John Coltrane y los sonidos de Nagasaki

John Coltrane y los sonidos de Nagasaki

La Gualdra 350 /Música

J. Coltrane: ¿Cómo esperas que acorte mis solos?
M. Davis: Prueba sacándote el saxofón de la boca.[i]

El 2 de septiembre de 1945, semanas después de que Hiroshima y Nagasaki casi sucumbieron ante el dantesco fuego atómico y luego de que otras ciudades niponas quedaron reducidas a escombros, Japón firmó su rendición. En una ceremonia celebrada a bordo del acorazado Missouri, frente a la bahía de la derruida Tokio, el emperador Hirohito aceptó las condiciones de la rendición y con ello el Imperio del sol naciente quedó bajo la tutela militar del general estadounidense Douglas MacArthur. Ése fue el inicio de lo que más tarde se conocería como “el milagro japonés”, en menos de 20 años, Japón pasó de ser un país devastado por la guerra a convertirse en una potencia mundial. El 30 de junio de 1966, en el apogeo de ese milagro que permitió la reconstrucción y la bonanza económica a Japón, The Beatles arribaron a Tokio y ofrecieron cinco conciertos, en el ahora legendario Nippon Budokan Hall.

Una semana después, John Coltrane y su Quinteto de Jazz, integrado por el propio Coltrane (saxofón y percusiones), Pharaoh Sanders (saxofón, clarinete y percusiones), Alice Coltrane (piano), Jimmy Garrison (bajo) y Rashied Ali (batería), también llegaron a la capital japonesa y se hospedaron en el Tokyo Prince Hotel. Al día siguiente, en la Sala Magnolia del mismo Hotel, Coltrane inició el primero de sus 17 conciertos. Al finalizar ese concierto hubo una conferencia de prensa, en la que Coltrane, de manera categórica y breve expresó su opinión sobre la política beligerante de su país, “No me gusta la guerra, punto. Por eso, en lo que a mí respecta la guerra debería terminar”. Asimismo, el joven periodista Koyama Kiyoshi, le preguntó: “qué le gustaría ser dentro de 10 años”, sin titubear el genial saxofonista respondió, “me gustaría ser un santo”. Al no comprender la respuesta muchos la consideraron una broma, pero quienes conocían bien a Coltrane, sabían que él ya peregrinaba por un camino de santidad, por su activismo político, su filosofía pacifista y su búsqueda de una música que sintonizara con el universo. Para entonces, ese carácter místico de Coltrane estaba plasmado de manera sublime en dos de sus obras más destacadas, Alabama (1963) y A love supreme (1965).

John Coltrane orando por las víctimas de Nagasaki en 1966.

Fiel a sí mismo y a su estilo, durante toda su gira por Japón, Coltrane experimentó con inéditas improvisaciones y prolongados solos que motivaron diversas reacciones del público, algunas de rechazo y otras de aprobación. Igualmente, algunos críticos calificaron su música de agresiva y disonante, pero otros reconocieron la maestría, la innovación y, sobre todo, la pasión que mostró Coltrane en todos sus concurridos conciertos.

Aunque a su llegada a Japón, Coltrane ignoraba que el número de seguidores del Jazz fuera tan amplio, estaba muy entusiasmado por viajar a un país de gran significado para él, por eso en el segundo de sus conciertos en Tokio estrenó Peace on Earth (1966), una canción compuesta especialmente para su gira por Japón, como una especie de ofrenda para honrar la memoria de los muertos por el bombardeo atómico. La mañana del jueves 14 de julio, después de atender sus primeros conciertos en Tokio, Osaka e Hiroshima, Coltrane y su Quinteto tomaron el Tren Bala rumbo a Nagasaki, ya que la tarde de ese día ofrecían un concierto en esa emblemática ciudad.

Era casi mediodía y después de cuatro horas de viaje, desde Hiroshima, llegaron a Nagasaki, allí, en la estación del tren, los esperaba Osaharu Fukushima, su anfitrión y guía, quien al notar que Coltrane no bajaba del tren fue en su busca. Al encontrarlo, muy ensimismado tocando la flauta, Osaharu un tanto extrañado le pregunto: “¿qué pasa?”, con su natural cordialidad, Coltrane le respondió “estoy buscando los sonidos de Nagasaki”. Osaharu, era un sobreviviente de la bomba atómica y por eso, al entender la empática actitud de Coltrane con el sufrimiento de los japoneses, se sintió profundamente conmovido.

Qué podría contener ese sonido, acaso la intensidad para expresar esa empatía de Coltrane, tal vez un lenguaje feroz y violento impulsado por la ira causada por lo absurdo de la guerra o quizás un bálsamo de esperanza y la fuerza espiritual para comulgar, en catarsis, con el misterio del universo. Mientras las respuestas a esas preguntas revoloteaban en el ambiente, Coltrane pidió a su anfitrión que lo llevara al Parque Memorial de la Paz. En ese alegórico y sagrado lugar, con la solemnidad del momento, ofreció una ofrenda floral y después, emocionado y mirando al cielo, elevó una silenciosa plegaria.

John Coltrane era muy religioso y seguramente se sintió bendecido por la oportunidad de viajar a Nagasaki, ya que de las emociones experimentadas en esa ciudad, además de gratificantes fueron catárticas. En la tibia tarde de ese jueves, cuando John Coltrane interpretó Peace on Earth, esas emociones se conjugaron y la sala quedó atrapada en una atmósfera asombrosa. Como una especie de réquiem, mientras se escuchaba una plácida y frenética música, se fueron percibiendo los ecos de los destemplados sonidos de Nagasaki; el canto del mar, la brisa estival, la música campestre, el ronroneo de los aviones, el estruendo de la bomba atómica, la sordina del asombro, el ruido del desconcierto, las resonancias del caos, los clarines de la muerte, los murmullos de la angustia, la sinfonía del sufrimiento y, paulatinamente, una extraña y silenciosa sensación de alivio.

[i] https://algarabia.com/quien-fue/john-coltrane/


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