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¿Consultas ciudadanas?

¿Consultas ciudadanas?

Desde antes de que fueran implementadas las tan polémicas reformas estructurales, el ahora presidente electo, señaló que estas debían someterse a consulta popular, incluso realizaron por si mismos un ejercicio a través del naciente Movimiento de Regeneración Nacional para informar sobre la finalidad de las mismas, el impacto que tendrían a la economía y por ende en la población, al mismo tiempo para preguntar a los ciudadanos si estaban de acuerdo en que fueran aprobadas las mismas; no se logró ni con la exigencia social que el Instituto Electoral realizara legalmente dicha consulta a la población, la independencia de dicho instituto se puso en duda.
Actualmente, en diversas declaraciones ha señalado que la continuidad o en su caso la eliminación de dichas reformas serán sometidas a la voluntad popular mediante consultas ciudadanas; ¿que sea el pueblo el que decida sobre tan importantes decisiones? es el cuestionamiento que realizan algunos de los críticos de Andrés Manuel y parte de la nueva oposición que al parecer aún no logra adaptarse a éste papel. Los mexicanos, durante años hemos sido partícipes de todo menos de una democracia real, hemos sido educados durante generaciones para creer que la democracia se basa en salir a votar y regresar a nuestras casas con la esperanza de que quienes resulten electos cumplan su palabra y de no ser así aguantarnos hasta que concluya su encargo para volver a salir a elegir a otro y así sucesivamente.
La insistencia por parte de cientos de miembros que apoyaron un proyecto nacional para lograr una cuarta transformación del país va más allá de una gran participación en las jornadas electorales, concientizar a la población sobre la importancia de cambiar nuestra forma de inmiscuirse en la vida pública y política del país para obtener como resultado una población politizada que se interese y que influya directamente en la toma de decisiones, desde las que son tomadas por una colonia, un barrio, una presidencia municipal, hasta las que son tomadas por el Congreso de la Unión y por el Presidente de la República, pues estas impactan y modifican la realidad en la que vivimos como sociedad.
La reforma fiscal de hace casi cinco años fue implementada sin siquiera informar a profundidad a la población, el resultado fue el aumento de impuestos que debe pagar la ciudadanía, hasta en el alimento para nuestras mascotas repercutió, las grandes empresas no sufrieron ningún roce ni con el pétalo de una rosa; la reforma educativa no mejoró la calidad educativa en el país, sino que terminó por apretar más a los maestros, administrativa o no, no benefició a nuestros niños y jóvenes; la reforma energética terminó por ser un plan para beneficiar a las grandes transnacionales que ahora pueden vender cualquier tipo de gasolina al mismo precio que se nos fijó; de igual forma aumentó la luz y el gas, trayendo consigo el aumento en los productos de la canasta básica, como la tortilla, el huevo, la leche, entre otros, alimentos con los que sobreviven millones de mexicanos que por su condición económica no tienen la posibilidad de acceder a otros alimentos, ni las numerosas movilizaciones sociales en repudio a dichas reformas lograron evitar que nuestro presidente y la mayoría en el congreso aprobaran estas lascivas reformas pues el interés no era el pueblo, eran intereses económicos y probablemente miles de millones de pesos que fueron destinados al maiceo de los legisladores. El interés personal venció sobre el colectivo.
Si este tipo de democracia que nos han ofrecido hasta ahora no ha beneficiado en nada a los ciudadanos ¿por qué no darle un giro drástico? ¿Por qué no permitir que sean los ciudadanos los que tomen la decisión sobre el rumbo económico y político del país? ¿Qué no es esa la esencia de la democracia? Si bien es cierto que el nivel educativo y cultural respecto a temas políticos y públicos en nuestro país es bajo, la sociedad ya ha demostrado que puede participar basándose en la información como lo hicieron el pasado proceso electoral, votaron de acuerdo a las propuestas de un proyecto nacional, arrojando al presidente más votado en la historia del país, ahora le toca a quienes se vieron beneficiados por dicha votación, informar sobre las propuestas que realizarán y que tendrán impacto en la vida diaria de los mexicanos. Para fortalecer a nuestra democracia hay que buscar las herramientas y los métodos para devolver el poder al pueblo, para que sea el mismo el que decida sobre el bienestar colectivo. Las consultas ciudadanas deben ser parte de esta estrategia para cambiar a nuestro país. No se trata de lo que los críticos y la nueva oposición quiera, hay que buscar que sea la voluntad popular la fuerza para transformar a México. ■

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