Victorias

Victorias

Hay dos cosas que resultan indiscutibles de Jaime Heliodoro Rodríguez Calderón, la primera es que hizo trampa para obtener la candidatura, la segunda que logró superar a sus predecesores en las candidaturas independientes a la presidencia de la república (Patricia Mercado, Roberto Campa y Gabriel Quadri) en nivel de votación. Sus 2,961,732 votos indican que puede fundar un partido y que sus pillerías tienen sin cuidado a muchos votantes. Pero hay algo más interesante aún, que ya había sido señalado por Soledad Loaeza (“Acción nacional. El apetito y las responsabilidades del triunfo” El Colegio de México (2010) p. 280) y que se confirma: el PAN tiene un electorado ya definido ideológicamente, en palabras de Loaeza: “Durante la campaña presidencial de 2006 los seguidores de Felipe Calderón eran tan vehementes y estaban tan comprometidos como podían estarlo los simpatizantes de Andrés Manuel López Obrador”. Si es así, ¿dónde estuvieron esos votantes el 1 de julio de 2018? Si en lugar de ver los porcentajes nos referimos a los valores absolutos notaremos que Anaya logró 9,996,514 votos, Vázquez Mota obtuvo 12,732,630 y Calderón 15,000,284 por lo que en el trascurso de 12 años el PAN “perdió” poco más de 5 millones de votos lo que atestigua lo dicho por Loaeza en 2009: existe y se mantiene un electorado que se identifica con el PAN, le es fiel y votapor él. En esta ocasión los votos perdidos, que suman casi 3 millones en relación a la campaña de 2012, se volvieron “estratégicos”, i.e., votaron por otro que con alta probabilidad fue López Obrador. Para el PRI las cosas cambian, porque por Roberto Madrazo votaron 9,301,441, Enrique Peña logró 19, 158, 592 votos y Antonio Meade volvió a los números de Madrazo 9,289,853 así que en el caso del PRI se perdieron casi 10 millones de votos, lo que indica (no demuestra) la volatilidad de su base electoral. Con el PRD las cosas muestran el desastre: con AMLO en 2006fueron 14, 756,350, en 2012, 15,848,827 y PRD-Anaya 2018 con 1, 602, 715 votos. La conclusión es obvia: se transfirieron los 13 millones de votos del PRD a MORENA, sumados a otros 10 millones del PRI, más 3 millones delPAN, los 5 millones del PT y PES y lo que logró por sí mismo. Esta parece una buena explicación de lo que acontecido el 1 de julio pasado teniendo en cuenta que el nivel de votación fue de 63.429%, equiparable al 63.109% de 2012 y el 58.55% de 2006. No hubo una mayor movilización de la sociedad porque la “masa silenciosa” permaneció inmóvil, lo que apuntala la explicación del triunfo de MORENA por transferencia de votos, no por una mayor conciencia de la necesidad de votar. Sin embargo, síhubo más votantes porque el padrón electoral total de 79,454,802 en 2012 pasó a 89,332,031, un incremento apenas menor a 10 millones de votantes nuevos. Estos nuevos votantes, suponemos, se distribuyeron de manera uniforme en cada partido; i.e. de acuerdo a los porcentajes obtenidos globalmente: 6.3 millones acudieron a votar, y poco más de 3 millones lo hicieron por AMLO y así sucesivamente. Si esto es correcto, o aproximadamente correcto, podemos apreciar que el triunfo fue el resultado conjunto de los votantes del PRI y del PRD lo que indicaría que hubo un traspaso de estructuras de estos dos partidos a MORENA, conclusión que luce razonable porque 1.- Era claro que la mayor parte de las tribus del PRD, o al menos las más grandes, tenían tiempo cohesionadas con López Obrador 2.- Los votantes del PRI tienen un perfil ideológico impreciso, pero identificable con el  “nacionalismo revolucionario” que invocó ambiguamente el líder de MORENA. Por esto último un típico seguidor del PRI prefiere las referencias a la “autosuficiencia alimentaria”, en el viejo estilo de Pesqueira Olea, el combate a la corrupción como remedo de la “renovación moral” delamadridista y la centralización del poder aduciendo el interés superior de la nación contra los particulares corruptos (¿no dijo López Portillo en “Mis tiempos” tomo II p.1202 respecto a los empresarios: …que no me arrinconen porque tomo medidas extremas y movilizo mayorías”? Hoy el otro López sí puede sentir ese apoyo con sus 30 millones de votantes) que cualquier tesis sobre la disminución del Estado. Si recordamos que un punto de disenso entre Cuauhtémoc Cárdenas, secundado por Porfirio Muñoz Ledo, y Miguel dela Madrid fue el reconocimiento de triunfos panistas porque eso significaba entregar el país a la reacción (citado por Loaeza op. cit. p. 25) podemos especular que el triunfo de la “izquierda” el pasado 1 de julio es el triunfo de una visión que privilegia el pasado estatista y el mando único. Los votantes panistas se orientan por esas ideas un tanto vagasque definen una agenda “liberal” como descentralización del poder, autonomía municipal o democracia partidista, aunqueRicardo Anaya casi llega a emular a ese otro Anaya, el del PT, que con mano férrea dirige la democracia de la izquierda monolítica. Para concluir: esperemos que algo bueno surja de la victoria de MORENA, menos asesinatos, mejor distribución del ingreso, baja corrupción y una ampliación de nuestras libertades como ciudadanos de una república.

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