Defensa de la cultura en los municipios

Defensa de la cultura en los municipios

La crisis que vive la entidad expresada en inseguridad y hastío, así como la incapacidad de muchos de sus ayuntamientos para entender la importancia del arte y la cultura en sus lugares de origen, aunado a los recursos austeros que les asignan y unapesada centralización administrativa, la inminente renovación política de los 58 ayuntamientos ofrece una nueva posibilidad de cambio para sus comunidades y sus habitantes que aguardan a que se cumpla lo prometido.
Es admisible que no sean especialistas en todo y que su victoria se remita a simpatía, efecto mediático y al trabajo que se hace casa por casa, barrio por barrio y ranchería por ranchería, cada uno de ellos conoce las razones de su triunfo, pero ante el abandono paulatino de sus pueblos y las personas que los habitan, es irrenunciable que los ahora presidentes electos sopesen el valor de la cultura porque sólo a través de ella, tendrá sentido el progreso social que procuren para su municipio.
Quienes recorren los caminos del territorio zacatecano, saben bien de los males que los aquejan hasta convertirlos en sitios fantasmas, sumidos en el más letal abandono, escuetamente habitados por ancianos, mujeres y niños, cuya situación no sólo habla de pobreza, sino de una realidad que se torna invivible y vil, contrario a la significación histórica y cultural que cada región tiene y por los que habría que dar la batalla, no sólo para conseguir recursos para salud, educación, seguridad, medio ambiente, sino decididamente recursos para cultura.
Es bien sabido que en otros lugares del mundo, existen testimonios invaluables de cómo a través de las artes y los oficios, se ha logrado transformar a pueblos enteros, bajo una política de transversalidad y brazos abiertos a la comunicación y dinamización de la comunidad, mediante el ingreso de profesionales que promueven espacios de continua innovación, a la vez que formulan propuestas orientadas al mejoramiento de la convivencia social.
Iniciativas destinadas a impulsar una cultura de la participación, inspirada en criterios de transparencia, confianza y respeto, han sido la fórmula para crear proyectos legitimados por la misma comunidad y referidos a un principio de realidad y justificación.
Con pesar se observa como gobierno tras gobierno, sea municipal, estatal o federal, los planes se ciñen a 3 y 6 años, con sus variantes electorales, condenados irremisiblemente a pasar página y ahogar en el olvido no sólo proyectos de consecución, sino también a sus protagonistas, gestores y promotores culturales que son estigmatizados por el partido político en turno, para dar paso muchas veces, a la inexperiencia y al estancamiento.
En el pasado, prevalecía en cierto sentido mayor rigidez en quienes fueron la primera autoridad de su municipio, aquellos fueron años de lucha titánica para convencerlos de que crearan su Casa o Instituto Municipal de Cultura, negados a la riqueza que estaba frente a sus ojos y por supuesto a la comprensión de que la cultura cuesta y que estaban obligados a poner al frente, a los mejores perfiles.
Al respecto, hay una historia fragmentada, dividida en distintos periodos de la heráldica local, donde el modelo vasconcelista dio origen a la presencia de promotores culturales que lucharon y lo siguen haciendo en sus pueblos natales con iniciativas encomiables que intentan combatir la inamovilidad social de pueblos descorazonados.
En su gran mayoría, os municipios no cuentan con una infraestructura digna para sus actividades artísticas ni sus promotores tienen el reconocimiento debido, perfilando una situación compleja de distanciamiento que implicará más rezago y omisión de un plan de desarrollo cultural que responda a las necesidades actuales, desde lo local frente al reto de la globalización.
Ayer y hoy se entrelazan para dar lugar a una realidad distinta, la fuerza de la comunidad y del tiempo ha promovido mayor interés y sensibilidad en las autoridades municipales, debido quizá a una creciente socializacióndel valor real y simbólico de la cultura en los lugares de origen que son amenazados por la pobreza, la violencia y la criminalidad.
En este sentido, hay un compromiso histórico con las comunidades de origen, por lo que cada alcalde tendrá la responsabilidad de dar cabida a la diversidad, a lo propio y lo ajeno, asumiendo que no solamente se lucha por las reivindicaciones sociales sin nombrar nunca las reivindicaciones culturales.
Es lo que se esperaría de aquellos que tienen el poder de guiar a un pueblo,que puedan mostrar con claridad que en su trabajo político, la cultura es su eje para la acción en los cinco niveles que la conforman: rescate, sistematización, difusión, desarrollo y defensa.
Sin duda alguna, la cultura es el medio seguro contra la brutalidad y la ignorancia de los pueblos, sólo ella los hará libres.
Ánimo y fortaleza para todos. ■

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