La cuarta transformación, ¿incluye el rescate de las universidades públicas?

La cuarta transformación, ¿incluye el rescate de las universidades públicas?

El presupuesto federal 2018 está cerca de su última ministración trimestral. Se supone que en octubre se dispersa. Si hay voluntad de Gobierno Federal para aliviar el ahogamiento financiero de las universidades estatales en crisis, ya deberían en estos momentos estar planeando las reconducciones presupuestales que den salida a este problema. Por los últimos acontecimientos, observamos poco probable que eso ocurra. Lo más que se podría lograr en ese aspecto es un adelanto de recursos del próximo año. La indiferencia del actual Gobierno Federal con la educación superior es pasmosa. Pocos países en América Latina presentan el abandono educativo que ocurre en México, sobre todo en la educación universitaria. Otros, como Ecuador, la convirtieron en un componente estratégico de su proyecto de desarrollo, con buenos resultados. Saben que la innovación es la clave para la productividad, y esta última es a su vez la base para el crecimiento de la economía y el mejoramiento de los salarios. Y como sabemos, la innovación es impensable sin el impulso a la educación.
La existencia de dogmas es indicadora de la baja calidad de la gestión. Y es evidente que el gobierno federal actúa con criterios dogmáticos de sus escuelas neoliberales: es más barato comprar patentes que producirlos en el propio país. Por ello, sus presupuestos a la investigación científica son ridículos. Y sus políticas para las universidades han resultado un fracaso: niegan la posibilidad de ampliar los presupuestos ordinarios, y dan la opción que las Instituciones de Educación Superior (IES) accedan a más recursos, pero con carácter de extraordinarios y no consolidables; por proyectos específicos y de acuerdo a programas de calidad que promueve la Secretaria de Educación. Es una manera de conducir la supuesta calidad en las universidades. Sin embargo, pasaron dos indicios de fracaso de su política: hay universidades que hicieron caso a sus políticas de calidad y subieron sus resultados de acuerdo a esos indicadores, y sin embargo, están hundidas en la crisis financiera (es el caso de la UAZ); y dichas medidas de ‘calidad’ no han impactado en el desarrollo de los estados. Son indicadores que poco ayudan al impacto directo del desarrollo de los estados. Por ejemplo, la vinculación está fuera de los estímulos. Son políticas de calidad de muy baja calidad. Algo típico en el neoliberalismo.
Este gobierno ya no genera ninguna esperanza: sólo esperamos que se vaya y contamos los días. Por ello, la presión fuerte se concentra en el gobierno entrante. Sabemos que el equipo de transición participa en la elaboración de los presupuestos. Y por ello, esperamos que ese equipo impulse el apoyo a las universidades públicas estatales y permitan no sólo que sobrevivan, sino que se conviertan en la clave para el desarrollo de sus estados. Se requiere visión para planear un plan en ese sentido. ¿La cuarta transformación incluye a la educación superior? ¿En qué prioridad? Ojalá se logre una verdadera negociación donde las autoridades aporten mayores recursos para la educación superior, y estas últimas se comprometan a mejorar su transparencia, cuidado de los recursos, y sobre todo, a involucrarse en los procesos de innovación que impacte en el desarrollo de sus estados. Si eso ocurre, el país entero saldrá ganando.

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