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La destreza de observar el mundo recostado entre las vías del tren: José Agustín Solórzano

La destreza de observar el mundo recostado entre las vías del tren:  José Agustín Solórzano
José Agustín Solórzano. Foto de Berenice Hernández.

La Gualdra 350 / Entrevistas / Poesía

José Agustín Solórzano (Valle de Santiago, Guanajuato, 1987), es miembro de la Sociedad de Escritores Michoacanos. Autor de los libros de poesía Dos versiones del libro que no escribí (Abismos, 2017), Ni las flores del mal ni las flores del bien (Premio Michoacán de Poesía Carlos Eduardo Turón; Secretaría de Cultura de Michoacán, 2015), Monomanía del autómata (FETA, 2014), Alguien ha salido a buscarme (Diablura, 2012) y Versos, moscas y poetas (Premio Michoacán Ópera Prima en poesía; SECUM, 2009). También es autor de Cuaderno de ensayo (Premio de Ensayo María Zambrano; SECUM, 2017) y de la novela Rompecabezas (FOEM, 2015). Antologador de Parkour pop.ético (SEP-DGESPE, 2017). En 2017, fue ganador de los Juegos Florales Nacionales de Lagos de Moreno y de la Condecoración al Mérito Juvenil de Morelia. En 2015, obtuvo el Premio Regional de Literatura para Niñas y Niños del Instituto de Cultura de Guanajuato. En 2012, fue becario del Programa de Estímulos a la Creación y al Desarrollo Artístico de Michoacán (PECDAM). Ensayos, poemas y cuentos suyos aparecen en una docena de antologías. Sin duda, José Agustín Solórzano es un referente de la poesía actual michoacana. Ha participado en el fomento de la lectura a través de varios eventos organizados desde la SEMICH, destacando el Viernes de escritores michoacanos y varios diplomados sobre apreciación literaria. Su poesía nos lleva por varios terrenos, haciéndonos caer de forma precipitada, hasta el punto silencioso donde el pensamiento altera sus maneras de pensar y la forma en la que habitamos nuestro mundo. José Agustín Solórzano es un poeta que nos replantea la vida.

Armando Salgado: Si hay una característica que pueda reflejar tu escritura, es la defensa continua de la originalidad. No te importa lo que los demás piensen o digan de tu obra o sobre lo que pienses y digas. Detestas muchas cosas y lo haces público: ¿qué te hace estar en la línea de batalla y moler con poemas los convencionalismos?, ¿qué relación hallas entre la literatura y la cultura pop que en cierto modo ha sido influencia para tu generación?

José Agustín Solórzano: Creo que la literatura es constante reclamo, no siempre contra convencionalismos sociales, a veces el reclamo es contra uno mismo. La poesía, la literatura nacen de la inconformidad: la sociedad, el mundo, mi vida, no son como quisiera que fueran. Desde ese Yo que no se conforma se construye otro mundo con otros símbolos, donde se puede ser realmente ese Yo primigenio. En ese sentido, respondo tu segunda pregunta, la literatura no está relacionada con la cultura pop, pero sí lo está con la vida; la poesía es pura vida, energía vital que uno –con cierta técnica– plasma en un papel, en una melodía, en una imagen; no imagino a un buen escritor que no haya vivido con cierta intensidad. Así, eso que llamamos cultura pop no es más que el contexto en el que sucede la vida que nos tocó a los que nacimos a finales del siglo pasado, y es evidente que debe estar presente en la obra, pero como contexto, no como fundamento de lo literario, un error que muchos cometemos cuando empezamos a escribir. Entonces, no puedo entender la literatura sin la vida, y así como para escribir, también para vivir con intensidad se necesita ser un inconforme, un “reclamador vital”.

AS: ¿Por qué te interesó la poesía?, ¿qué rasgos consideras fundamentales en su escritura?

