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La UAZ: crisis financiera, múltiples mejoras y 3 pendientes graves

La UAZ: crisis financiera, múltiples mejoras y 3 pendientes graves

En su 50 aniversario, la UAZ continúa en crisis financiera. Es evidente que esa realidad deficitaria es producto de una brutal injusticia que sufre la educación superior en México. En los últimos 3 sexenios este nivel educativo no ha sido prioridad, y por tanto ha sufrido la marginación presupuestal. No es gratuito que 17 universidades estatales estén con graves problemas económicos, y 5 de ellas se ubiquen en la quiebra parcial. En esas 5 últimas está la UAZ.

En este contexto, el gobierno actual y el nuevo tienen la obligación de rescatar a la UAZ y al resto de universidades púbicas mexicanas. Los universitarios no han hecho mal su trabajo: en todos los indicadores de calidad oficiales se observan avances importantes. Si hay más de 400 profesores en cuerpos académicos significa que la formación docente y la investigación ha dado un salto; y si 21 postgrados están en el padrón de programas de calidad y el 80 por ciento de las licenciaturas están acreditadas, indica que el trabajo académico se ha hecho con seriedad. En suma, no hay un solo argumento válido para que gobierno federal niegue el aumento de subsidio a la UAZ. Además de que el gobierno se ha comportado especialmente injusto con la universidad zacatecana, ya que ésta tiene uno de los costos por alumnos más bajos del país: no rebasa los 54 mil pesos anuales por alumno, mientras universidades parecidas a la UAZ está en el orden de los 82 mil pesos. Es una universidad barata, que hace más con menos. Insistimos: no hay argumento para negar más recursos a la Alma Mater de los zacatecanos. Un subsidio total de mil 844 millones para mantener la actividad de más de 40 mil personas es una bicoca. Le faltan casi 200 millones para sacar su gasto mínimo este año. Gasto que destinado en un 96 por ciento al pago de nómina; lo cual significa que no incluye el necesario gasto en laboratorios o estancias y decenas de actividades necesarias para la actividad académica.

Sin embargo, también observamos problemas que siguen ahí. Gestionar no significa pedir. Gestionar es hacer efectivo un objetivo. Y una pregunta, ¿limpiar sus procesos internos de recursos propios y transparencia administrativa sirve para la gestión? O, ¿darle a la actividad académica mayor pertinencia social no es una forma efectiva de gestionar mayores recursos? Pensamos que sí. Por ello, aun si la prioridad de esta administración es resolver el problema financiero estructural, una forma de apoyar esa finalidad es cumplir con la promesa de la Reforma Universitaria. La Reforma fue una promesa de campaña que sigue incumplida. Otra cosa de mucho peso: la certeza del gasto honesto. En el informe de hace un año (6 septiembre 2017) se prometió un sistema universitario anticorrupción, y a la fecha no hay nada. El reglamento sobre presupuesto e ingresos propios continúa en la inexistencia, en medio de escándalos mediáticos por el cobro de cuotas altas en ciertas escuelas. Es decir, al menos hay tres tareas esenciales para mejorar la capacidad de gestión que están incumplidas en los 2 años de esta administración: (1) reforma universitaria, (2) sistema anticorrupción y (3) reglamento de presupuesto. Si esta administración logra concretar estos tres pendientes, el respaldo social y político será arrollador en sus procesos de gestión financiera. Si lo hacen, al menos, La Jornada se apunta.

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