Urge revertir la descomposición en la procuración de justicia

Urge revertir la descomposición en la procuración de justicia

Una familia es asaltada en su casa y pasan por una experiencia de impotencia, una joven es violada y las autoridades reaccionan con mecanismos machos que ignoran su duelo, a un matrimonio le asesinan a su hijo adolescente en una reyerta de chavos banda y las investigaciones no resuelven nada. Así, cientos de casos quedan entre papeles, o simplemente fuera de la justicia por la falta de capacidades de los juzgadores. Pero no sólo, aparte de los prejuicios de género y clasistas, que juegan su negativo papel están los poderes de los intereses, que en un ámbito de atrofia institucional manifiestan sus luces.
Por ello, un reto del nuevo gobierno es mejorar sensiblemente el sistema de procuración de justicia. La crisis de seguridad pública que duplicó en menos de una década el índice de homicidios dolosos, de 9 a 23 asesinatos por cada 100 mil habitantes, que parece ser una realidad que se petrificó frente a nosotros. Un sistema penal acusatorio que arrancó desde el 2009 y aún sigue en pañales; teóricamente justificado, pero con una implementación hecha con los pies. El paso de las procuradurías a las fiscalías autónomas sigue como un asunto sin definir, y en el caso de las fiscalías generales ocurrieron designaciones que lograron saltar las trancas de la autonomía. Y el sistema nacional anticorrupción está horadado por todos lados. Un sistema de procuración de justicia es una tarea pendiente. ¿La nueva administración que entra, podrá realmente conformarlo?
Los diagnósticos sobre el tema dicen que son tres grandes problemas de la procuración de justicia en este país: (1) una visión fragmentada, donde por un lado va la acción de las policías y por otro la justicia penal; (2) la falta de claridad de la competencias entre las instancias y niveles de gobierno: entre policías (ya sea estatales o federales) con los ministerios públicos no se sabe cuáles son las líneas limitantes de competencia ente ellas, y así en otros casos, (3) y sistemas de información insuficientes, tanto los que alimentan la acción de las policías como la que va a la sociedad. Sin embargo, también podemos tener dudas del diagnóstico, basado en las visiones normativas de la Nueva Gestión Pública, la cual se ha aplicado en las arenas de la educación, la seguridad y hasta la cultura, con lamentables resultados.
Si el problema es una estructura de acción fragmentada, ¿cómo hacer o construir un espacio institucional que coordine prevención, investigación, persecución y sanción de los delitos? Se requiere cambiar de lógica de diseño institucional. Se podría cambiar el enfoque dominante en el diseño de las políticas: el gerencialismo. Y pasarán de programas de mejora centrados en el Estado, a mejoras centradas en las comunidades y sectores sociales afectados. En fin, lo que está muy claro es que el reto del gobierno que entra está literalmente en chino. Y no se ve cómo pueda mejorar la situación en poco tiempo, los cambios en las maquinarias institucionales son lentos y tortuosos. Padecemos un agudo proceso de descomposición institucional derivado de la crisis de representación generalizada que vivimos.

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