron frente a la rectoría de la UNAM el pasado 3 de septiembre.
Las escenas de la televisión y las redes sociales fueron ricas en mostrar cómo un grupo represivo, con tácticas organizadas, entrenamiento y recursos, dispersaban con destreza a los alumnos que protestaban contra el asesinato y calcinación de una compañera del CCH-Oriente, y exigían el esclarecimiento del crimen.
Silencio. Los jóvenes militantes morenistas no participaron con un contingente propio en la marcha dela Ciudad Universitaria del día 5 de septiembre. Silenciaron su solidaridad con el gremio estudiantil para no ensombrecer la “transición tersa” y la imagen de su líder.
Algunos jóvenesmorenistas aceptansu ignorancia acerca del fenómeno social de los porros. Aquí les voy a dar un tip: para llenar esa laguna, pregúntenle al Ing. Javier Jiménez Espriú, militante de élite del Morena y futuro funcionario del gobierno federal, acerca de sus tiempos en que fungió como secretario general administrativo de la UNAM, durante la rectoría del Dr. Guillermo Soberón. Podría ser provechosa esa consulta, porque Jiménez Espriú manejaba desde su oficina el enorme conglomerado de porros de la UNAM, quienes le ayudaban a ejercer su “gobernabilidad” ejemplar sobre la comunidad universitaria.
Hoy se afirma que con el próximo presidente de la República desaparecerán los porros en las escuelas y universidades. Es encomiable esa intención. El problema es saber cómo, porque los nuevos funcionarios educativos no tardarán en otorgar nuevamente los incentivos necesarios a los grupos que cuidarán sus espaldas e intereses. Ya se dijo: el porrismo es parte de la estructura represiva del gobierno desde hace 90 años, es carne de su carne, parte intrínseca de él. El beneficio de mantenerlo es superior a las catilinarias morales con que se adornan, frente a esos hechos delictivos insuperables, el rector de la UNAM Enrique Graue Wiechers y los exrectores Juan Ramón de la Fuente y José Ramón Narro Robles (éste, con un extenso palmarés de leyendas y acciones violentas contra los estudiantes). ■

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