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El perfil del bibliotecario: entre la realidad y el mito

El perfil del bibliotecario: entre la realidad y el mito

La Gualdra 350 / Promoción de la lectura

Hace algunos años, recién egresados de las carreras de Contabilidad, Administración y Economía, un pequeño grupo de cuatro trabajadores de la Biblioteca Mauricio Magdaleno acudió a las instalaciones de la Secretaría de Educación a solicitar la oportunidad de ejercer la docencia en el nivel Medio Superior. Nos atendió un profesor que en ese momento era Jefe de Personal o un cargo similar. El punto es que sus funciones eran administrar los recursos humanos. Al escuchar nuestra petición fue contundente: No. Su argumento se sustentó en que “no teníamos el perfil”. Nos lo decía un profesor realizando labores de administración.

La anécdota anterior sirve de marco para analizar el tan manipulado perfil del personal bibliotecario. Hacia los años ochenta del siglo pasado, cuando se fincaban los cimientos de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas, en algún manual (eran reproducciones en esténcil), delineaba el perfil idóneo que debería cumplir quien se hiciera responsable de cada una de las áreas y servicios de la biblioteca. Si no se contaba con la licenciatura en Biblioteconomía, el manual sugería mayoritariamente licenciaturas afines a las Ciencias Sociales y las Humanidades. La educación secundaria o bachillerato eran aceptados para los auxiliares. Pero sólo se pone atención en el perfil académico.

Con el transcurrir de los años y ya en la práctica cotidiana nos damos cuenta que no es suficiente un título académico. Es decir, el trabajo bibliotecario exige una serie de habilidades, destrezas, conocimientos, aptitudes y actitudes. Pongo el siguiente dato: el ostentar un título universitario no asegura, de ninguna manera, que esa persona tenga en la lectura una actividad regular, constante. Si así fuera, los indicadores de la conducta lectora en nuestro país serían otros. La fobia a la lectura se presenta igual entre quienes cursaron una licenciatura o quienes tienen la secundaria trunca. No es cuestión de títulos.

En lo referente a la capacitación técnica, cada año la Dirección General de Bibliotecas y los gobiernos estatales gastan miles de pesos capacitando al personal. Mismas capacitaciones que se van a la basura cuando, sin una evaluación objetiva, imparcial y seria, se destituye al personal para colocar en dicho puesto a quien resulte beneficiado de los compromisos adquiridos por algún político. Cada tres años es igual. Sin embargo, el sólo hecho que hacer acto de presencia en las capacitaciones tampoco asegura la adquisición del conocimiento y habilidades. Habrá que diseñar una estrategia de acompañamiento y ponderación del famoso perfil con la finalidad de fortalecer los aspectos débiles, o de plano descartar –ahora sí- al personal.

Aunado a todo lo anterior habrá que sumar la realidad. Es decir, ¿es el conocimiento un incentivo per se?, ¿están en condiciones los gobiernos (federal, estatal, municipal) y las Instituciones a mejorar los niveles salariales de su personal bibliotecario en la medida en que éstos se capaciten y reflejen, con una mejor calidad en los servicios, esas capacitaciones? Si la respuesta es “no”, entonces el perfil bibliotecario seguirá siendo un argumento para colocar y destituir a diestra y siniestra.


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