Pur présente, de Olivier Py, pieza inspirada de la tragedia de Esquilo

Pur présente, de Olivier Py, pieza inspirada de la tragedia de Esquilo
Una puesta en escena precisa y ejecutada por tres actores y un pianista y textos comprometidos con la lucha de clases es lo que caracterizan a la obra Pur présente fotos: carlos belmonte grey

Se trata de una obra en tres acto, que son La Prisión, El Dinero y La Muchedumbre

La puesta en escena es un recito transparente de una problemática que no es nueva

 

“¿Cómo vivir dignamente? La Moral y la Ley nos dicen lo que no debemos hacer. ¿Pero quién nos dice lo que sí hay que hacer?¿Cuál es el gesto a realizar y que me permitirá decir que vivo dignamente? Ningún libro, incluso ninguna palabra lo enseña”.
Esta es la problemática de origen de la pieza Pur présent (Puro presente) escrita y puesta en escena por Olvier Py, director de teatro, poeta, traductor y además, director del 72 Festival de Teatro de Aviñón.
Olivier Py se puso a traducir y a montar las tragedias de Esquilo desde hace diez años, a este trabajo se unió su experiencia social en el trabajo en la prisión de Le Pontet de Aviñón. El resultado fue -como debería ser en el teatro de Esquilo- una pieza en tres actos que se pueden montar juntos, como fue el caso en la premier del Festival, o separados: La Prisión, El Dinero y La Muchedumbre.

Cada acto se expone -desde la tragedia con dos actores y un coro en movimiento entre el público, y por supuesto encadenados por algún hilo comunicador- como un conflicto social universal pero alimentado del lenguaje contemporáneo y, sobre todo, este lenguaje despojado de todo barroquismo. Los textos de cada acto no duran más de una hora y fueron montados en un escenario trifrontal con una plataforma –a manera de ring de lucha- cuadrada.
Los actores Dali Benssalah, Nâzim Boudjenah de la Comédie-Française y Joseph Fourez van a dar vida: a un caid de prisión y un capellán hijo de un rico banquero que busca serenar el ambiente de la prisión a costa de su propia vida para exculparse él mismo; a un economista y banquero creador de una monera virtual capaz de desatar una crisis financiera mundial y su hijo asqueado por los manejos del padre y dispuesto a asesinarlo; y finalmente, al secretario del banquero que es en realidad uno más del pueblo y que asqueado de ver los manejos económicos se subleva con el apoyo de la masa.
El director del Festival de Aviñón escribió una obra despojada de barroquismos porque quería crear textos directos del mundo actual. La tragedia esquiliana interpretada por Py no es pesimista, sino es una proclamación de eso que crea la red social y el entrecruzamiento político, y que, finalmente, termina bien: “el recito debe ser una especie de diamante negro, poco propicio a los imprevistos, pero poniendo de manera dialéctica un problema político”, explicó Py.

La obra es efectivamente un recito transparente de una problemática que no es nueva y desde un acercamiento, tanto por su estructura esquiliana como por su lenguaje, muy clásico y muy cercana también, al realismo socialista de los años 1930. Olivier Py reconoció que no es precisamente su escritura más ejercitada cuya característica es el opus barroco, ahora fue cerrado, lapidario, esencial y conciso.
Tres horas y tres actos de intensidad desigual, una puesta en escena precisa y ejecutada por tres actores y un pianista, textos comprometidos con la lucha de clases y el catastrofismo económico vuelto lugar común desde hace una treintena de años, un lenguaje directo –ciertamente- anquilosada por la terminología marxista; el todo presentado en uno de los festivales de teatro más prestigiosos del mundo y por tanto, ante un público en su mayoría sensible al teatro, informado de la actualidad y considerado como Burgués-bohemio (Bobos, por sus siglas en francés, bourgeois-bohème) nos tienen que llevar a preguntarnos, en tanto que comentaristas culturales, ¿a qué tipo de público está dirigida una obra tan ingenua?

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