La Educación (primera parte)

La Educación (primera parte)

Werner Wilhelm Jaeger, nacido en Lobberich, Alemania, el 30 de julio de 1888 y fallecido en Estados Unidos el 19 de octubre de 1961, fue un filólogo especializado en la cultura griega, principalmente en Aristóteles, y su más grande obra, Paideia, sigue siendo un referente de máxima trascendencia para quienes persiguen los más excelsos ideales humanísticos referentes a la formación del ciudadano; porque el producto de la educación debe ser generador de mejores condiciones para la convivencia social, se entiende, en cualquier momento histórico.La obra ejemplifica con el mundo de la época de oro de los pueblos helenos, pero por tratarse de un clásico de la literatura universal, puede aplicarse a cualquier momento histórico; a nuestros días,e inclusivea un país decadente como el nuestro.
Introduciendo las finalidades del proceso educativo y la búsqueda de la excelencia del individuo insertado en un grupo social, Jaegerestablece: “Todo pueblo que alcanza un cierto grado de desarrollo se halla naturalmente inclinado a practicar la educación, que es el principio mediante el cual la comunidad humana conserva y transmite su peculiaridad física y espiritual”, para luego exponer la labor educativa de los grandes pensadores de la Grecia del siglo V a. C., incluyendo a Homero, quien, al no haber acuerdo, tuvo que haber vivido su “acmé” a mediados del siglo VIII a. C.
Entre representantes de la poesía épica, trágica, y apoyándose en los máximos exponentes de la filosofía, la política y el arte de la época períclea, Jaegerexpone, a los interesados, los ideales ciudadanos de aquellos momentos, que coadyuvaron a un desarrollo comunitario y que sirvieron de prototipo para la cultura moderna; en el entendido que la ilustración clásica griega es el fundamento, los cimientos, de la cultura occidental. La búsqueda de la excelencia, de la areté, para desplegar el máximo carácter humano en las diferentes actividades productivas, principalmente la política, queda concretada como la vocación más egregia a la que debe acceder el individuo, para, en conjunto con sus conciudadanos destacar como “polys”, como una comunidad plena en su desarrollo y tendiente a lograr la felicidad de todos sus integrantes.
Reflexionando un poco sobre el Gorgias platónico, se puede hacer una diferenciación entre la adulación y la verdadera educación. Más allá de la cuestión filosófica acerca de las posibilidades de “enseñar” la virtud, o desarrollar las máximas capacidades de cierto individuo, en sus actividades, siempre de carácter social, se puede hacer una crítica certera sobre los cometidos o las intenciones de los diseñadores de las políticas educativas actuales. La controversia se debe centrar en el hecho de una educación, un adiestramiento para desempeñarse en las cuestiones laborales que fortalecen a la empresa, o si verdaderamente sirven de fundamento para la transformación social, rumbo a las condiciones óptimas de convivencia social.
Me parece que el desastre social, las inconformidades evidentes de un conjunto de seres humanos que viven y conviven en nuestro país es producto de la desatención educativa, que sólo en el discurso pretende generar mejores ciudadanos, en sus relaciones interpersonales, bajo una interpretación diversificada del concepto “calidad”. Echando un vistazo al artículo tercero constitucional, podemos enterarnos que casi ninguno de sus postulados se cumple a cabalidad, y claro que hay culpables, deslindando los entendidos entre culpabilidad y responsabilidad. En su segundo párrafo, el artículo tercero establece que “La educación que imparta el Estado tenderá a desarrollar armónicamente, todas las facultades del ser humano y fomentará en él, a la vez, el amor a la Patria, el respeto a los derechos humanos y la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia”. Hermosa declaración, casi apegada a los ideales de la Paideia griega, pero la pregunta obligada es: ¿se pueden observar los efectosde esa educación de “calidad” pregonada desde las más altas esferas diseñadoras del desastre social? A muchos nosparece que no.
Una interpretación equivocada evidente con respecto al desarrollo armónico de las facultades del ser humano, confunde la mansedumbre del catolicismo con la exaltación humanística del individuo. Desde este punto de vista, los excelentes “maestros” son los que se rinden a caprichos irracionales de la autoridad inmediata, los que siguen al pie de la letra las imposiciones del patrón, por el simple hecho de ganar o mantener privilegios. De esto deriva el fracaso educativo, aparte de un mal entendimiento de los principales conceptos involucrados en el proceso.
Una “reforma educativa” que fomenta sólo la “disciplina” en los involucrados, no puede fungir como cimiento de un verdadero proceso formador de ciudadanos. En el carácter adulatorio de una de las aberraciones de la “reforma”, en su “autonomía curricular”con sus mal interpretados clubes, se observa el desinterés de las autoridades por aportar un desarrollo educativo real. Al parecer, dicha aberración estaría por desaparecer con la llegada del nuevo gobierno federal, pero por lo pronto, el magisterio nacional, no capacitado y engañado, echará a andar un engendro “institucional” que garantiza la adulación hacia los futuros ciudadanos, con la negligente aplicación de distractores que más le aportarán a la deformación social que a la transformación del país… ■

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