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El dilema entre desarrollo y medio ambiente: la sustentabilidad

El dilema entre desarrollo y medio ambiente: la sustentabilidad

Hay procesos económicos que dañan el medio ambiente, cosas tan agresivas como la minería y tan delicadas como una presa. Las actividades humanas de manera necesaria interfieren en la libre reproducción de la naturaleza. Los humanos necesitamos comer e inventamos la agricultura o la silvicultura o la ganadería, y todas esas actividades agreden de alguna manera al medio natural. En Zacatecas, por ejemplo, la zona frijolera ha devastado el suelo de esa región por la acción del viento sobre las escampadas áreas de cultivo. El sobrepastoreo (y más si es de bovinos) destruye la carpeta vegetal del suelo. El uso de fertilizantes y pesticidas químicos son contaminantes y alteran el medio natural. La sola puesta de nuevos asentamientos humanos crea una forma agresiva: evita la infiltración de agua al subsuelo y abate los mantos freáticos. Por esta contradicción de la actividad económica y social humana con la conservación natural, es que los organismos que se encargan de pensar y promover formas de desarrollo que sean lo más amigable posible con la naturaleza, han creado la idea del llamado “desarrollo sustentable”. Es una idea joven. Su primera aparición bajo los términos de ‘sostenible’ fue apenas en 1972 con un texto titulado “los límites del crecimiento”, y su forma más madura es de 1992 en la cumbre de la tierra de Río de Janeiro. Así, pues, la necesidad de armonizar el crecimiento económico y la preservación natural, es reciente: en cuanto se han visto los estragos que hemos propinado a la vida natural en el planeta.
En el estado de Zacatecas se ha estudiado el impacto negativo que muchas de las actividades del ‘desarrollo’ han infringido: la minería, los monocultivos, es uso de químicos en la agricultura, la ganadería extensiva, los asentamientos irregulares, y sin duda, el uso irresponsable del agua. En todos estos temas contamos con diagnósticos de centros de investigación y se han dado a conocer con oportunidad. Los gobernantes los conocen. La cosa es que no observamos que se usen para planear un desarrollo sustentable en la entidad: la minería sigue devastando miles de hectáreas, los monocultivos se han diversificado poco, los asentamientos se promueven sin planes de ordenamiento y el control biológico de plagas sigue en la marginación. Siempre lleva las de ganar el criterio económico y la naturaleza pierde. Y con ella, perdemos todos; sobre todo las generaciones futuras. Ahora se trata del agua. La construcción de presas evita que el agua siga su curso normal en la arquitectura de las cuencas. Siempre se localizan en los lugares estratégicos de la cuenca para captar su agua. La que es captada ya no regresa al subsuelo de esos lugares. Y eso genera consecuencias. Sin embargo, la pregunta debe ser siempre por la sustentabilidad de los proyectos, es decir, por la forma que se puede armonizar el interés social y la conservación ambiental en los proyectos económicos y de infraestructura. Ahora más que nunca es vital garantizar la dimensión sustentable de dichos proyectos. Y lo sustentable también implica que sean socialmente justos, que no se tomen riesgos ambientales para beneficiar a unas pocas empresas transnacionales. Luego los costos siempre son pagados por los pueblos y sus jóvenes generaciones. Ahora mismo, todas estas interrogantes deberán caer sobre el proyecto de infraestructura más importante de los últimos años: el conocido proyecto ‘presa Milpillas’.

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