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La cabeza rapada de Obrador

La cabeza rapada de Obrador

López Obrador. Andrés Manuel López Obrador, por favor, así, como certera flecha en vuelo ascendente. Sí, señor. Es curioso cómo repentinamente aparecen nombres que cambian el curso de la historia de un país. Cuide mucho de escribir nombres y no hombres. Hay todo un mar de diferencias. O que tienen la oportunidad en sus manos. Si la dejan pasar es algo que no nos interesa en estos momentos. Ya se verá. Hagan sus apuestas.

Sí nos interesa el triunfo. Hermoso. Como de esos hechos históricos que no alcanzas a creer. Por eso es bueno que estén los votos de las urnas: nos ayudan a validar un proceso que nos parece democráticamente increíble. Estamos tan poco acostumbrados a que en México pasen cosas medianamente buenas, que cuando pasan nos lanzamos sobre ellas para meterles el pie, a la espera de que se caigan cual marionetas después de la función. Por eso es bueno que estén los votantes: no es que la historia se escriba a través de ellos sino que ellos, nosotros, somos los impulsores de todo movimiento histórico. Y el que acaba de pasar lo es. Primero de julio de 2018. Hay que apuntarlo en el calendario. Apartar las portadas de los principales periódicos para meterlas debajo del colchón y esperar que transcurran unos cuantos años, pongamos veinte, para sacarlas y presumir que el primero de julio de 2018 ganó Andrés Manuel López Obrador, por favor, así, como certera flecha en vuelo ascendente.

De los dos lados me resulta excesivo. Tanto los que idolatran a un personaje político y le dan una ciega confianza hasta tiznarlo. Tanto los que a falta de quehacer intelectual se dedican a elaborar una crítica que se cae a las primeras de aires, como la casa de los tres cochinitos. La polaridad me parece no sólo peligrosa sino dañina. Hay ciertas palabras sobre las cuales se debería poner más atención con la finalidad de que no se hundan como el Titanic.

Me interesa la cabeza de López Obrador en cuanto a las ideas que de ahí salgan. Por decreto presidencial a partir de ahora se debería rapar a todos los presidentes de México. Nos ahorraríamos muchas explicaciones. Bastaría con acercarnos al presidente y observar detenidamente su cabeza. Por decreto presidencial a partir de ahora no sólo se debería rapar a todos los presidentes sino que cualquier pensamiento o idea que lleguen a generar se debería transparentar para todos los ciudadanos. Si esta medida la hubiésemos impuesto antes nos habríamos ahorrado mucha mierda. Tanta sangre. Tantas víctimas. México no sería lo que es en estos momentos: un barco a la deriva. Como el Titanic. Es curioso como asocias conceptos: México es un barco que se hunde como el Titanic. Hay palabras sobre las cuales se debería poner más atención. Me parece que democracia es una de ellas. Esperanza también. Trabajo, por supuesto. Crítica, mucho mejor. Tolerancia, es de las principales. Agregaría: mucha tolerancia.

Una observación: el pensamiento no debería confrontar sino conformar, construir, proponer, conjuntar. Quiero decir que debe existir un nivel más alto de pensamiento. Si nos quedamos con las fotografías de las redes sociales y los hurra, hurra de quienes festejan el triunfo como la mejor de las bodas, me parece que empobreceremos en espíritu. A mi juicio.

Un amigo hizo un comentario en su cuenta de Twitter: del tamaño de las expectativas puede ser el tamaño de la frustración. Y luego hablaba del trabajo que le corresponde a cada quien para sumar esfuerzos. Ahora que lo escribo me siento el político más imbécil. Parece que escribo mi discurso para el día de mañana y recurro a las mismas palabras huecas de un sistema político tan hueco como el tambor roto de un niño de la escolta. Sumar esfuerzos. Lo borro. Lo vuelvo a poner. Sumar esfuerzos. En el sentido real y semántico de estas dos palabras.

Porque la otra historia ya nos la sabemos. La podríamos escribir con los ojos vendados. La de la corrupción. Nuevamente me siento el político imbécil que escribe el discurso para una ceremonia a las nueve de la mañana. La de meternos el pie. La de quienes han vivido durante décadas de un sistema político tan bien orquestado arquitectónicamente que la palabra honestidad entraba y salía como cualquier puta de los ahora casi extintos table dances. Qué caro nos ha salido el sistema político mexicano. Cuántas cadáveres agusanados ha dejado el sistema político mexicano. Los que ahora se sienten culpables. Los que han vivido del presupuesto y abren más la boca en reuniones para hablar de trabajo, esfuerzo, pasión. Los que hacen y deshacen no sólo en lo oscurito sino a plena luz del día. Los que permitieron que el país llegara a la orilla del abismo. Somos una piedrita a punto de caer de un montoncito de mierda. Todos los que de una u otra manera se han encargado de darle en la madre al país y llenarlo de cadáveres o de desaparecidos. Los que nos han demostrado que en México el peor y el mejor trabajo que puedes encontrar es el de político. Porque se vive más que bien, tragan como cerdos, se visten de etiquetas, son cerdos elegantes, y se pregona la ayuda al pueblo, a los desprotegidos. Porque los rostros que se admiran en cualquier ciudad del país reflejan desesperación, pobreza, desilusión. Porque México es y será siempre un chingo más, tanto que en tantas décadas no han podido con él.

Repito: esta historia ya nos la sabemos.

¡Es política, estúpidos!

Personalmente no conozco a López Obrador. Por lo tanto no puedo pedirle que decrete que a partir del siguiente mes todos los presidentes de México se rapen. Y que las ideas y los procesos se hagan transparentes. En el sentido más amplio de la transparencia. Poco a poco. Como aquel niño que apenas comienza a caminar y en sus primeras aventuras quiere correr, luego comprende que aún no es tiempo, avanza, lo hace a paso firme. Sin falsas esperanzas, pero sin deleznar las críticas que sean opuestas porque hay que entender que en todo proceso democrático existen voces distintas, y es justo esta diferencia en los criterios intelectuales la responsable de perseguir al presidente, de repetirle lo que prometió en campaña, de hacerle ver sus errores, pues como cualquier ser humano no está libre de cometerlos, y qué bien que así sea. El país se lo merece.

La pregunta es: ¿si nos hemos merecido a una de las peores clases políticas del mundo, corruptos, mentirosos, canallas, embusteros y transas, por qué no habremos de organizarnos como ciudadanos, de utilizar los medios electrónicos para criticar (y dejarnos de tanto idiota meme), de darle seguimiento puntual a cada una de las acciones del gobierno para que en caso de que no se cumpla se exija desde la trinchera en que coloca la democracia al ciudadano de a pie, el que se jode ocho horas al día, cinco días a la semana?

PD: soy un niño en pañales cuando intento hablar de política. Lo sé. Pido perdón por andar en pañales (quizás hasta cagados) a todos mis amigos que sí saben hablar (y lo hacen muy bien) de política. Les pido su comprensión.

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