Las circunvalaciones de la corrupción

Las circunvalaciones de la corrupción

El 13 de agosto de 2006 un encolerizado López Obrador, en alguna asamblea democrática, espetó: “¡Hasta aquí! ¡Se acabó la República simulada! ¡Nunca más la violación a los principios que garantizan el interés general, el interés del pueblo!”. El episodio está narrado en la página 259 de su libro “La mafia nos robó la presidencia” (Grijalbo, 2007) en donde también indica que su lucha es por la democracia en México, que está en riesgo de ser socavada por el artero fraude en contra del pueblo cometido el 2 de julio de ese año. Para documentar la indignación y cultivar la memoria señala (ibíd.  p. 261-262) que Manuel Espino, en ese entonces presidente del PAN, fue el operador de Vicente Fox para lograr que los gobernadores apoyaran a Calderón. Narra López Obrador que Espino, debido a que el frente “Por el bien de todos” ganó en aquel estado sureño, llamó a Pablo Salazar Mendiguchía, gobernador de Chiapas, “traidor” por no apoyarlo. Después Salazar Mendiguchía fue acusado de peculado, asociación delictuosa, abuso de autoridad y demás por el supuesto desvío de 104 millones de pesos e ingresó a la prisión El Amate en 2011 (La Jornada, 8/06/2011).  Salió libre once meses después. Se lanzó como senador independiente en 2018 y perdió. Por su parte Manuel Espino apoyó la campaña de López Obrador por la presidencia. Una de las características más insidiosas de la corrupción es su flexibilidad, ya que se presenta en los momentos más inesperados explotando las circunstancias del contexto. Manuel Espino, desde su posición encumbrada como líder del PAN en 2006, podía manipular a los gobernadores apuntalado por el presidente de la república, lo que es abuso de autoridad y corrupción en su más plena forma. Tan grave es para López Obrador que su combate forma parte central del programa económico y político que propone para la patria (uno de sus 50 puntos es declarar “delito grave” sin derecho a fianza, la corrupción, aunque no queda muy claro qué entienda él por tal concepto). Quizá no resulte, tal vez no logre extirparla; soñemos que se puede, aunque no sepamos cómo. En la película de Steven Spielberg “La lista de Schindler” hay una escena hacia el final en la que Oskar Schindler soborna con diamantes a un jefe nazi. Le explica que pronto podrían serle de utilidad dadas las perspectivas que escampan en el horizonte. He aquí otro momento de la corrupción que pocos condenarían, excepto en el contrafáctico caso que el poder nazi se hubiera impuesto a las fuerzas aliadas. Cuando se anuncia la destrucción del ejército alemán, Schindler reúne a sus judíos y ante ellos encara a los soldados con un discurso en el que enfatiza que las ordenes que recibieron carecen de toda fuerza y legitimidad porque su Estado ha sido derrotado, es mejor que recurran a su moral personal. Así lo hacen y huyen. ¿Desobedecer una orden en beneficio personal es corrupción? ¿En qué momento de nuestra conducta colocaremos por guía nuestra visión personal antes que la del Estado, grupo o parroquia en la que por voluntad o destino estemos insertos? De la exposición previa se nota que la corrupción se ejerce bajo circunstancias diferentes, en el caso de Espino medró bajo el amparo de la presidencia de la república, en el de Schindler bajo el de una posible victoria aliada. Schindler se volvió héroe porque su carrera como corruptor la realizó bajo un régimen que fue abatido, y salvó judíos. Espino le juntó votos al ganador de la competencia presidencial, suficiente para lograr la absolución. ¿La praxis logra el perdón? Sí a condición que mi apuesta haya sido la ganadora. ¿Qué es entonces la corrupción? Un punto de vista sobre acciones que siempre están bajo sospecha de alguien.  Kurt Vonnegut Jr, en la novela “Madre noche”, nos presenta otro caso. Howard Campbell Jr es un nazi comprometido que utiliza un programa radiofónico para diseminar la ideología nazi entre la población alemana. Es muy popular y presenta argumentos convincentes para darse de alta en la milicia, odiar a los judíos, denunciarlos y someterse a los dictados del Führer porque son de inspiración divina. Pero es un traidor, en sus mensajes van códigos que permiten el avance de las tropas aliadas. Tiene un único contacto con la inteligencia militar británica que conoce su identidad que muere durante los bombardeos de Londres. Al final de la guerra es capturado por agentes israelíes que lo encarcelan junto a Adolf Eichmann. Es culpable, sin duda, un gran ideólogo del movimiento nazi que sembró el odio, pero puede obtener el perdón porque lo hizo en beneficio de otro poder. ¿Fue corrupto? Sí, pero de manera tan sutil que podría haber salido bien librado en cualquier caso. No es difícil ver aquí una analogía con el caso del fideicomiso “Por los demás”, utilizado por MORENA para repartir dinero a los damnificados de un sismo. Se puede ver como una manera de hacer el bien, pero también de comprar votos. La corrupción no siempre implica violar la ley, sino que también puede darse “burlando” las normas para aprovecharse de una situación en beneficio personal o grupal. No se combate con normas, es reflejo de nuestra condición humana.

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