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La política de Prevención de la Violencia y el Delito: Todo por hacer

La política de Prevención de la Violencia y el Delito: Todo por hacer

Dentro de la política de seguridad, está contemplada la prevención de la violencia y el delito. El Programa de Prevención data del 2013 (originado en la Ley de Prevención del 2012), y ningún resultado concreto tenemos. Hay que observar por qué tenemos estos resultados negativos. En la estructura de la política de seguridad, se creó el Consejo Nacional de Prevención, junto al de Información y Certificación de las policías. Y en el organigrama de gobierno federal está la Subsecretaria de Prevención y Participación ciudadana, que pertenece a la Secretaria de Gobernación, la cual es la responsable de manejar le Pronapred. Sin embargo, dicha Subsecretaria se dedica a otras cosas, y sólo deja a una Dirección la coordinación de las tareas preventivas. La cosa es que al inicio, del 2013 al 2016, se gastaron alrededor de 10 mil millones de pesos. En el 2017 se puso cero pesos a este programa y en este año, 2018, se dieron sólo 300 millones de pesos. Pues bien, lo más llamativo son dos rasgos del diseño del Pronapred: (1) no tiene un modelo de intervención; y (2) no tiene metas. Como no tiene un modelo de intervención, sólo establece un objetivo general de “atender los factores de riesgo de la violencia y la delincuencia”, y una serie de objetivos más específicos, pero que no llegan a metas del tipo “se disminuirá tal violencia en tantos años” y que se complementaran con “mediante x estrategia”. Y Dicha estrategia “basada en tal teoría del cambio y tal hipótesis causal”. Nada de eso encontramos.
NO contar con una teoría determinada sobre esos ‘factores de riesgo’ es muy grave en el proceso de diseño. Porque eso provoca que las acciones se decidan sin guías diagnósticas en las demarcaciones locales donde se implementa el Programa. Vemos un montón de acciones (en el 2015 fueron 5,500 acciones) pero que no se sabe cómo esas acciones tendrán efectividad preventiva. Se gastó la mayoría de los recursos en rehabilitar espacios públicos, pero no se sabe si dichos espacios fueron elegidos por cierto análisis de peligrosidad por su abandono, o sólo se decidieron por compromisos de otro tipo. Lo mismo con los cientos de ‘talleres de habilidades y valores”: ¿los talleres de macramé o de artes plásticas cómo se vinculan en una cadena causal preventiva? No hay nada de eso. Por ejemplo, en Zacatecas se habilitaron canchas que no representaba riesgos, y no se dedicó algo de recurso a Gavilanes en sus espacios abandonados, por ilustrar el tema.
Pues bien, la inefectividad preventiva de las acciones implementadas se debe a la previa ausencia de una teoría de cambio que fundamente el programa. Y a la falta de modelo básico de intervención. Ello mismo, hizo que no se desplegaran ejes de acción permanentes, lo cual provocó a su vez la arbitrariedad presupuestal: en un año se le dan 5 mil millones, y al tiempo se pone en ceros y luego se le da algún sobrante de 300 millones. La locura. Esa falta de estabilidad presupuestal y de mejora en el diseño, revela falta total de liderazgo de los responsables del área. Y claro está, la nula prioridad del tema del actual gobierno federal.
La prevención terciaria, esto es, la que debe darse en los centros de reclusión está prácticamente ausente. Así las cosas, tenemos la preocupante cifra de reincidencia. Repensar todo el modelo de reclusión en instituciones totales y el modelo carcelario actual, es una tarea que ni en sueños ha sido abordada. Toda la política penitenciaria es una catástrofe.
En suma, se tiene que rehacer toda la política de prevención (junto a la de seguridad) de la violencia y el delito en México. Me parece que Zacatecas, a partir de acciones de prevención emergentes que se ven en puerta, puede acceder a un proceso de diseño serio que aporte tanto el modelo de intervención necesario y la justificación causal en las acciones emprendidas que aseguren efectividad preventiva. Es cosa también que el nuevo gobierno federal tenga la suficiente sensibilidad para corregir este tema al momento de proponer el nuevo rostro de la política de prevención nacional.
Es arduo el trabajo que viene. Es obligación de las instituciones de educación superior contribuir a la solución de estos problemas y superar las fórmulas que no hay dado resultados. Por ejemplo, el diseño de políticas sobre la base de visiones gerenciales ha dado (a lo menos en seguridad y educación) muy malos resultados. Sin negar que hay algunas cosas positivas en el gerencialismo, debemos superarlo y avanzar a modelos que estén centrados en las comunidades donde se localicen los problemas y no en el interior de la administración púbica. Ya existen estudios y propuestas para repensar y rediseñar las políticas de prevención. Además, hay ánimo de emprender otras lógicas de acción. Se abrió una ventana a la esperanza, espero y no se derrumbe como en otras ocasiones ha ocurrido. La prevención es un tema que se escribe en gerundio.

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