Los tres pilares de la vida futura

Los tres pilares de la vida futura

Ante la posibilidad de que las formas de desarrollo en nuestro país cambien, muchas personas opinarán sobre las mejores formas de hacerlo. Algunos mantendrán la postura que privilegie el acomodamiento de las fuerzas políticas; otros sobre el énfasis en sectores de economía que orienten los intereses de la nación hacia la microeconomía en lugar de los que hoy día desde su perspectiva neo liberal se concentran en fortalecer la macroeconomía; quizá en el fortalecimiento de la infraestructura financiera, como el caso de mejorar la producción de hidrocarburos y la explotación consecuente de los yacimientos de combustibles fósiles. En fin, la tarea, por dondequiera que quiera verse es no solo complicada sino que requiere una visión sensata y a largo plazo que permita hacer planes de desarrollo para cuando menos los próximos treinta años. Una oportunidad parecida a la que han tenido los que hoy detentan el poder. Treinta años después de aquel escandaloso fraude electoral, los gobernantes y sus aliados vieron únicamente por el enriquecimiento de unos pocos en detrimento de la gran mayoría de la población que vio disminuidas sus posibilidades de desarrollo hasta niveles infrahumanos.
Pero en fin, muchos intentarán poner su granito de arena en el afán de que con este nuevo gobierno, la población se dé a la tarea de sacar al buey de la barranca en que lo dejaron los neorricachones que surgieron desde el ascenso al poder de un tal Salinas y que ante su voracidad extrema, falta de visión, mala leche y una extrema carencia de progenitora contaminaron hasta las conciencias más exquisitas y se olvidó que el país necesita de sobrevivir por sí mismo; que sin el recurso de la educación no se llegará a ningún lado en materia económica y que ante la ausencia de un estado de derecho el deambular en el abismo seguirá siendo una experiencia cotidiana. Estos son los tres pilares que se proponen para empezar a construir un mundo (y un México) mejor.
Primero, el respeto al ambiente (algunas conciencias despistadas acuñaron la expresión de medioambiente, cuando medio y ambiente significan lo mismo). Si no se aprende y ejecutan acciones para revertir el deterioro ambiental, sobra decir que estamos perdidos. La primera disciplina a nivel nacional que hay que aprender es a proteger nuestro entorno. La población en general es una hiperproductora de basura de todo tipo y nadie se toma la molestia de diseñar programas, ya sea desde el gobierno o en forma de fundaciones o asociaciones o agrupaciones de barrio, que permitan enseñar a las masas que la mejor basura es la que no se produce. Cuando se disminuya la basura a niveles cercanos a cero, estaremos en el camino correcto. En este mismo tenor, es escandaloso contemplar la permanente explosión demográfica que mantiene asolado y desolado a este país; mientras más pobres son las familias más numerosas son y no hay manera de hacer entender que si bien la reproducción es un derecho, la sobrepoblación limita los derechos y posibilidades de la mayoría. Otro aspecto lamentable es la sobre explotación de los combustibles fósiles, la contaminación de los mantos acuíferos; la devastación de las selvas y bosques y la explotación irracional y exageradamente estúpida que hacen las compañías mineras, así como la locura de algunos gobernantes que regalan (dicen que son concesiones) a los explotadores de la naturaleza y de la gente. Si el ambiente les costara, quizá su codicia desenfrenada se vería limitada. Hay muchas luces rojas que atemperar en este sentido, pero cómo pueden caber tantos problemas en una simple crónica.
Segundo, debe plantearse un sistema educativo que surja de un proyecto de sabiduría colectiva que permita la interacción armónica entre el desarrollo de la humanidad y la rehabilitación del país, además de seleccionar y adaptar algunos adelantos tecnológicos limpios. Con este punto de partida se estará más cerca de orientar la defensa del ambiente a partir de las consecuencias inmediatas de una buena educación: un desarrollo sin precedentes en la ciencia, la tecnología, la cultura, las artes, la convivencia civilizada y el rescate de valores, entre otros muchos logros que se darían por añadidura. De esta manera se rescataría lo poco rescatable que hay del híper desarrollo tecnológico en beneficio del bienestar de todas las especies sobrevivientes y no solo de la humana; la vida estaría marcada por el eje rector del más poderoso recurso con que cuenta la humanidad: La Educación. A partir de ahí podemos aspirar a estructurar la secuencia educación-cultura-civilización-sabiduría y tendríamos no unos cuantos, sino miles de planteamientos para reiniciar cualquier nuevo proyecto de supervivencia.
El tercer pilar sería la aplicación de un sistema legal que aplique sanciones a quienes atenten contra el ambiente y las zonas protegidas y de interés antropológico sobre todo las de las comunidades de los pobladores originarios, las víctimas cotidianas de un pésimo modelo de desarrollo que únicamente protege a quienes se encargan de destruir lo que la Naturaleza nos ha otorgado. Cuando exista un código penal que castigue a los auténticos delincuentes, gestores de la corrupción y del desfalco de la Madre Tierra y de los pobladores de la misma y quienes casualmente atentan contra la educación colectiva, entonces estaremos en la posibilidad de rescatar el gran país que aún nos queda.
Si no, al tiempo.

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