Lo que con San Juana murió

Lo que con San Juana murió

El gobernador coronando reinas migrantes, cursos de computación para burócratas, la recuperación de un auto robado y demás cosas por el estilo son temas lo suficientemente importantes como para que Gobierno del Estado emita un boletín. No así la desaparición de una niña de 9 años con peligro de muerte.
Los medios de comunicación supieron del Caso San Juana en redes sociales porque nadie, pese a la emergencia, se tomó la molestia de enviar su alerta amber vía whatsapp o correo electrónico.
Pese a que la alerta exige máxima difusión, se conformaron con subir la ficha a Facebook como botella al mar, sin etiquetar a medios, sin pagar publicidad (como sí lo hicieron con las declaraciones del fiscal), sin notificar por los canales oficiales.
Naturalmente, la publicación de media noche de la vocería de seguridad se perdió en el mar de información de esa red social. Uno que otro medio fue recuperándola a medida que la fue viendo, pero la cuenta de la Fiscalía, de la Secretaría de la Mujer, y demás páginas oficiales lo pusieron hasta las 2 de la tarde, casi 24 horas después de que San Juana desapareciera.
El vacío institucional fue evidente. Funcionarios clave estaban de vacaciones; algunos que quedaron de guardia no resolvían nada fuera de su horario; otros estaban hundidos en la inacción hasta declarativa por temor a equivocarse, y algunos más ni siquiera estaban informados del tema (http://ntrzacatecas.com/2018/07/24/desinformacion-en-sedif-sobre-feminicidio- infantil/) Por supuestos, algunos cuantos hacían su labor pero con tan pocas herramientas de trabajo que no se daban abasto.
Fue un mal momento pensarán algunos. Pero las necesidades sociales no tienen un horario de 8 am a 4 pm en tiempos regulares y menos de 10 am a 2 pm en tiempos de vacaciones.
Por indignante que esto pueda parecer a quien sólo conoce las vacaciones 6 días al año (cuando mucho) y sale de un lugar de trabajo para conducirse a otro, esto no es el fondo del problema.
Las prioridades quedan en evidencia mucho antes, cuando sólo se dedica un millón de pesos para la prevención y sanción contra la violencia deniñas y mujeres, sólo cinco millones de pesos para la atención de niños, niñas y adolescentes, pero 40 millones de pesos a un estadio de futbol en manos de un grupo privado, mientras la cancha donde fue encontrada San Juana estaba en abandono.
El vacío queda al descubierto cuando la Prevención del delito sirve para traer conferencias pero no para terminar con esas “Zonas hechas a modo para cometer fechorías” como en la que se encontró a San Juana.
La acefalia permaneció con el descubrimiento del cuerpo de la menor. Tal como sucedió con la desaparición, la confirmación de que era de Juanita el cadáver encontrado el lunes llegó también redes sociales, en la cuenta de Facebook de una particularque jurídicamente no tendría por qué tener conocimiento de los hechos, la presidente honorífica del DIF.
Después de la indignación que provocó el caso, vino una sorpresiva conferencia de prensa en la que se presentó la fotografía (distorsionada) y los nombres de pila de un hombre que hasta ese momento sólo estaba acusado de portar un arma corta, y marihuana, pero que vivía en la misma colonia que San Juanita y que de acuerdo al fiscal, coincidía con el retrato hablado elaborado por decenas de testigos que no se especificaba qué atestiguaban.
Para el día siguiente ya estaba construidala imagen mental de un presunto culpabley hasta algunos detalles como su relación con San Juana.
Luego de una larga espera por los resultados de genética, llególa evidencia física que señalaba la culpabilidad de quien al filo de la navaja jurídica ya había sido señalado.
El boletín que informaba de esto mencionaba que a las 8:15 de la noche un testigo –de los que supuestamente no habían existido hasta días antes- “identificó a Jorge Rodolfo como la persona que vio en compañía de la niña, el día de los hechos, cerca del lugar del hallazgo.”
De ser esto cierto, estaríamos ante la existencia de un testigo que permaneció callado durante tres largos días sin saber de San Juana pese haberla visto con el presunto homicida. De ser falso, estaríamos ante el riesgo de estar enjuiciando a un inocente y dejando al culpable en la calle, o bien, de dar elementos para que la defensa obtenga la libertad del probable responsable del feminicidio.
También se nos dice que sin orden de cateo –porque “no fue necesaria”- se inspeccionó el lugar donde vivía Jorge, encontrándose rastros de sangre de los que hasta ahora no se tienen detalles, pero que presumiblemente pertenecen a la pequeña San Juana.
Siguiendo con el comunicado “Por todo lo antes señalado” a las 7:50 de la tarde del jueves, es decir 10 minutos antes de que el testigo lo identificara, y 25 minutos antes de que se revisara su casa, Jorge Rodolfo dio su consentimiento ¿sin que se requiriera la orden de un juez, otra vez? Para que se le tomara muestras para su perfil genético que a la postre demostraron su culpabilidad.
Finalmente se aclara que el día del hallazgo del cuerpo de la menor, se encontró también un cobertor con restos de sangre y de líquido seminal que correspondían los primeros a la niña San Juana y los segundos a Jorge Rodolfo. Hasta ahora, no queda claro si el imputado llevó la cobija con anticipación al lugar donde presuntamente abusó de la menor, o si la traía cargando en ese caluroso viernes a las 3 de la tarde.
Son muchas las dudas que permanecen hoy y que muy probablemente no detendrán el juicio y encarcelamiento de quien hasta ahora se señala como presunto culpable. Pese a que las declaraciones de las autoridades ministeriales, y también las del ejecutivo podrían dar pie a discusión en manos de un buen abogado, es difícil imaginar que este hombre contará con uno. Tampoco tendrá un gobierno europeo que apele las evidencias, ni tendrá un centro de derechos humanos con interés en defenderlo.
Culpable o no –y no nos atreveríamos a afirmar nada en un sentido o en otro- será la presión social y la marginación lo que lo hunda en la cárcel y no la certeza de su responsabilidad.
Pero las consecuencias de este trágico caso serán más profundas y extendidas que los directamente involucrados.
La forma arrebatada como se trató el feminicidio de San Juana mató la posibilidad de quedarnos con certeza de que se haría justicia.
La lentitud con la que se le buscó abonó a la desconfianza a las instituciones
Pero el silencio en su desaparición comprobó una vez más, que su prioridad es atacar la percepción de inseguridad, y no la inseguridad misma. ■

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