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Deliberadamente los neoliberales borran el conocimiento de la historia

Deliberadamente los neoliberales borran el conocimiento de la historia

En efecto, cada vez más desaparecen la historia patria y la universal de la primaria, secundaria y universidad; substituyen el conocimiento y reflexión con breves fichas o datos, alternándose en ese negativo papel los gobiernos del PRI y PAN, con Salinas, Zedillo, Peña, Fox o Calderón, al seguir y someternos al Consenso de Washington, el fundamentalismo neoliberal, que hermanó a esos gobiernos.
La memoria de los pueblos, sus contradicciones, gestas, actos heroicos, avances, retrocesos, estancamiento y grandes acontecimientos, todos, forman parte de una compleja cantera de grandes enseñanzas de los pueblos y de la humanidad. La memoria de los pueblos es lo que a un ser humano su memoria personal y la familiar: factores indispensables para vivir e interpretar y superar sus problemas. ¿Qué tanto conozca cada quien su propia historia y tenga una interpretación de ella? Solo depende de la atención de cada uno y del tiempo que le dedique.
Pero si se prescinde del conocimiento e interpretación de la historia propia, se empobrece la vida, la cultura y algo peor: se condena a repetir los errores, como han aseverado ilustres pensadores.
Porque la historia personal, nacional o universal son enormes canteras de experiencias, hechos, conocimientos, cultura y enseñanzas de las que podemos aprender si las conocemos, aclaramos y las hacemos nuestras, junto con las derrotas y los avances. Qué duda cabe que la historia es la maestra de la humanidad, como también de la lucha de los pueblos.
Propio de la política del imperialismo en sus diversas expresiones o de los dictadores de un país es borrar la historia previa a ellos o darle “su” interpretación, casi siempre deformada de la realidad. Así, la conquista española de América pretendió borrar el pasado indígena, para que la cuenta de la historia iniciara a partir de la conquista, llamada “descubrimiento” del Nuevo Mundo. Cuando en realidad era Otro Mundo con más de 10 mil años de historia. Los 300 años de la Nueva España ignoraron ese pasado prehispánico.
La dictadura porfirista continúo ignorando las grandes gestas indígenas de la conquista, tanto, que hasta hoy se repite: “La noche triste”, refiriéndose a la derrota de los españoles en manos de los aztecas la noche del 30 de junio de 1520, porque así la llamó la “historia” del conquistador. La dictadura porfirista nunca reivindicó el pasado indígena o prehispánico. Todavía Joaquín García Icazbalceta, el historiador más destacado de le época porfirista y gran conocedor de la Nueva España, contaba la historia a partir de la conquista, por no tener elementos, ya que todo el pasado indígena seguía cubierto por la naturaleza.
En el año 2010 se cumplieron 200 años de la Independencia y 100 de la Revolución, para su conmemoración el gobierno de Calderón montó una magna exposición en Palacio Nacional abierta al pueblo, pero vacía de contenido, fueron cientos de pinturas, esculturas, piezas, retratos, etc., pero sin explicación de nada Y al ingresar todos pasábamos ante enormes pantallas de imágenes de Televisa: hueros de contenido, como los spots de la TV, alusivos a las dos fechas fundamentales de la Historia de México, banalizadas como un spot.
La Revolución de 1910 es el gran acontecimiento de América Latina, no solo porque acabó con la dictadura porfirista, su ejército, oligarquía y abrió las puertas a las libertades humanas esenciales, sino también porque forjó un Proyecto de Nación nuevo y muy nuestro, con el Constitucionalismo Social de 1917, apoyado en lo mejor del liberalismo y agregando una amplia gama de derechos sociales, inéditos hasta entonces o apenas barruntados en Europa y Estados Unidos (EU).
También la Revolución abrió las puertas al libre pensamiento y a las universidades auténticas –abiertas a todo lo universal y las vanguardias- por ello se inició un verdadero movimiento cultural que abrió las puertas al pasado y al presente indígena y popular.
En la Revolución estuvieron presentes y lucharon todas las clases sociales e intereses nacionales y extranjeros, principalmente de EU, tanto que el llamado Pacto de la Embajada para asesinar a Madero y Pino Suarez, en realidad fue un Golpe de Estado de Washington, del presidente Taft, a quien es el primero que le comunica el traidor Huerta: “tengo el honor de informar a Usted que he derrotado este gobierno (19 de febrero de 1913). Las fuerzas están conmigo, y desde hoy en adelante reinarán la paz y prosperidad. Su obediente servidor. Victoriano Huerta”.
La derecha nacional e internacional siempre han estado en contra del auténtico progreso de la nación: que sea con el pueblo, por ello al llegar Carranza, Obregón y Calles al mando de México de 1918 a 1934 desviaron el proyecto de 1917 e incumplieron su mandato y, peor aún, actuaron en contra: con la reelección de Obregón de 1928 y el “Maximato” de Calles, una dictadura disfrazada que ponía y quitaba presidentes. Lo peor fue que las metas de la Revolución las olvidaron.
Sería hasta el sexenio del gobierno de Cárdenas de 1934 a 1940, cuando se realizaría y cumpliría el Constitucionalismo Social. Pero este episodio clave de la historia no se entenderá bien, si el estudioso no sabe que fundamentalmente fue en la lucha de clases sobre la que se desarrolla el cardenismo y su magna obra.
Como la Revolución no se entenderá si se omiten las grandes luchas del pueblo, las precursoras obreras de Cananea, Río Blanco, las ferroviarias y los levantamientos armados del Partido Liberal Mexicano, la batalla de Juárez que obliga al dictador a salir del país o la batalla de Zacatecas del 23 de junio de 1914, donde se derrota la columna vertebral de la dictadura: el ejército. O el gran surgimiento de sindicatos con Madero en 1912, o después, la huelga general de 1916.
Del cardenismo se suele menospreciar las luchas obreras, campesinas, magisteriales y populares, se privilegian las contradicciones del poder entre Calles y Cárdenas, entre éste y la oligarquía de Monterrey, o la burguesía nacional y el gobierno por la expropiación del capital privado con la reforma agraria, etc. Pocos estudiosos se acercan a las luchas sociales, al espectáculo inédito de más de 600 huelgas anuales de 1935 a 1938, cuatro años; al crecimiento de los trabajadores sindicalizados de 1934 a 1940: de 300 mil a 900 mil, como nunca ha ocurrido; el gran crecimiento de las cooperativas, etc.
Sin contar con aspectos de gran calidad, como las huelgas del SME y la Comarca Lagunera de 1936, la huelga de la Vidriera de Monterrey y la rebelión patronal, aplacada por el Presidente Cárdenas de 1936 y la contradicción obrera-patronal con las dos empresas más poderosas del mundo la Standar Oil y la Royal y el Sindicato Petrolero, que pronto se convirtió en contradicción nación-imperialismo, cuando Cárdenas se puso al frente de la nación y del pueblo. Todo aquello que hizo cambiar al país, a un crecimiento del 7% del PIB anual de 1935 a 1982, a un desarrollo sostenido, no exento de errores.
Las tres etapas: de la Revolución, la Constitución y el Cardenismo en realidad son una sola, uno de los grandes momentos de la historia, que los últimos 35 años los neoliberales no solo han tratado de borrar y hacer que olvidemos, sino además justo contra todo ello han luchado: el Constitucionalismo Social y la obra cardenista; de fondo, contra el pueblo, sus grandes experiencias de lucha y su memoria histórica. ■

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