Dinero y política en México

Dinero y política en México

Ayer domingo 19 de agosto en la Ciudad de México se celebró el quinto Congreso Nacional Extraordinario del partido Morena. El primer punto del orden del día fue el informe de la presidenta del partido Yeidckol Polevsky, el cual, como ocurre con todos los informes en partidos que logran triunfos electorales importantes, fue aprobado con una ovación. Como se tenía previsto, también se aprobó la ampliación del mandato de la dirección nacional hasta noviembre de 2019, con el propósito de no distraer la atención del inicio de la cuarta transformación que AMLO encabezará a partir del primero de diciembre próximo. Otros acuerdos relevantes fueron: crear un organismo autónomo responsable de la formación política de los afiliados, y apoyar la disminución en un 50% de las prerrogativas económicas del partido.
Naturalmente, el tema más esperado fue el discurso del presidente electo, que inició con la ampliación del reconocimiento a una lista de precursores que presentó en el estadio azteca durante su cierre de campaña, de manera que AMLO claramente asume que Morena debe representar la continuidad de las luchas y aportes de casi todas las expresiones de la izquierda mexicana en el último medio siglo. Además, reiteró el contenido de su plan operativo inmediato anunciado en sus conferencias de prensa diarias, ponderó el informe de la presidenta y, sobre todo, el trabajo casa por casa de los militantes de base. Enfatizó que muy pronto estará listo el proyecto de ley reglamentaria del artículo 124 constitucional en materia de remuneraciones de los servidores públicos, con el propósito de que a partir del primero de diciembre ninguno de ellos gane más que el presidente de la República.
Vale la pena detenernos un poco para abordar con más detalle las implicaciones del acuerdo en materia de disminución de las prerrogativas a las que Morena tiene derecho dada la gran cantidad de votos que logró el 1 de julio, recordando que el mayor incremento a las prerrogativas de los partidos ocurrió durante las negociaciones de la reforma electoral de 1996, a partir de la propuesta del presidente Ernesto Zedillo, quien argumentó que deseaba transparentar los recursos que él gobierno transfería al PRI. También tomemos en cuenta que Morena y sus aliados tienen una mayoría clara en ambas cámaras del Congreso de la Unión para aprobar con facilidad la ley referida, de manera que ahora están obligados a aprobarla en pocas semanas. Y que la pérdida de credibilidad de partidos y políticos ha conducido a una gran crisis de representación, y a que una buena parte de la sociedad se pronuncie por la eliminación de la totalidad de las prerrogativas económicas, sin ponerse a considerar que la competitividad efectiva en nuestros procesos electorales se debe en buena parte al financiamiento acordado en la reforma electoral mencionada de 1996; y que el proceso electoral que está finalizando demostró que una gran mayoría prefirió votar por los partidos y no por los candidatos independientes. Parece que, igual que ocurre en muchos otros países, la democracia mexicana seguirá siendo una democracia de partidos, dicho lo cual podemos afirmar que es preferible que se mantenga el financiamiento público, pero reducido a la mitad, que abrir la posibilidad de que en poco tiempo el sistema de partidos dependa del financiamiento de los magnates o del crimen organizado.
Nadie puede negar tampoco que el financiamiento real a los partidos se incrementó de nueva cuenta cuando se aprobó dotarles de cantidades significativas del tiempo oficial en el sistema de medios electrónicos de comunicación, lo que les ahorró hasta el 60% de las prerrogativas que antes canalizaban a la compra de publicidad, ni que el manejo interno de esos recursos dio pie a que los partidos fueran presa de la descomposición generalizada, formando verdaderas mafias internas especializadas en evadir la fiscalización legal. Por ello, la reforma sobre el financiamiento debe ser acompañada por la que garantice la rendición de cuentas y la transparencia, y por otra que propicie el empoderamiento de las bases de los partidos para que se conviertan en las mejores palancas en favor de la rendición de cuentas. La democratización de todo el sistema de partidos será el mejor remedio para enfrentar sus vicios. ■

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