El sueño del cambio

El sueño del cambio

Ante los inminentes cambios que se avecinan en la dinámica de desarrollo de este enclave geográfico del mundo que es el país conocido en el resto del mundo como México, surgen infinidad de preguntas sobre todo en la forma en que se manifiesten las formas políticas que hay en el país. Salvo lo que decida el Instituto Nacional Electoral (INE), las fuerzas sobrevivientes tendrán que reinventarse para manifestarse en los niveles que les correspondan; el otrora sempiterno e indestructible PRI parece que agoniza y debiera inventar una graciosa salida y cambiar de cara y cuerpo lo mismo que sus últimos acólitos que trataron de solventarlo en la última aventura electoral. Todo parece indicar que los prianales avientan sus últimas patadas de ahogados; aunque con estos nunca se sabe. Con las fortunas acumuladas por sus más corruptos representantes y el apoyo de economías extranjeras de todo tipo, seguirán presionando para que sus privilegios no disminuyan. Además de su conocimiento de todos los secretos de Estado y las trayectorias de las estafas y los movimientos subterráneos con las poderosas empresas y gobiernos extranjeros tienen ciertas ventajas que son cartas marcadas para desbalancear al gobierno electo.
El resto de la banda de partidillos, salvo el PT, debieran encargarse una buena mortaja y dejar que la política la rijan el grandote, Morena, y los ahora opositores. El espectáculo político nacional tendrá una trama diferente. Los eternos opositores ahora serán los titulares en el ejercicio del poder y los que se estuvieron sirviendo con la cuchara grande, son ahora la oposición. Hasta ahí todo bien. Las fuerzas han cambiado. A ver qué pasa.
La bronca tremenda surgirá cuando se tenga que aplicar el oficio político. Los morenos poco o nada han estado ante la circunstancia que hoy manejan, la presidencia y las cámaras, los prianales tienen la economía del país en sus manos, lo mismo que las instancias de justicia y jurisprudencia, que de algo les va a servir en los actuales meses de transición donde crujirán los huesos y sobrevivirán los que tengan las emociones más controladas. Y estos últimos están diseñados, aparentemente, para sobrevivir cataclismos políticos peores que los tsunamis y los diluvios universales; cerrar los ojos ante esta evidencia es hacerle al tío Lolo. Brasil es un buen ejemplo, a pesar del respaldo popular a los últimos gobiernos electos democráticamente, los artilugios de los amos del dinero han dado como resultado el desconocimiento de su presidenta y la prisión de Lula, el carismático ex presidente por medio de artilugios legales de vacilada. Y lo más triste es que han podido hacerlo con la mano en la cintura. A remojar las barbas, queridos vencedores de la contienda electoral.
Lo más grave no es lo expuesto anteriormente, sino que la izquierda, o como se le denomine a esta postura política social demócrata que encabeza el presidente electo, por regla general, solo la ha hecho de tos y presionado a los gobiernos que se han sucedido hasta la fecha, solamente para cobrar cuotas de consolación para no ejercer presiones de chantaje; peor aún, cuando han logrado el ejercicio del poder, lo han hecho de una forma similar a los que representan a los intereses neoliberales. Lo único que ha cambiado es el color del guante de la mano que mece la cuna. Por desgracia, salvo el gobierno de la Ciudad de México con Cárdenas, López Obrador y Ebrard, no hay mucho para escribir a casa. La gran mayoría de los gobiernos que han sido cobijados e impulsados por los partidos de izquierda de ocasión, han sido tan lamentables como los de la derecha.
La otra desventaja y la más grave, es que los supuestos izquierdistas, salvo muy marcadas excepciones, con la debida falta de respeto, hoy día, no sirven ni para sacar a un gato a mear. Hasta hoy, prevalece la costumbre de gritar, acusar y mostrar las deficiencias de los que abusaron del poder hasta la fecha; pero, para sacarlo de las buenas intenciones, hay que aprender muchísimo. Sobre todo, como trabajar de tiempo exclusivo para diseñar y echar andar el nuevo proyecto de país que hay que construir. Las eminencias grises de la izquierda se han caracterizado por hablar mucho y hacer poco o casi nada. Así que, ante los hechos, no queda más remedio que aprender a hacer las cosas que siempre estuvieron en la imaginación pero muy alejadas de la realidad.
El ejercicio del poder político marcará las pautas que hay que cumplir para que de veras se tenga la opción de un proyecto de nación, porque si se va a mantener la misma dinámica de pereza y falta de compromiso, solo existirá la aspiración de un nuevo sueño largamente añorado por más de cinco siglos y se mantendrán la pesadillas que durante el mismo período han devastado la tierra y las personas que han tenido a mal poblarla. Es hora de dar lo mejor de cada uno y cambiar.
Cambiemos, pues.

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