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Muletas*

Muletas*
Pieter Brueghel el Viejo. 'Los mendigos'. 1568. Museo de Louvre, París.

La Gualdra 350 / Filosofía / Cartoneras

A la memoria de Armando Haro

Por estos días hace ya alrededor de ocho años recibí la invitación para trabajar en un proyecto de descentralización de las Preparatorias de la UAZ. El proyecto consistía en instalar una nueva preparatoria en el municipio de Francisco R. Murguía, Nieves, con módulos de trabajo de quince días por quince días. En el bloque que me correspondía compartí espacio con Armando Haro, quien terminaría por convertirse en un gran amigo y hasta mi compadre.

Durante el transcurso del día estábamos en nuestras actividades académicas y por las tardes en actividades culturales que tanto Armando como yo habíamos planeado para compartir un poco de lo que nosotros teníamos con aquellos jóvenes llenos de energía y ganas de aprender lo que fuera. Por las noches, aún temprano para seres trasnochadores como lo éramos nosotros, seguíamos aprendiendo ahora uno del otro. Recuerdo particularmente una noche en la que luego de haber degustado una deliciosa torta española preparada por Armando -que era un gran cocinero- y de bebernos media botella de un licor de membrillo que habíamos descubierto en una de las dos vinaterías que existían en Nieves, empezamos a platicar de Nietzsche.

Armando me platicó del episodio de Así habló Zaratustra en el que Zaratustra se topa con un grupo de lisiados y mendigos; yo no lo conocía, así que leímos el apartado completo y ahí empezó la plática que nos llevaría más de una noche. Los lisiados, son aquéllos que teniendo oportunidad de aprender se quedan repitiendo lo que escuchan de los maestros, le decía yo. Sí, pero también hay lisiados que saben que hay otra posibilidad de conocimiento y no quieren tenerlo, decía Armando. Y hay otros lisiados, que creen que saben y se erigen como los dueños del conocimiento; como tantos conocemos en Zacatecas, concluíamos ambos. Pero no vamos a decir nombres, decía Armando, porque se puede enojar “Fulanito”, soltando una de sus sonoras y características carcajadas. Y así disertábamos sobre el pasaje y lo que veíamos a nuestro alrededor; disfrutando del arte de conversar y de pensar de manera diferente, fuera de las grandes aulas universitarias y cerca de la naturaleza y la vida rural.

Más tarde, tuve un encuentro con el cuadro de los lisiados de Pieter Brueghel el Viejo; en él, un grupo de cinco leprosos, a los cuales les faltan miembros del cuerpo, se encuentran en la orilla de un río a las afueras de la ciudad ya que se alcanzan a ver las murallas que la cercan como símbolo de su lejanía con el pueblo y sus asuntos.

Los mendigos traen en sus ropas colas de zorros -la señal de la lepra en aquellos tiempos-. Lo que me atrapó del cuadro y llamó mi atención es el atavío con que el pintor los presenta; traen sombreros que los distinguen: uno de ellos trae lo que semeja una mitra, otro un sombrero característico de los galenos, hay uno que porta el sombrero de los profesores, y otro más un sombrero como los que utilizaban los eruditos en leyes, por último, uno de ellos porta un sombrero característico de los artistas o poetas. Como si el pintor quisiera con ello darles características de los gremios pensantes de la época.

Sin embargo, lo que más sorprende es que tres de las figuras presentes en el cuadro, quienes se muestran de frente, no muestran características de dolor ni sufrimiento físico; al contrario, parece que disfrutan su condición de lisiados. No les duelen las llagas, no les causa sufrimiento el dolor de la piel o la ausencia de sus miembros, porque se encuentran cómodos en su condición, recibiendo la caridad y viviendo a expensas de los otros.

Vienen a colación las discusiones con Armando y el cuadro de Brueghel, para la presentación de este libro cartonero: Nietzsche. Tragedia versus filosofía, de Jorge Juanes; porque en su introducción se nos explica precisamente que para pensar hay que hacerlo desde una manera diferente, atreverse a hacerlo sin ataduras, no esperar el apoyo de alguien más y, sobre todo, no regocijarse en la condición de lisiados.

El autor nos va preparando para una manera diferente de enfrentar a la tragedia y a la filosofía: Nietzsche alienta a pensar por cuenta propia, con originalidad, pues pensar es crear, constituir, aportarle al mundo algo que no existía. En otras palabras, se trata precisamente de alejarnos la actitud de los lisiados que encuentran tan cómodos con su condición, porque como dice Zaratustra:

Si al jorobado se le quita su joroba, se le quita su espíritu –así enseña el pueblo. Y si al ciego se le dan sus ojos, verá demasiadas cosas malas en la tierra: de modo que maldecirá a quien lo curó. Y el que haga correr al paralítico le causará el mayor de todos los perjuicios: pues apenas pueda correr, sus vicios, desbocados, lo arrastran consigo.

Por ello los lisiados más que padecer, gozan con su condición, de igual manera que los que se representan en el cuadro de Brueghel, que tienen miradas perdidas, pero felices. Es más fácil instalarse en la comodidad porque, una vez más en palabras de Juanes:

Atreverse a pensar significa insubordinarse ante valores gregarios y directrices unívocas, lo que conduce a romper filas, a rebelarse, a crear un corto circuito disonante que escapa de la asfixia del denominador común: “Sobre cómo concibo yo al filósofo, como una terrible materia explosiva, ante la cual todo se encuentra en peligro”.

Este libro de Jorge Juanes obliga a pensar, obliga a dejar la comodidad de la academia. Dejar la condición de lisiados para ver de una nueva manera la filosofía, la tragedia, el arte. Los invito a leerlo, a pensar con él, a recrear. A mandar de una buena vez, y a la chingada, las muletas.

*Presentación del libro: Nietzsche. Tragedia versus filosofía, de Jorge Juanes, editado por Cartonera La Cecilia y Mejorana Cartonera, 3 de agosto 2018, Zacatecas.


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