José Manuel Enciso González. In Memoriam

José Manuel Enciso González. In Memoriam
José Manuel Enciso González. Foto de Abraham Mendoza Enciso.

Editorial Gualdreño 348

 

 

La tarde del 8 de agosto dejó de existir el maestro José Manuel Enciso González; el peso de los años finalmente venció la férrea voluntad de permanecer aquí de quien el próximo febrero cumpliría 100 años de vida. Recuerdo ahora las palabras del cronista del estado, Manuel González Ramírez, cuando durante el homenaje que se hizo al maestro Enciso el pasado mes de marzo, mencionaba que ese día se iniciaban los festejos por el primer centenario de su nacimiento. El maestro no llegó a cumplir el siglo, pero tuvo la fortuna de ser partícipe de la construcción de un nuevo orden cultural en Zacatecas; desde el siglo XX contribuyó a que se sentaran las bases de esta transformación y pudo además constatar en estos años del XXI que el esfuerzo había valido la pena.

Se ha dicho del maestro Enciso que fue fundador del Instituto Zacatecano de Bellas Artes y que ahí mismo impartió clases en la Escuela de Artes Plásticas; también dio clases de dibujo en el ICAZ -y posteriormente en la UAZ-, de dibujo y pintura en el Colegio del Centro y en los llamados Jardines de Arte en espacios públicos como la Alameda, desde la década de los años setenta. Todo eso es cierto, como cierto es también que a la par de su labor como comerciante, ejerció toda una labor de promoción y gestión cultural que contribuyó a que se pasara de la afición a los primeros pasos de profesionalización en el terreno de las artes.

El maestro Enciso tejió, casi sin percatarse de su magnitud, un entramado complejo de relaciones que confluyeron para que en la década de los años cincuenta -cuando era gobernador José Minero Roque y las actividades del Patronato Cultural de Zacatecas prácticamente iniciaban- se conformara el primer colectivo de artistas plásticos zacatecanos y expusieran por primera vez en el Casino de Zacatecas, gracias al apoyo del gobernador y de don Federico Sescosse por la parte oficial; pero gracias también al entusiasmo que logró generar al interior de una comunidad artística que ni siquiera se consideraba todavía así -se llamaban a sí mismos, modestamente, “aficionados”- y cuya formación había sido autodidacta. Este primer colectivo de artistas demostró en ese momento, que era necesario que se abrieran espacios más formales de capacitación artística, en los que pudieran aprender técnicas de pintura, grabado y dibujo, y esto facilitó que se diera lo que ya el gobernador Minero Roque pretendía desde años antes, la llegada del IZBA, un espacio en el que se ofrecían clases de artes plásticas, música, danza y teatro.

El IZBA fue la institución que antecedería al Instituto Zacatecano de Cultura. Al adentrarme en la investigación de mi tesis doctoral tuve la oportunidad de entrevistar al maestro José Manuel Enciso, quien me abrió las puertas de su casa y de sus recuerdos. Toda esa información la atesoro como algo valiosísimo porque me dio luz para comprender que, en Zacatecas, hay personajes como él, que con sus acciones, construyeron esta realidad que vivimos hoy. Lo que me dijo el maestro, en aquel entonces, es que su vida siempre había sido el arte; la frase se me quedó grabada para siempre y ahora la invoco para reafirmar que su papel no sólo se circunscribió a dar clases y a que se abriera el IZBA, sino que va más allá de lo que podemos imaginar: fue el bienaventurado enlace entre Francisco Goitia y Minero Roque, quienes planearon juntos la creación del Museo del Estado de Zacatecas, la programación de una serie de exposiciones de artistas nacionales e internacionales de artes plásticas en Zacatecas y varios de sus municipios, y el primer proyecto para que se conformara a nivel federal una Secretaría de Cultura. De eso y de las implicaciones de haber participado en el curso de historia de arte novohispano con el Dr. Francisco de la Maza hablo en mi trabajo de investigación que estoy por concluir y yo no puedo estar más que profundamente agradecida con el maestro Enciso -y con su familia-, no sólo por la información que me proporcionó, sino por todo lo que hizo en vida a favor de su ciudad, Zacatecas, que mucho tiene que reconocerle y agradecerle también.

En este número gualdreño dedicado a su memoria, participan con textos -en orden de aparición- Alfonso López Monreal, José de Jesús Sampedro, José Enciso Contreras, Francisco Esparza Acevedo, Manuel González Ramírez y José Manuel Enciso Muñoz. Además de ellos, debo agradecer a Tere Enciso, Eugenio Mendoza y a su hijo Abraham, quienes nos facilitaron tanto la imagen de la portada como las de páginas interiores que provienen del archivo familiar.

Que descanse en paz, el maestro José Manuel Enciso González, personaje fundamental en la historia cultural de Zacatecas. Nuestra solidaridad con su familia.

 

 

 

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