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Historias de famas

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Todavía en 1956 se podía afirmar lo siguiente: “…si la alternativa a la inflación es el estancamiento económico o la desocupación, es preferible optar por la primera; es decir, por la inflación” (J. Noyola Vázquez “Investigación Económica” XVI (4) 1956, p. 603-648) porque México había crecido, en el período de 1945-1955, con tasas de inflación promedio de 9.33% (J. C. Moreno Brid, Jaime Ros “Desarrollo y crecimiento en la economía mexicana” FCE (2010) p. 148) con algunas crisis transitorias, por lo que la inflación no era un problema. Incluso la curva de Philips, desarrollada en 1958 (“The Relation betweenUnemployment and the Rate of change of Money WageRates in the United Kingdom, 1861-1957 “Economica” 25 (100) p. 283-299), parecía apuntalar esa idea porque en el período analizado por Phillips la estabilidad de los precios implicaba desempleo; aunque él lo escribió de otra manera: “Cuando la demanda de trabajo es alta, y hay pocos desempleados, deberíamos esperar que los empleadores ofrezcan altos salarios rápidamente, cada firma e industria estará bajo la tentación de ofrecer salarios por encima de lo prevaleciente para atraer el trabajo de otras firmas e industrias”. Así que cuando no hay desempleo se espera que haya rápido crecimiento en los salarios, mientras que cuando lo hay los salarios crecen con lentitud. De acuerdo a esto si el desempleo es nulo la tasa de crecimiento de los salarios debe serlo también, por lo que un cierto nivel de desempleo resultaría necesario para que haya variación hacia arriba del salario. Si ahora correlacionamos el salario con los precios, y sostenemos que si se incrementa el salario lo hacen los precios, entonces podemos cambiar desempleo por inflación (M. Friedman, R. Solow “Analytical Aspects of Anti Inflation Policy” The American Economic Review 50 (2) 1960 p. 177-194). Entonces el desarrollo con inflación de México de los años 1945-1955 tiene un fundamento teórico y empírico, pero a partir de 1956 y hasta 1970 comienza el “desarrollo estabilizador”, i.e. se intenta mantener bajo control la inflación. Se logró porque hubo crecimiento de 6.7% promedio anual con tasas de inflación del 3% y tipo de cambio fijo. El salario creció a razón de 4.5% anual y se extendió el empleo asalariado. Sin embargo, la distribución de los beneficios del crecimiento dirigido por el Estado bajo el modelo económico utilizado fue desigual (Moreno Bridop. cit. p. 159), lo que probablemente originó los descontentos manifestados a lo largo del país en esos años y que emergen con fuerza en 1968. Luis Echeverría, consciente de la deuda estatal con los más desprotegidos lanzó su plan de “desarrollo compartido” que implicó, entre otras cosas, un crecimiento de los salarios en 40% entre 1970 y 1976, la reducción de la desigualdad medida por el coeficiente de Gini (de .54 a .49), un estrepitoso fracaso en la política agrícola y los saltos mortales del déficit fiscal de .5% a 6.4% del PIB y del déficit financiero de 2.5% a 10% del PIB. Por supuesto la receta que se aplicó para sortear estos inconvenientes fue la deuda y la expansión monetaria. La pregunta aquí debe ser ¿podía hacerse otra cosa? La inflación creció hasta 20% en 1974 y las explicaciones de ello son variadas, pero las causas más probables son: la política monetaria, la política salarial, el tipo de cambio y el ambiente inflacionario internacional. Según Moreno Brid la clase empresarial mexicana no hizo suyo el ideario de Echeverría: “…el sector empresarial no encontró un terreno propicio en la retórica del “desarrollo compartido” y la inversión fija privada registró una caída en su participación en el PIB” (op. cit. p. 177). ¿Qué hacer? López Portillo propuso explotar los recursos petroleros. En palabras de Alejandro Vázquez Enríquez: “recientemente se ha planteado la explotación de estos recursos en una forma mucho más intensiva, de tal suerte que se genere un excedente relativamente amplio que pueda ser destinado a la exportación” (Economía Mexicana #1 (1979) p. 51). Se preveía un incremento continuo de los precios del petróleo y que pronto se debería “administrar la abundancia”. Funcionó hasta 1982 cuando los precios del petróleo se fueron en picada y huyeron los capitales. La siguiente explicación del origen del abandono de las disciplinas fiscal y monetaria es sugerente: “Es tal vez en la macroeconomía del conflicto entre las élites en un Estado de partido dominante,…, donde se deben buscar las causas internas de la crisis” (Moreno Brid op. cit. p. 196). Si es así entonces, en el nuevo ámbito de una democracia representativa con partidos competitivos se elimina ese factor. Quizá lo más triste del cuadro anterior sea que aún con la rectoría del Estado resulta muy difícil que haya redistribución del ingreso, aunque exista crecimiento económico, y aún más triste es que en muchas ocasiones en el debate sobre nuestro presente se quiera hacer del neoliberalismo una doctrina asesina. ¿Fue mejor el desarrollo estabilizador que generó, a pesar de todo, una tremenda desigualdad? Que durante el período que va de 1982 a 2000 se haya logrado la proeza de desarticular el régimen de partido único es quizá la más notoria de sus bondades; la desigualdad, por otro lado, prosigue.■

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