El manifiesto anti peje

El manifiesto anti peje

Esta nota debió publicarse antes de las elecciones. Con ligeros cambios en la conjugación de los verbos sigue siendo el mismo texto.
Previo al 1 de julio un fantasma recorrió todo México. El fantasma del lopezobrdadorismo. Espectro representado por Andrés Manuel López Obrador, también conocido como el Peje. No son pocos los que vieron a ese espectro como el esperpento del populismo. Los políticos herederos de Maximiliano y de Porfirio Díaz enquistados en los gobiernos y que han conformado la mafia del poder, estaban preocupados, pues ven como el botín que hicieron saqueando las arcas del presupuesto público, podría estar en riesgo de escapar de sus manos. Llegaron a pensar que se acercaba el fin de sus privilegios.
Los Slim, Bailleres, Larrea, Aramburú Zavala, los Hernández, los X. González y demás barones del dinero que están en las listas de Forbes y figuran entre los hombres más ricos del mundo; que se han beneficiado de un régimen monopólico y acumulado sus fortunas a la sombra del poder político y con el abierto apoyo del Estado y las finanzas públicas recurriendo tráfico de influencias en muchos casos, sobornos y todas las facilidades al amparo de los gobiernos priistas y panistas, estuvieron preocupados porque el nuevo gobierno podría meterlos en cintura. Ahora sí, en lugar de regresarles o perdonar cantidades millonarias de los impuestos que no pagan o que les devuelven, Obrador buscaría meterlos en cintura bajo un régimen fiscal tributario justo y gobernar con el imperio de la ley.
A los barones del dinero en santa y rabiosa cruzada se unieron recurriendo a las armas de la crítica contra el puntero en las encuestas a escasas tres semanas del día de las elecciones ideólogos y comentaristas de la reacción y el continuismo. El Consejo Coordinador Empresarial llegó a considerarlo como una amenaza luego de que el tabasqueño le había endilgado el calificativo de ser “una minoría rapaz”.
No pararon en arrojar lanzas los Castañeda, los Krause los Gómez Leyva, los Zuckerman, Martín Moreno, Ruiz Healy, los Lozano y hasta el hijo del gran Pepe Revueltas, y Los Mercado y demás comunicadores, analistas e intelectuales orgánicos mezclados entre derechistas francamente reaccionarios, liberales y demócratas progresistas. A estos se agregaron toda una plaga de tinterillos y plumíferos de menor monta al servicio de los gobiernos locales. No se resignaban a que ocupara la presidencia el populista de Macuspana, retratado como un mesías demagogo y a quien acusan de mirar nostálgicamente hacia el pasado para restaurar un régimen semejante al de Luis Echeverría.
En esta cruzada los corifeos y voceros de la mafia del poder y el sistema de la que surgió, en franca oposición y desacuerdo a que tomara las riendas de este sufrido país el tabasqueño, buscaban cambiar la tendencia de la opinión y estado de ánimo de unas mayorías a las que ya no les asustó aquello de que AMLO representaba un peligro para México y ahora más bien el miedo que los beneficiarios del modelo neoliberal propagaban se trocó por el miedo de los ciudadanos a que siguiera la continuidad en el gobierno con los mismos políticos que han usufructuado el poder al servicio de las minorías. En lugar de miedo los mexicanos agraviados emitieron un voto de descontento e indignación y depositaron su fe, confianza y esperanza en favor del necio, terco y testarudo candidato que no cejó en su intento y compitió por tercera vez por la presidencia del país logrando una victoria apabullante. Los humillados y ofendidos mexicanos ya probaron las dos variedades de sopas neoliberales que en realidad es una misma. Ahora apostaron ni siquiera por un partido estructurado. Se la rifaron por la persona que representa los valores contrarios a los de los miembros de las expresiones políticas que ya gobernaron. Votaron y lo hicieron de manera masiva, por quien ven como un símbolo que representa la honestidad y cuyas banderas son las de la lucha contra la corrupción, el abuso de poder de funcionarios y gobernantes y porque acabe la impunidad. Por ello apoyaran la lucha por recuperar la seguridad y el empleo, sobre todo.
A esa restauración el caudillo la llama la Cuarta transformación que desde una perspectiva histórica esbozada por él mismo no es otra cosa que un nuevo régimen y forma distinta de gobernar. Esta restauración que se enlazaría y daría continuidad a las mejores causas e ideales de la Independencia, Reforma y Revolución. La lectura que hacen los analistas e intérpretes sesudos instauraría un nuevo régimen con un nuevo pacto político. La nueva forma de administrar la cosa pública descansaría en un nacionalismo redistributivo que ataque la desigualdad social y económica, que separe al poder económico del político o fáctico y ponga en práctica una democracia social incluyente.
A partir de un descontento generalizado de la población, el cambio se hará teniendo como piedra angular el carisma del caudillo y el aura simbólica que lo rodea. Caudillo que se ha rodeado de un conjunto variopinto de personajes en donde caben lo mismo luchadores honestos y consecuentes de trayectoria probada que políticos y exmilitantes de otros partidos, pragmáticos y oportunistas experredistas, expriistas y quien lo iba a pensar hasta viejos panistas rancios que incluyen a porros del Yunque. Fauna que se han sumado a la cargada al ver la enorme fuerza de esa especie de sunami social que representa Obrador. Si el boquiflojo de San Cristóbal se quedó en la mera alternancia sin lograr la transición gobernando con el modelo neoliberal y conservando los privilegios de los poderosos, el Peje quiere unir a su alternancia la transición con un nuevo régimen y forma de gobernar.
Pragmáticos como son, los empresarios tras su victoria han lanzado loas a AMLO y se dicen dispuestos a apoya su política económica y previo al relevo sexenal viven una nueva luna de miel con el nuevo tlatoani.
No faltan los sesudos críticos y analistas que como prospectólogos o agoreros dibujan el proyecto presidencial de Obrador con la disyuntiva: retorno al echeverrismo dadivoso y con sueños de grandeza por un lado o llevar a México por la ruta de la modernidad que sin que necesariamente tenga que sujetarse al consenso de Washington y al dogma neoliberal abra al país al mundo en materia comercial, atraiga capitales que generen empleos, contribuyan al crecimiento y eleven el nivel de vida de los mexicanos. ■

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