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El otro Andrés Manuel

El otro Andrés Manuel

El Andrés Manuel López Obrador que conocimos en la campaña se esfumó. Ahora, el presidente electo, se dedica a administrar las exageradas propuestas que lanzó de manera proselitista durante los últimos nueve meses. El tabasqueño lo sabía, sin embargo, conocedor del poder de las percepciones prefirió elegir el discurso electorero.
La politóloga Irma Sandoval Ballesteros, propuesta para encabezar la Secretaría de la Función Pública, explica bien este episodio. Durante las reuniones previas del gabinete que ya delineaba Andrés Manuel, desde el mes de diciembre de 2017, el candidato de Morena desdobló las condiciones reales de su eventual gobierno.
En una nota que publicó este lunes 9 de julio el portal electrónico AnimalPolítico.com, Sandoval Ballesteros confirmó que López Obrador “Nos [pidió] que trabajemos con lo que se tiene. Es decir, que no esperemos grandes reformas y que empecemos a trabajar con las normas que hay para no desperdiciar ni un minuto”.
Esto es, desde noventa días antes del inicio de las campañas, Andrés Manuel daba indicios de que en esta ocasión no caería en el tremendo error que lo hizo perder la campaña del 2006: la soberbia y las señales catastróficas a los actores políticos (el clero, los empresarios, los inversionistas, y los grupos políticos).
Ese es el López Obrador que albergaba en su fuero interno un proyecto de gobierno que no sería ni una transformación nacional (la cuarta, insisten sus seguidores), ni iría a “combatir” un modelo de desigualdad que provoca las condiciones de inseguridad persistentes en todo el país..
Un dato clave lo desliza Román Meyer Falcón, arquitecto de 34 años, urbanista, y próximo encargado de la Secretaría de Desarrollo Agrario y Territorial. López Obrador construyó un gabinete mayoritariamente alejado de su base militante y simpatizante:
“La primera reunión fue en un salón de la colonia Roma, éramos como 120 personas entre especialistas y técnicos. La gran mayoría no éramos del partido Morena”. En aquella asamblea de trabajo, el presidente electo también adelantó que su discurso continuaría por los cánones de la percepción.
Sus némesis institucionales seguirían siendo Vicente Fox Quesada, Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto. Y lo serían únicamente en términos nominativos, ya que de acuerdo a Meyer Falcón, el contraste que construirá el tabasqueño con sus antecesores permitirá justificar su “nuevo gobierno”.
Falcón lo pinta así: “López Obrador nos pidió que primero nos enfocáramos en temas de diagnóstico de la situación nacional. En mi caso, que es desarrollo urbano, nos pidió analizar los principales problemas territoriales desde el sexenio de Fox a la fecha, y sobre esto plantear un panorama general.”
Claro que habría un viraje en la composición de políticas públicas, no obstante, una a una, las propuestas de campaña de Andrés Manuel han sido desechadas por su mismo equipo de trabajo, en menos de una semana.
Por ejemplo, en el caso del control de los precios de la gasolina, Carlos Urzúa Macías, encargado de la política hacendaria y próximo secretario del ramo, aseveró primero:
“Nosotros creemos que no puede haber movimientos abruptos en el precio de la gasolina. Es decir, estamos pensando en incrementar cada año, por inflación, el precio. En términos reales no se va a incrementar, pero en términos nominales sí, por la inflación.”
Y la manera de controlar el precio de las gasolinas según el matemático y economista, sería evitando “gasolinazos” con ajustes al Impuesto Especial Sobre Productos y Servicios (IEPS), medidas que actualmente implementa el gobierno federal. “Va a ser lo mismo”, explicó Urrzúa Macías a un reconocido noticiero matutino en televisión.
Un día más tarde, Norma Rocío Nahle García, propuesta para la Secretaría de Energía, sumó otro argumento: “La reforma energética mandata que los precios de gasolina sean para libre mercado, y es la oferta y la demanda. Entonces, nosotros tenemos que producir más en México precisamente para poder bajar el precio y es lo que estamos haciendo, por eso la rehabilitación de refinerías y la construcción de dos nuevas refinerías.”
Por ende, no habrá modificaciones a las reformas aprobadas en el presente sexenio “que laceran a la población”, el aeropuerto continuará su construcción en las circunstancias actuales, no usarán el avión presidencial pero tampoco lo venderán.
Valorarán una posible despenalización del uso de la mariguana (propuesta zedillista canalizada por Olga Sánchez Cordero, perfil cercano a Ernesto Zedillo Ponce de León). Y luego, el combate a la inseguridad no se dará en lo inmediato sino en un plazo de tres años sin regresar al Ejército a los cuarteles, y la amnistía a la delincuencia queda en impasse.
Curiosamente del discurso de López Obrador desapareció también “la mafia del poder”, pues Peña Nieto actuó “de manera respetuosa en el proceso electoral” porque los votos les favorecieron. Y Luis Videgaray Caso e Ildefonso Guajardo Villareal en la renegociación del TLCAN “no lo han hecho mal”… Bienvenidos al “cambio radical”. ■

Twitter: @GabrielConV

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