Ing. Froylán Felix Orozco. Cazador de recuerdos

Ing. Froylán Felix Orozco. Cazador de recuerdos

Han transcurrido más de veinte años que, comentando con el venerado maestro Uriel Márquez Valerio la obra “El Ingenioso Hidalgo, Don Quijote de la Mancha”, el maestro expresó algo inolvidable. Me dijo: “La primera vez que leas el quijote te hará reír, la segunda te hará llorar”. Así fue. Así ha sido.
El libro que escuetamente comentaré y que está dirigido principalmente a estudiantes del entonces Instituto de Ciencias de Zacatecas (ICAZ) de los años 60-70, del ingeniero Froylán Félix Orozco: “ICAZ ahora UAZ. Hace 50 años”, es propicio para robar las palabras de mi querido maestro y decirlas- un tanto adulteradas-a los universitarios de aquel tiempo: “La primera vez que leas el libro de Froylán Félix Orozco te hará reír, la segunda te hará llorar”.
El ingeniero Froylán Félix Orozco puede y debe ser considerado como un auténtico “cazador de recuerdos”. De esos que van guardando objeto tras objeto, recuerdo tras recuerdo, todo aquello que en algún momento de sus vidas representó algo importante:
El banderín de la escolta, los llaveros representativos de sus viajes, tazas con determinadas leyendas, fotografías colectivas con amigos y compañeros de estudios, una discografía excepcional y sobre todo documentos, infinidad de documentos: sus certificados de estudios, reconocimientos, nombramientos recibidos en su trabajo caminero, actas de calificaciones, nombres de sus maestros en diversos años de estudio y sobre todo recuerdos. Muchos recuerdos.
Es raro encontrar personas que en la vida hagan acopio de todo lo que represente una vivencia o algún recuerdo. En la Universidad sólo estoy enterado de tres: José Manuel Martín Ornelas, Abel García Guizar y Mateo García Bazán. Debe haber más y valdría la pena ubicarlos o conocerlos. La mayoría de los humanos tiramos a la basura todo aquello de época pasada que ha perdido interés para nosotros o que simplemente ocupa un espacio que a veces ni necesitamos. Sencillamente nos estorba. Por todo eso es meritorio lo que hacen “los cazadores de recuerdos”. En realidad a muchos nos debe doler no haber sido uno de ellos.
De hecho los historiadores son “cazadores de recuerdos”, sólo que a los que me refiero en este escrito, traen a la mano recuerdos personales, sentimentales, vivencias de las que menciona el poeta michoacano Rubén C. Navarro en su hermosa poesía “Sirve más vino muchacha”:.. “Lágrimas, ¡vaya de veras! pero no son de pesar, es el humo del recuerdo que me está haciendo llorar…”.
Froylán dedica el libro a su esposa Luz María Inguanzo Natera y con razón. Simplemente con soportar tanto telebrejo y tal vez hasta llaveritos de la ex novia. A cualquiera de nosotros nos diría la esposa luego de una reprimenda: “…Y haber donde tiras tanta chingadera” o la infaltable “¿De quién te acuerdas?
Dedica a sus hijos: Ricardo, Armando y Froylán, así como a sus nietos: Gabriel Alejandro, Reyna Fabiola, Ricardo, Kevin Luca y Kendra Alexa.
Hace el autor una breve crónica histórica de la evolución del Colegio San Luis Gonzaga, pasando por la Casa de Estudios de Jerez (1832-1837), Instituto Literario del Departamento (1837- 1867), Instituto Literario de García (1867-1885), Instituto Científico y Literario de Zacatecas (1885-1919), Instituto de Ciencias de Zacatecas (1919-1931), Colegio del Estado (1931-1932), Instituto de Ciencias de Zacatecas (1932-1959), Instituto de Ciencias Autónomo de Zacatecas (1959-1968) y Universidad Autónoma de Zacatecas (1968 a la fecha).
Aparecen diversas listas de maestros de las distintas carreras de la Universidad desde la Escuela secundaria que Indudablemente remueven los recuerdos mezclados con los sentimientos: Profesor Arturo Espino O. Said Samán Farah, José Guerrero, Marcelino González, Salvador Vidal, Ma. De la Paz Fernández, Abraham Torres V., Federico del Real, Antonio Espinoza, Isauro Félix, Luciano Robles, Luis López Saucedo, Carlos Sánchez, Rafael de la Luz, Filiberto Soto. Y tantos otros.
Mención especial le merece al autor entre otros “El Chino López”, “el temido Doctor Luis López”, padre de mi amigo Alfonso López Monreal, de quien se extraña por el apodo dice, pues ni tenía cabello ni ojos orientales. ¿Luego?
Aparecen infinidad de fotografías de eventos deportivos con imágenes conocidas, sin faltar la presentable madrina de los equipos. Las porras.
Recuerda con fotografías las Mañanitas de Abril que aún se llevan a cabo, los bailes del estudiante y el Blanco y Rojo de Ingeniería. Las orquestas: de Luis Alcaraz, Beto Díaz, Pablo Beltrán Ruiz, el conjunto de Pepe González.
Relación de maestros de Ingeniería y de alumnos.
Las famosas y concurridas tardeadas, con la música de “Los Ticks”, Armando Macías, Roberto Borda, Hermanos Castro, Hermanos Morones y otros conjuntos zacatecanos.
En grato recuerdo aparece la fotografía de mi maestro de sexto año de primaria, Profesor Jorge Ramírez Olmos. Economista y marxista. Ya fallecido.
Y, como queriendo Froylán pegar a mis vivencias, no falto la fotografía de La Estudiantina de la UAZ, acompañada de la relación de integrantes. Agradezco al autor la cita propia. La guillotina de “La Jornada me impide más detalles, así como la transcripción de los integrantes de este grupo musical”.
El próximo jueves 23 de agosto a las 19 horas en el Café-Restaurant La Cofradía, se presentarán los maestros Uriel Márquez Valerio, José Manuel Martín Ornelas y Froylán Félix Orozco con el tema: Diálogos a los 50 años de la transformación del ICAZ-UAZ. Vale la pena aspirar el humo de los recuerdos. ■

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