JAS: Yo creo que a la poesía me fueron llevando muchas cosas y ninguna estuvo en mis manos; el gusto por la ficción desde pequeño, luego mis lecturas tempranas de la Biblia, mi acercamiento a la música y a la escritura de canciones, así como un par de amigos que me dijeron que no escribía mal. Terminé siendo considerado un escritor de poemas cuando yo quería hacer otra cosa; sin embargo, considero que la poesía es la forma original de la literatura y del arte. Para no alargarme en ello puedo decirte que escribir poesía es sólo una forma de hacerla, porque uno puede hacer poesía de muchas maneras, pero para “atraparla” –por decirlo de algún modo– hay que codificarla con un lenguaje específico, con una técnica concreta, para ello nosotros elegimos la literatura, el poema.

No creo que en la actualidad haya “rasgos específicos” para escribir poesía. La realidad poética a la que nos enfrentamos en este siglo es impresionante, cualquier cosa puede ser poesía, pero casi nada lo es. Pareciera una contradicción, pero no lo es, la potencialidad que ha alcanzado el lenguaje poético es infinita, pero la realización de esa potencialidad pocos la logran. Cuál es el problema, que la literatura es un objeto que hay que apreciar a la distancia y no podemos saber hoy lo que en cincuenta años sobrevivirá como una obra indispensable. La literatura debe leerse lento y juzgarse todavía con más lentitud. A uno puede o no gustarle cómo escribe x o y poeta, pero no puede estar seguro de que lo que escribe sea poético o no. Lo poético es primero una sensación íntima y, luego, mucho después, el canon la volverá (o no) una estética pública.

AS: Además de poesía has escrito narrativa y ensayo; compártenos un recorrido entre tus libros: ¿de qué van?, ¿hay líneas transversales entre ellos?, ¿dónde se consiguen?, ¿qué libro nos recomendarías leer si nos acercáramos a ti por primera vez?

JAS: Yo creo que hasta ahora hay dos momentos en mi obra, los libros que están publicados pertenecen al primer momento, a excepción quizá de Cuaderno de ensayo, que es un libro más lento; sin embargo, mi primer libro, Versos, moscas y poetas es un poemario con la velocidad propia de la adolescencia, lo escribí entre los 17 y los 20 años y hay en él una chispa que quiere hacer explotar todo lo que toca, aunque no lo logra, claro. Luego viene una pequeña plaquette en la que exploro una poesía diferente: Alguien ha salido a buscarme es una búsqueda de otros temas, temas que en libros más actuales he explorado con más lentitud. Los tres libros que siguen podrían ser el mismo libro y son seguramente éstos los que me han dado la voz que me caracteriza. La tríada Ni las flores del mal, ni las flores del bien, Monomanía del autómata, y Dos versiones del libro que no escribí fue escrita en la misma época de mi vida (un par de años) y construyen una personalidad poética que en lo particular me gusta, pero que he ido cambiando por otra. También publiqué una novela que gracias a los ineptos burócratas del Estado de México es inconseguible, Rompecabezas es un ejercicio narrativo que me gustaría publicar de nuevo en otro sitio. Y por último Cuaderno de ensayo es un libro que ya pertenece a un segundo momento de mi vida creativa. Me gusta, porque escribir ensayo, a diferencia de la aberración que concibe la academia, es ejercer la forma más libre de la literatura, te permite trabajar con los otros géneros y decir lo que se te venga en gana. Pueden encontrar uno de mis libros en Educal, un par de ellos están ya en descarga libre en internet, y el más reciente se puede comprar por Amazon o conmigo mismo. Yo recomendaría que empezaran leyendo cualquiera de esa tríada que menciono, pero también recomendaría el libro de ensayos. Aunque claro, hay lectores que creen que soy más bien un payaso, mientras otros encuentran en esos libros un buen aliciente para leer poesía. No sé, yo estoy de acuerdo con ambas perspectivas.

AS: ¿Para ti cómo se debe concebir la literatura y el arte en estos tiempos donde el consumo es una consigna?

