El exhorto

El exhorto

Un exhorto no pasa de ser una invitación sin generar compromisos, generalmente; puede ser respetado, o, simplemente, queda como una anécdota que no cumplió su objetivo, por las relaciones de poder que se derivan del solicitante y a quien se dirige. Mediante éste artilugio, un grupo de los nuevos diputados federales, mostrando el compromiso hacia sus votantes, intentaron sensibilizar a las altas cúpulas del Instituto Nacional para la Evaluación Educativa (INEE), para detener la “valoración” del personal de carácter docente, técnico docente o directivo, del Sistema Educativo Nacional. Los aún ensoberbecidos representantes de la aniquilación y la desestabilización magisterial, endurecieron su postura y su respuesta fue contundente: La evaluación sigue adelante, independientemente de los daños psicológicos causados a la mayoría de los maestros y la inestabilidad social que está causando.
Legalmente un exhorto se puede considerar como un documento que envía un juez o un tribunal mandatando el cumplimiento de cierta petición, y en el plano laboral, el exhorto funge como una amonestación que expide el patrón hacia su subordinado. Parece que en ninguno de estos dos casos se puede identificar la petición expedida por los recién electos diputados federales, principalmente los que se identifican contrarios a las políticas impuestas de manera antidemocrática por los salientes diseñadores de la desgracia nacional; es necesario conocer cuál fue el motivo de la publicidad desmedida que se ha estado presentando en las redes sociales, en el entendido que muchos trabajadores de la educación “se fueron con la finta” y desplegaron las banderas de un triunfalismo exacerbado, al creer que ya no serán evaluados.
La obligación política para hacer una invitación a las cámaras legislativas, o mejor dicho, de girar una orden para revertir legalmente las disposiciones hechas ley en cuestión educativa, recae en Andrés Manuel López Obrador, quien de acuerdo a sus compromisos de campaña, a partir del primero de Diciembre próximo, estaría en condiciones ejecutivas de expedir el exhorto, pero, por lo pronto, la agenda en cuestión evaluativa sigue su curso; eso estipula el comunicado oficial del INEE y sus lineamientos: el Informe de responsabilidades Profesionales se desarrollará del 15 de Octubre al 2 de Noviembre del año en curso; el Proyecto de Enseñanza se estará subiendo a la plataforma del 3 de septiembre al 26 de Octubre y el “Examen de Conocimientos Didácticos y Curriculares”, del 3 al 25 de Noviembre, según información vertida en las plataformas de la Ley General del Servicio profesional Docente (LGSPD).
Cabe agradecer la buena voluntad que exhiben los diputados federales recién electos, pero tal parece que sus declaraciones públicas obedecen a otro tipo de situaciones, más allá de brindar certeza y seguridad a los integrantes del magisterio nacional, de cualquier tendencia “sindical”. En la práctica, la falta de transparencia de los procesos evaluativos ha generado una total desconfianza en cada uno de los simples mortales que han de ser evaluados, y posiblemente muchas caras de complacencia cínica y desvergonzada de quienes seguramente “tienen su futuro asegurado”, ya que inexplicablemente, y a vista de todos, quienes menos muestran un apego a la calidad educativa se promueven varias veces en un solo momento, contrario a los procesos presentados anteriormente, cuando no existía el engendro de selección en el magisterio.
Popularidades necesarias para justificar el incumplimiento de las promesas de campaña relacionadas con las percepciones de los representantes del pueblo, que aseguraban que nadie iba a ganar más que el propio presidente, evasivas para atraer simpatías hacia una función pública que no goza de la credibilidad de las mayorías, o una chanza adelantada del 28 de Diciembre… no se logra entender. Si ha de caer la reforma educativa, se deben cumplir los protocolos necesarios en cuestión legislativa, correspondientes a una indicación de la más alta representación nacional.
Entre exhortos y exhortados, la incertidumbre en el magisterio nacional “pone los pelos de punta” hasta a los más forjados. La evaluación se sostiene, y una buena cantidad de maestros del país van a ser “examinados”, aunque muchos, entre ellos un servidor, no le vemos una finalidad eficaz para combatir los grandes problemas de la educación pública (y privada). Los resultados en cuanto a la adquisición de saberes, por parte del alumnado, se mantiene en un promedio equiparable al que se presentaba antes de la “reforma”; se ha modelado un tipo de ciudadano acorde a los intereses de la “gobernabilidad” y de la sumisión en la empresa; se ha dado un poder desmesurado a la participación de los padres de familia, que en muchos casos, evidenciados, ha incrementado la corrupción en el manejo de los recursos económicos. Estupenda “reforma educativa”, aún más si se consideran los sainetes que se representan en ese extravío denominado Consejo Técnico Escolar, que no resuelve problemas, y en el que se proyectan los productos deseables en los alumnos: el más sumiso en un “excelente” maestro. La reforma educativa debe caer; la evaluación, como ellos la conciben, no está generando la excelencia que discursivamente pretenden. Al final, la decisión está en cada uno de los integrantes del gremio magisterial, de esos que no tienen su futuro asegurado al no ser condescendientes con alguna fracción político-sindical e inclusive partidista. ■

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