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El giro Lopez-obradoriano

El giro Lopez-obradoriano

Las gráficas de las encuestas no dejaban lugar a dudas, tampoco los ejercicios probabilísticos, o el clima social, sin embargo hasta el último momento unos y otros dudaron del triunfo de Andrés Manuel López Obrador en la competencia por llegar a la presidencia de la República.
Los que no querían que esto sucediera argumentaban que las estructuras partidistas revertirían lo que las encuestas pintaban; algunos decían que éstas mentían y otros pensaban que la simpatía del tabasqueño era artificial, construida a través de bots.
La misma incertidumbre corría también entre quienes querían que López Obrador ganara. Suponían que no le iban a permitir llegar, imaginaban alguna operación mapacheril invencible,un fraude o un magnicidio.
Pero nada de esto los desincentivó a intentarlo. Fueron con plumas en mano a votar porque no confiaron en los crayones de las casillas; fueron temprano para que no les dijeran que no había boletas, se quedaron a ser funcionarios de casillas cuando vieron que habían faltado los designados.
Hoy, a una semana de la elección, a unos y otros les cuesta digerir la victoria o la derrota por lo contundente de la misma.
Morena, un partido de reciente creación compitiendo por primera vez en la elección presidencial obtuvo la presidencia de la República con 53 por ciento de los votos, logró la mayoría absoluta en el Senado y en la Cámara de diputados, y la mayoría en 19 congresos estatales.
En Zacatecas la coalición Juntos Haremos Historia logró el 48% de los votos en la presidencial, los tres ayuntamientos de Zacatecas, Guadalupe y Fresnillo, ocho diputados de mayoría y cuatro plurinominales más (tres de Morena y uno del Partido del Trabajo). También consiguió tres de cuatro diputaciones federales y su fórmula al senado resultó ganadora.
Estos resultados electorales vienen a recomponer el mapa político que teníamos hasta ahora tanto en lo local como en lo nacional, de una manera tal que todavía cuesta entender de qué lado se acomodará cada quien.
La victoria de la izquierda significará un cambio importante de participación política para un sector cuantioso. Aquellos que han sido llamados “chairos” que “vuelven en no” y no en sí después de desmayarse, esos que antes eran considerados enemigos del progreso, y que estaban habituados a ver todo en negativo, tendrán ahora que contagiar su optimismo de que cada decisión estará bien tomada y convencer a los escépticos de que las promesas de campaña están cumplidas, o en camino de cumplirse.
Habrán de hacer entender que el gobierno de López Obrador significará para el país un cambio de rumbo, pero no de ubicación.
En ese contexto habrá que torear lo mismo los embates de la izquierda como el Ejército Zapatista de Liberación Nacional que califica el triunfo de AMLO como un llano “cambio de capataz”, pero también habrá que responder a quienes apresuran los “te lo dije” cuando las expectativas desbordan lo posible, como el asunto del precio de las gasolinas, mal explicado por el futuro secretario de Hacienda que no atinó a precisar lo que se puede hacer y lo que no luego de la Reforma Energética.
Éstos mismos habrán de tejer fino, pues pese al enorme poder político con el que llega López Obrador a la presidencia, los poderes fácticos siguen ahí. El poder del dinero, de los medios, la geopolítica, las fuerzas armadas, los grupos empresariales organizados, los gobernadores y poderes regionales siguen ahí, influyendo y probablemente esperan del nuevo gobierno algo muy distinto de lo que desean quienes votaron por él.
A ello se suma el peligro de que algunos que hasta ahora son aliados dejen de serlo, bien sea porque no se coincide con las decisiones tomadas, porque esperan mayor representatividad en los cargos de gobierno o bien, porque en la soberbia que ya se olfatea en algunos, asuman que es su liderazgo personalísimo lo que los hace llegar hasta cierta posición política, y no razones coyunturales entre las que están el famoso tsunami lopezobradorista.
Será quizá todavía más difícil abandonar las mieles del poder para quienes hoy conocen la derrota. Me refiero lo mismo a quienes estaban acostumbrados a vivir del erario, como a los que hoy advierten que harán lo que (varios de ellos) nunca antes han hecho: vigilar al gobierno.
Habrá unos cuantos que tratarán deaferrarseal poder a costa de los liderazgos locales o regionales. Admitirán el papel de ser “cabeza de ratón” y sacarán provecho de ello hasta donde sea posible. Otros más apostarán por ser “cola de león” y buscarán “pasarse al lado correcto de la historia.
El giro lopezobradoriano, pues…para quien siempre ha estado del lado ganador el reto será aprender a ser oposición;para otros tocará aprender a ser gobierno porque siempre se ha estado en la oposición.
El giro tendrá hoy a Nestora Salgado, ex policía comunitaria, en el Senado; y en la legislatura local de San Luis Potosí habrá un cholo diputado; el giro hoy deja fuera del erario a José Antonio Meade con más de veinte años de laborar para el Gobierno Federal, y coloca en el desempleo a los que hasta hace algunos meses ya se apuntaban para gobernar Zacatecas en el 2021.
Estamos en un cambio de 180 grados al menos en lo político (pronto veremos si también en lo económico) y la vuelta parece estar mareando a más de uno.
Logrará permanecer en pie quien recuerde que ninguna victoria, ni ninguna derrota es total ni permanente. ■

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