JAS: Como una necesidad personal, o tal vez como una obsesión. La literatura por sí misma no es un producto de consumo –lo son los libros que no es lo mismo–, tampoco es un trabajo –no vas a vivir de hacer literatura, vives de ciertas consecuencias de la vida literaria–, lo que sí es que es una necesidad. El que escribe es porque lo necesita, porque no podría no hacerlo. También hay escritores que son pura técnica, que alegan la disciplina y el esfuerzo, que ven la literatura como un ejercicio constante para escribir novelas o libros que se venderán a públicos específicos, como hacer zapatos o maquillaje, y eso también está bien; la literatura puede crear productos de consumo –de hecho, lo hace–, pero no es un producto de consumo. Para comprobar esto habría que entrar en una discusión más larga.

AS: Háblanos sobre los autores que más te han asombrado, sobre los libros clave en tu librero, sobre las películas o series de televisión que son parte de tu canon; ¿qué hay en esos referentes que pudieran propiciar las ganas de leer o de ver en el público gualdreño?

JAS: No me alcanza el espacio de la entrevista para mencionarlos todos. Cada año descubro nuevos libros o nuevas películas que se agregan a mi lista de favoritos. Pero te respondo con los primeros que se me vienen a la mente y que están en mi top. Yo creo que hay que leer a Nogueras, a Borges, a Alessandro Baricco, a Montaigne, a Hazlitt, a Nietzsche, a Emerson, a varios narradores mexicanos actuales también y a varios poetas, pero mejor paso porque en este campo omitir nombres es ofender a alguno y así como hay muchos que respeto, otros me parecen unos tomadores de pelo profesionales. He visto mucho cine, pero de lo último que recomendaría están: A ghost story –una belleza–; El incidente, del cineasta mexicano Isaac Ezban; Tres anuncios por un crimen, y La bruja de Martin McDonagh. Mientras que hay que ver la serie Mr. Robot

AS: Eres integrante de la Sociedad de Escritores Michoacanos, pero también has conformado parte de otros grupos literarios: ¿consideras importante pertenecer a un grupo, a un taller literario, estudiar letras e intentar incidir en la sociedad desde cualquier espacio en compañía de otros?, ¿qué sugerencias le aportarías a quien frecuenta o desea participar en la vida literaria de su región?

JAS: Trataré de responder en orden. Yo creo que uno puede decidir o no formar parte de un grupo de lo que sea, pero el ser humano es gregario por naturaleza, para incidir en cualquier toma de decisión siempre es mejor ir acompañado. No le recomendaría a nadie estudiar Letras, cualquier cosa que puedas aprender ahí puedes aprenderla en un par de años, y mejor, leyendo con cierta conciencia crítica. Para escribir están la práctica y los talleres. La ebullición de los grupos “culturales” en ciudades grandes como Morelia ha llevado a estos grupos a convertirse más que en una bendición en un cáncer del desarrollo artístico, volcando la literatura en mero espectáculo circense. Mi sugerencia es que hagan otra cosa, ser escritor no significa sólo dedicarte a exhibir tu obra, así como estar buenísimo no significa que tengas que tomarte fotos desnudo cada dos días. A mucha de la gente que dice dedicarse a la cultura le gusta más exhibirse que hacer cultura; ése es un problema. La literatura se hace en casa, se deja respirar y no se orea todos los días.

AS: Compártenos tu playlist con las canciones que más te agradan; los lectores de este suplemento deben saber que además de escritor fuiste cantautor.

JAS: La gente siempre está a punto de creer que soy un intelectual hasta que se entera de mis gustos musicales, pero por esta ocasión omitiré algo de Arjona o de Gloria Trevi. Ahora tengo en lista de escucha algunas como: Entre la espada y la pared y Antes de que cuente diez, de Fito y Fitipaldis; Breaking Bad, de Leiva; El bosón de Higgs y Rocco Sigfredy, de Iván Ferreiro; Rosa encendida, de David Aguilar; Lo niego todo, de Sabina; Ganamos, de Bebe; etc., etc.


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