Después del diluvio

Después del diluvio

Terminaron las elecciones nacionales en la que la ciudadanía que acudió a las urnas tuvo la oportunidad de definir con su voto muchos escaños de representación popular, principalmente la que se refiere a la elección de quien será el próximo presidente de la República Mexicana. El fenómeno fue algo fuera de contexto dado el voto masivo con muy buena actitud de parte de la ciudadanía y el triunfo contundente del candidato de izquierda y su efecto colateral avasallador que le permitió hacer estragos con la oposición como no se veía desde los alegóricos y elegiacos tiempos del partido aplanadora.
La ventaja que tiene el triunfador es que la presidencia se verá fortalecida porque, gracias a su impulso, las cámaras y gubernaturas fueron ganadas de una manera casi inesperada, no tanto por el triunfo, sino por lo copioso del mismo y el porcentaje de preferencia. Felicidades a quienes se incorporaron a este naciente proyecto político y resultaron triunfadores. Una mención especial a los contendientes derrotados por hacer público su consentimiento con los resultados. Y el presidente Peña Nieto dio un sobrio discurso sobre los resultados de la contienda electoral y reconoció sin tapujos y nombrando cortésmente por nombre y apellido al candidato electo; sin rencores ni mala leche hizo el anuncio oficial y a otra cosa.
Si bien es cierto que no hubo protesta pública generalizada por las entidades políticas superadas, también es cierto que no se observó una celebración ostentosa ni majadera de los vencedores. Ojalá y sea el inicio de un sueño que se ha venido acumulando y visto postergado: el de vivir en paz y en armonía en un modelo de desarrollo donde lo más importante sea la gente y más aún que ella, el ambiente natural y social en que esta vive su día con día.
No hay que rascarse mucho la cabeza ni tener grandes ideas para entender que si no se respeta a la naturaleza, está seguirá cobrando facturas incalculables como las que se está pagando con las irregularidades meteorológicas que ha venido generando el cambio climático. Si a esta visión se le adjunta la que se refiere al proyecto masivo de educación y cultura de a de veras, entonces se estarán dando los pasos que conducen a un futuro promisorio donde el conocimiento y la sabiduría colectiva estarán supliendo a la pobreza y violencia que hoy se padecen mayoritariamente como maldición por parte de los pobladores de estas latitudes. Estas últimas son solo síntomas de un modelo de desarrollo que no dio resultados buenos para la mayoría de los pobladores. Es degradante mantener el pensamiento recurrente y avasallador que afirma que “así nos tocó vivir porque así lo quiso Dios”, o algo así.
Mucho del talento mexicano se ha tenido que expatriar en busca de una mejora en la calidad de vida. El gobierno electo debe buscar quienes son los personajes idóneos para sacar al buey de la barranca. Evidentemente no son quienes han estado ejerciendo el poder en cualquiera de sus dimensiones en los últimos cuarenta años. Las ideas que no siempre han sido claras se han ejercido tendenciosamente o con pésimos resultados. Y este es el principal paso que hay que dar, depurar las figuras públicas que solo se han dedicado a vivir del presupuesto sin aportar nada bueno a cambio. Es hora de recuperar el talento auténtico dentro y fuera del país, para hacer de este el lugar prometido. De nada sirve la manifestación del conocimiento ante el nepotismo, clubes de cuates, compadres, compromisos, efebos, ninfetas, aviadores y demás fauna que ejercen el chambismo de estado y de las empresas nacionales e internacionales importantes, que actúan con clasismo y mala leche para favorecer a los extranjeros, de preferencia bonitos –es decir, caucásicos- en detrimento de la raza de bronce por muy bien calificada que esta esté.
En fin, si se trata que el pueblo surja de sus cenizas, es necesario que sea este mismo quien agite sus alas para volar lejos. Es tiempo de cambiar algunas estructuras de tipo social que permitan ver el país que todos anhelan. Hay que diseñar el país que todos quieren para sí mismos y para sus descendientes. Si es este el caso, además de basarse en conceptos como paz, amor, permanencia, pertenencia y valores como respeto, honestidad, responsabilidad, empatía y tantos otros, lo primero que debe rescatarse es la salud ambiental. El geocentrismo debe prevalecer sobre el antropocentrismo. De esta manera, se podrá aspirar a morar en un mundo vivo lleno de alegría que a otro sin vida y cubierto de cenizas amalgamadas con sangre.
Recomendación de hoy: Barra la entrada de su casa y las ventanas de sus buenos sentimientos. Sea feliz. ■

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